- Los trabajos entre Andrés Saborit y Cruz Verde mantienen la vía en doble sentido y provocan atascos constantes de hasta una hora.
- Vecinos denuncian el caos diario y critican la falta de planificación por iniciar la obra en plena vuelta al cole.
La escena se repite cada mañana: coches detenidos durante minutos, bocinas que rompen el silencio y autobuses atrapados sin posibilidad de maniobra. Las obras en la Vía Complutense, iniciadas para renovar la red de saneamiento entre las glorietas de Andrés Saborit y Cruz Verde, han convertido el eje principal de Alcalá de Henares en un embudo permanente. Los vecinos lo resumen en una frase: “Salimos de casa sin saber cuándo llegaremos”.
El carril con sentido Madrid funciona ahora como doble sentido para sostener la circulación, una solución de emergencia que mantiene abierta la vía a costa de un tráfico denso y lento. Desde primera hora del día las retenciones son continuas, agravándose en los horarios de entrada a colegios y trabajos. Algunos conductores afirman haber tardado cerca de una hora en recorrer un tramo que antes se cruzaba en tres minutos.
El malestar vecinal es evidente. Muchos residentes expresan su frustración ante lo que consideran una ciudad “en obras por todas partes”. Las quejas se repiten en redes sociales y grupos de barrio, donde se señala la falta de coordinación y la saturación del tráfico en casi todos los accesos. “Todo está levantado a la vez”, lamentan, apuntando a que desplazarse por Alcalá se ha vuelto una tarea imprevisible y agotadora.
Además, las críticas se centran en las fechas elegidas. Los vecinos cuestionan que se haya decidido acometer la obra en plena vuelta al cole, cuando la ciudad recupera su ritmo habitual y el tráfico es más intenso. “No se entiende que esperasen para empezar justo después del verano, con los colegios abiertos y todo lleno de coches”, comenta una vecina del entorno. Otros residentes apuntan que “en verano apenas hay tráfico y habría sido mucho más lógico hacerlo entonces”.
Mientras tanto, las líneas de autobús siguen circulando, aunque el comité de empresa de Alcalabús advierte de que los retrasos ya superan los veinte minutos en hora punta. En la práctica, los usuarios son los más perjudicados: quienes dependen del transporte público acumulan esperas y conexiones perdidas día tras día.
La obra coincide, además, con otras intervenciones de envergadura en la ciudad: la reforma del entorno de Cuatro Caños, los trabajos de ADIF en la carretera de Daganzo y la rehabilitación del puente de Zulema, recién reabierto al tráfico. Una simultaneidad que muchos vecinos interpretan como falta de coordinación. “Todo a la vez y sin avisar con tiempo”, se quejan en redes sociales.
El Ayuntamiento insiste en que la actuación es necesaria para modernizar las infraestructuras y mejorar el saneamiento, pero no ha precisado aún una fecha clara de finalización. La señalización temporal y los desvíos por calles adyacentes alivian parcialmente el flujo, aunque apenas compensan el efecto embudo del tramo central. El caos, por ahora, se ha instalado como parte del paisaje diario de la ciudad.
La pregunta que flota entre conductores y vecinos es inevitable: ¿podía haberse planificado mejor? Con la movilidad de medio Alcalá bloqueada y la paciencia vecinal al límite, el tramo entre Saborit y Cruz Verde se ha convertido en el símbolo visible de un debate sobre la organización de las obras y el impacto real de la planificación urbana.










