- La nueva Formación Profesional refuerza el aprendizaje en empresas y acerca al alumnado al entorno laboral antes de obtener el título.
- La contratación de jóvenes con estudios de FP mantiene una evolución al alza y las titulaciones tecnológicas y administrativas amplían sus opciones.
La Formación Profesional ha dejado de entenderse únicamente como una etapa educativa previa al empleo. La presencia creciente de las empresas durante el periodo formativo está convirtiendo las prácticas en uno de los primeros contactos reales de muchos jóvenes con el mercado laboral.
El nuevo modelo de FP profundiza precisamente en esa conexión. Todas las ofertas de los grados C y D vinculadas al Catálogo Nacional de Estándares de Competencias Profesionales incorporan una fase de formación en empresa u organismo equiparado. Con carácter general, esta fase representa al menos el 25% de la duración de la formación, integrándose dentro del propio currículo.
De estudiar una profesión a empezar a ejercerla
La principal diferencia frente a un modelo exclusivamente académico es que el estudiante puede aplicar conocimientos en situaciones reales antes de finalizar sus estudios. Trabajar con equipos profesionales, herramientas utilizadas por las empresas o procedimientos habituales de un determinado sector permite desarrollar competencias difíciles de reproducir únicamente en el aula.
Este contacto también funciona en sentido contrario: las empresas pueden conocer al alumnado, observar su evolución y detectar perfiles que encajen con futuras necesidades de contratación.
Los datos disponibles muestran además una progresiva mejora de la inserción. Entre las personas graduadas en el curso 2020-2021, la tasa media de afiliación durante el primer año posterior a la titulación alcanzó el 36,2% en Grado Medio y el 51,1% en Grado Superior, según la estadística publicada por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
La FP gana presencia en el empleo juvenil
La evolución también se aprecia en la contratación. El informe del mercado de trabajo de los menores de 30 años publicado por el SEPE señala que los jóvenes con una titulación de Formación Profesional protagonizaron el 13,54% de los contratos registrados para este colectivo durante 2025. La cifra creció un 4,74% respecto al año anterior.
En conjunto, durante 2025 se registraron más de 6,3 millones de contratos con personas menores de 30 años y la población joven ocupada superó los 3,39 millones. El organismo advierte, no obstante, de que siguen existiendo retos relacionados con la temporalidad y la parcialidad del empleo juvenil.
El interés por este itinerario educativo también continúa aumentando. En el curso 2025-2026, la FP superó por primera vez los 1,2 millones de estudiantes matriculados en España, un 2,5% más que el curso anterior y el máximo registrado hasta ahora.
Tecnología y administración, entre las opciones formativas
La elección de una especialidad condiciona buena parte de las competencias con las que el alumno llegará después al mercado de trabajo. Además de la propia titulación, cobran importancia aspectos como el contacto con empresas, la utilización de herramientas profesionales o la adquisición de habilidades digitales.
En Madrid existen centros que han desarrollado su oferta precisamente alrededor de esa relación entre formación y empresa. Accedia FP, por ejemplo, cuenta con programas oficiales en áreas administrativas y tecnológicas y plantea las prácticas y su bolsa de trabajo como parte de su modelo orientado al mercado laboral.
En su oferta actual aparecen el Grado Medio en Gestión Administrativa y titulaciones superiores como Administración y Finanzas (AFI), Administración de Sistemas Informáticos en Red (ASIR), Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma (DAM) y Desarrollo de Aplicaciones Web (DAW), además del curso de especialización en Inteligencia Artificial y Big Data.
La conexión entre formación y experiencia profesional cobra así cada vez más importancia al analizar la empleabilidad FP. En especialidades tecnológicas, además, los programas formativos incorporan progresivamente competencias digitales, programación, tratamiento de datos o inteligencia artificial, ámbitos en los que las herramientas utilizadas evolucionan con rapidez.
Un primer contacto que puede marcar la trayectoria profesional
Las prácticas no garantizan por sí mismas una contratación posterior, pero sí permiten que un joven termine sus estudios habiendo conocido ya un entorno profesional, sus dinámicas y sus exigencias.
Ese componente adquiere especial relevancia para quienes buscan su primer empleo y todavía no pueden aportar experiencia laboral previa. Frente a un currículum basado exclusivamente en formación académica, haber participado en proyectos reales o trabajado dentro de una empresa ofrece al alumno una primera referencia profesional.
El avance de la FP hacia un modelo con mayor presencia empresarial refuerza precisamente ese papel: reducir la distancia entre el momento de aprender una profesión y el momento de empezar a ejercerla.







