- La convocatoria ordinaria en Madrid se celebrará del 1 al 4 de junio; la extraordinaria, del 30 de junio al 2 de julio.
- Las calificaciones pasarán a expresarse en múltiplos de 0,1 y al menos el 70% del examen será abierto o semiabierto.
La recta final de Bachillerato vuelve a desembocar en uno de los momentos más determinantes del curso académico. La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) de 2026 no solo marcará el cierre de etapa para miles de estudiantes, sino que introduce ajustes relevantes en el modelo de evaluación que conviene conocer antes de sentarse frente al examen. En la Comunidad de Madrid, la convocatoria ordinaria tendrá lugar los días 1, 2, 3 y 4 de junio.
La convocatoria extraordinaria se celebrará entre el 30 de junio y el 2 de julio. Como en cursos anteriores, la prueba mantiene su estructura dividida en una fase obligatoria y otra voluntaria destinada a mejorar la nota de admisión. Sin embargo, el formato y los criterios de corrección incorporan novedades que pueden influir directamente en la estrategia de preparación.
El cambio más significativo afecta al sistema de calificación. A partir de esta edición, las notas se expresarán en múltiplos de 0,1 en lugar de 0,25. Esta modificación permite una mayor precisión en la corrección y reduce los saltos amplios entre puntuaciones. En un contexto en el que una décima puede resultar decisiva para acceder a determinados estudios, la exactitud en la evaluación adquiere mayor peso.
También se consolida un modelo único de examen estructurado por bloques vinculados a los saberes básicos del currículo. Las pruebas incluirán preguntas cerradas, semiabiertas y abiertas, pero al menos el 70% de la puntuación total corresponderá a cuestiones abiertas o semiabiertas. Esto implica que la capacidad de argumentar, desarrollar ideas y estructurar respuestas será determinante en la nota final.
Además, al menos un 20% de las preguntas tendrá carácter competencial. Es decir, no se limitarán a la reproducción de contenidos teóricos, sino que exigirán aplicar conocimientos a situaciones concretas, interpretar datos o resolver problemas contextualizados. Este enfoque busca evaluar no solo lo memorizado, sino la comprensión y la capacidad de razonamiento.
Ante este escenario, la preparación requiere algo más que repasar apuntes. Practicar con modelos de examen de años anteriores, entrenar la redacción clara y estructurada y acostumbrarse a responder con precisión dentro del tiempo disponible se convierten en aspectos clave. En asignaturas con desarrollo escrito, cuidar la coherencia, la ortografía y la organización del texto puede marcar diferencias en una corrección más detallada.
La gestión del tiempo también cobra relevancia. Las preguntas abiertas suelen exigir mayor dedicación y planificación en la respuesta, por lo que resulta recomendable simular exámenes completos para ajustar ritmos y evitar dejar apartados sin contestar. En las materias científicas, el enfoque competencial puede implicar interpretar gráficos o plantear razonamientos más extensos, lo que requiere práctica específica.
Una vez finalizados los exámenes y publicadas las calificaciones, se abrirá el proceso de preinscripción universitaria. Aunque ese trámite llega después, la nota obtenida en la PAU sigue siendo el eje central sobre el que gira todo el acceso a la universidad pública.
La PAU 2026 mantiene su estructura general, pero introduce matices que premian la precisión y la capacidad de aplicar conocimientos. Conocer estos cambios con antelación permite ajustar la preparación y afrontar la prueba con mayor seguridad en una convocatoria que, como cada año, concentrará expectativas y decisiones de futuro en apenas unos días.










