- La investigación concluye que los neandertales depositaron de forma deliberada cráneos de grandes herbívoros durante generaciones
- El patrón se repite durante generaciones en un espacio de difícil acceso y sin restos de actividades domésticas
La Cueva Des-Cubierta, uno de los enclaves más singulares del Parque Arqueológico de El Valle de los Neandertales, vuelve a situarse en el centro del debate científico sobre la conducta de estos grupos humanos. Un nuevo estudio aporta evidencias que refuerzan la interpretación de este espacio como un lugar utilizado con un propósito específico y reiterado en el tiempo. Las conclusiones profundizan en una hipótesis que ya había despertado interés internacional en los últimos años.
El trabajo, publicado recientemente en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, está liderado por la investigadora de la Universidad de Alcalá Lucía Villaescusa y se centra en el análisis detallado del conjunto arqueológico de la Cueva Des-Cubierta, situada en Pinilla del Valle. El estudio sostiene que los neandertales que accedieron a este espacio utilizaron la cavidad como un santuario de caza, donde depositaron de manera intencionada cráneos de grandes herbívoros a lo largo de varias generaciones.
La investigación concluye que la acumulación de estos restos no responde a procesos naturales ni a actividades domésticas habituales. Los resultados apoyan la interpretación de un comportamiento recurrente y culturalmente motivado, centrado en la selección, modificación y deposición deliberada de cráneos de animales como bisontes, uros, ciervos o rinocerontes, muchos de ellos elegidos por la presencia de apéndices defensivos.
El interés científico por este enclave se intensificó en 2023, cuando el equipo de investigación de Pinilla del Valle dio a conocer en la revista Nature Human Behaviour el hallazgo de una extraordinaria concentración de cráneos de grandes herbívoros. Aquellos restos presentaban modificaciones intencionadas, como la retirada de mandíbulas y maxilares, lo que llevó a plantear por primera vez la hipótesis de un santuario de caza neandertal, una interpretación que situó a la Cueva Des-Cubierta como un yacimiento excepcional en el contexto europeo.
Posteriormente, en 2025, un estudio publicado en Journal of Quaternary Science permitió caracterizar con detalle la estratigrafía y la geomorfología de la cueva. Ese trabajo aportó el marco sedimentario necesario para comprender el contexto en el que se produjo la acumulación de los cráneos y para descartar que se tratase de un episodio puntual o de un fenómeno causado por agentes naturales.
La nueva investigación profundiza ahora en el proceso de formación del conjunto arqueológico. A partir del análisis espacial de datos geológicos, arqueológicos y paleontológicos, así como de la reconstrucción de los cráneos, los investigadores han podido determinar cómo se alternaron los derrumbes naturales del techo de la cueva con las visitas humanas en las que se depositaron los restos. Esta secuencia demuestra que la acumulación fue el resultado de entradas humanas repetidas a lo largo del tiempo.
Las actividades documentadas se desarrollaron en un entorno de alta montaña durante una fase fría del Pleistoceno superior, hace entre 70.000 y 40.000 años. A diferencia de otros yacimientos del mismo parque arqueológico, en la Cueva Des-Cubierta no existen indicios de ocupación prolongada ni de actividades domésticas. Su morfología, con una galería estrecha y poco apta para la habitación, refuerza la interpretación de un uso especializado del espacio.
La selección intencionada de los cráneos, su modificación y la recurrencia del uso del mismo lugar apuntan a una práctica que no estaría directamente vinculada a la subsistencia. Los investigadores interpretan este comportamiento como un ritual compartido y transmitido entre distintos grupos de neandertales, lo que sugiere la existencia de una dimensión simbólica compleja en estas comunidades.
En el contexto del repertorio de comportamientos neandertales documentados en Europa —como la caza especializada, el uso de pigmentos, la manipulación de garras de aves rapaces, la construcción de estructuras en cuevas o las prácticas funerarias— la acumulación de cráneos de la Cueva Des-Cubierta destaca por su magnitud y continuidad. Se trata de una evidencia poco común de una práctica cultural sostenida en el tiempo.
El estudio se enmarca en el proyecto de investigación dirigido por Enrique Baquedano, Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez-González. Excavado desde 2002, el conjunto de yacimientos de El Valle de los Neandertales se ha consolidado como uno de los principales referentes internacionales para el estudio del comportamiento de estas poblaciones humanas del Paleolítico medio.
Más allá de su vertiente científica, el parque desarrolla una intensa labor divulgativa. Las visitas guiadas, realizadas por miembros del equipo de investigación, se reanudarán el 1 de abril de 2026, fuera del periodo de excavación. Además, está prevista para este mismo año la inauguración del Museo de El Valle de los Neandertales, un nuevo centro de interpretación que permitirá al público conocer de primera mano los hallazgos y las investigaciones realizadas en este enclave de la sierra madrileña.
El futuro museo contará con espacios dedicados a la conservación y restauración de piezas, áreas de trabajo y varias plantas de exposición permanente. Entre los contenidos previstos figuran explicaciones sobre el proceso de excavación, el paisaje y la fauna del Pleistoceno, así como reconstrucciones de escenas clave, como la del santuario neandertal de la Cueva Des-Cubierta, con réplicas de los fósiles más relevantes. Una forma de acercar al público la complejidad cognitiva y simbólica de unos comportamientos que siguen replanteando la imagen tradicional de los neandertales.










