El acoso escolar, una realidad que no remite: 1 de cada 10 estudiantes siguen sufriéndolo en silencio

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El pasado 2 de mayo se conmemoró el Día Internacional contra el Acoso Escolar, una jornada que pone sobre la mesa una realidad que, lejos de haberse reducido, continúa presente en las aulas. Aunque el sistema educativo ha incorporado protocolos y programas de prevención, lo cierto es que muchos menores siguen enfrentándose a situaciones de violencia psicológica, verbal e incluso física, en un entorno que, a menudo, guarda silencio.

Según los últimos datos del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar, publicados por el Ministerio de Educación en 2023, casi uno de cada diez estudiantes de Primaria y Secundaria ha sufrido acoso de manera continuada. Una cifra que coincide con la aportada por la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, que también destacan que las formas más habituales de acoso se dan a través de comentarios humillantes, burlas o el aislamiento social.

La falta de reacción del entorno resulta especialmente preocupante: casi la mitad del alumnado reconoce no intervenir cuando presencia un caso de acoso, ya sea por miedo, por no saber cómo actuar o, simplemente, por indiferencia.

El problema se ha trasladado también al entorno digital. El auge del uso de redes sociales como WhatsApp, Instagram o TikTok ha dado lugar a nuevas formas de acoso más difíciles de detectar por parte del profesorado y las familias. La catedrática María José Díaz-Aguado, experta en Psicología Evolutiva y de la Educación, advertía recientemente que el ciberacoso «aumenta la desconexión moral y la sensación de impunidad» entre quienes lo ejercen.

En la Comunidad de Madrid, los datos confirman que la situación no es ajena. Más de 1.400 protocolos por presunto acoso escolar fueron activados en centros públicos, concertados y privados durante el curso 2022-2023, según la Consejería de Educación. Aunque el aumento es leve respecto al curso anterior, algunos expertos apuntan a que el crecimiento puede estar ligado a una mayor conciencia sobre el problema y a una mejora en la detección por parte del personal docente.

Detrás de las cifras, hay rostros concretos y experiencias que no se reflejan siempre en los informes. La Federación Estatal LGTBI+ ha señalado que uno de cada cuatro jóvenes del colectivo ha sufrido acoso durante su etapa escolar.

Por su parte, la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (FAMMA-Cocemfe Madrid) ha reclamado un refuerzo urgente de los protocolos contra el acoso. Según datos de la Fundación ONCE y el CERMI, el 80% del alumnado con discapacidad considera que el hecho de ‘ser diferente’ incrementa su riesgo de sufrir acoso escolar, ya sea a través de burlas, aislamiento o violencia en entornos digitales como WhatsApp o Facebook.

Estas realidades subrayan que no todos los estudiantes están igual de expuestos ni reciben el mismo nivel de protección. Las secuelas del acoso pueden prolongarse durante años. Diversos estudios coinciden en que los menores que lo sufren tienen más probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad, depresión, dificultades de aprendizaje o incluso conductas autolesivas. La intervención temprana es clave, pero también lo es generar un entorno escolar que favorezca la confianza y la empatía.

Desde los centros educativos se impulsan distintas iniciativas. Algunos colegios han apostado por programas de convivencia activa, formaciones específicas al profesorado y talleres en el aula para reforzar habilidades sociales y emocionales. Sin embargo, no siempre se aplican de forma homogénea.

Carmen Cabestany, presidenta de la asociación No al Acoso Escolar (NACE), ha señalado en varias ocasiones la necesidad de aplicar los protocolos con rigor y transparencia, y ha advertido que muchas familias se enfrentan a un auténtico ‘laberinto burocrático’ cuando intentan denunciar un caso de acoso en el centro educativo.

Otras entidades, como la Fundación Mutua Madrileña, han iniciado campañas en colaboración con el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y la Policía Nacional para apoyar a víctimas y formar a docentes, alumnado y familias. El objetivo, en palabras de los organizadores, es claro: erradicar una violencia que se ha instalado en el día a día de muchos menores sin que siempre se le preste la atención necesaria.

El Día Internacional contra el Acoso Escolar sirve, así, como recordatorio y llamada a la acción. No basta con declaraciones o intenciones. La implicación de toda la comunidad educativa es fundamental para avanzar hacia una escuela segura, en la que ningún niño o niña tenga que enfrentarse al miedo como parte de su rutina escolar.

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