- La carrera, en formato memorial, volvió a congregar a cientos de participantes con pruebas por categorías y ambiente familiar.
- La colaboración del Club de Atletismo Inclusivo Brújula reforzó una edición centrada en accesibilidad y participación real para todos los perfiles.
El atletismo volvió a ocupar un papel central en la mañana del domingo 22 de febrero con la celebración del ‘XLVII Cross Colegio San Gabriel – Memorial Tiburcio García’. La carrera, ya asentada en el calendario de pruebas escolares por su continuidad —47 ediciones—, reunió a centenares de participantes y convirtió el entorno del colegio en un punto de encuentro para familias, alumnado y corredores de distintas edades.
El atractivo del cross no está solo en el gesto deportivo, sino en lo que pone en escena: un formato que mezcla competición y participación y que, cuando se celebra en el ámbito escolar, funciona como una invitación a correr sin necesidad de grandes infraestructuras. En esta edición, esa idea se reforzó con un mensaje explícito de inclusión, de la mano del Club de Atletismo Inclusivo Brújula, entidad que colaboró en la jornada.
La organización planteó un recorrido pensado para acoger categorías diversas y niveles distintos, algo habitual en las pruebas escolares, donde el objetivo no es únicamente el rendimiento sino también la experiencia compartida. La participación en familia, destacada por los organizadores y por la comunicación institucional posterior, fue uno de los rasgos visibles de la mañana: carreras encadenadas, público muy cercano al circuito y un ambiente de continuidad que es difícil replicar en pruebas más masivas.
El carácter de memorial añade una capa de significado a la cita. Aunque los comunicados difundidos tras la carrera no detallaron el perfil de Tiburcio García, la denominación ‘Memorial’ sitúa la prueba en la tradición deportiva de homenajear a personas vinculadas al impulso del atletismo o de la comunidad que lo sostiene. En eventos de larga trayectoria, esa dimensión suele ser la que explica por qué la carrera permanece: porque no es solo una competición, sino también una forma de memoria colectiva.
La colaboración del Club de Atletismo Inclusivo Brújula dio visibilidad a un enfoque que, en el deporte base, marca la diferencia entre “estar” y “poder participar”. En la práctica, hablar de inclusión implica adaptar dinámicas, acompañar a participantes que lo necesitan y diseñar la jornada para que distintas capacidades tengan un espacio real en el circuito. Que una entidad especializada esté presente en una carrera escolar no es un detalle ornamental: es una decisión organizativa que condiciona cómo se vive la prueba.
Al final, el domingo se midió en cosas sencillas: tandas de carreras, público pegado al recorrido y una organización que buscó que nadie quedara fuera. Es ese tipo de detalles —más que los tiempos— el que explica por qué esta prueba sigue llenando una mañana de invierno.










