- Carlos Librado “Nene” y Borjita Mazos regresan con una versión recopilatoria en un escenario emblemático para los alcalaínos.
- Función única en el IES Antonio Machado, con entradas disponibles a través de los canales habituales.
Hay espectáculos que trascienden el escenario para convertirse en parte del alma de una ciudad. ‘Alcalá Me Mata’ es uno de ellos. Lo que empezó como una broma entre amigos acabó por convertirse en una tradición navideña para los alcalaínos, una cita ineludible donde el humor y la identidad local se mezclan con complicidad. Este diciembre, Carlos Librado “Nene” y Borjita Mazos cambian el Salón Cervantes por el IES Antonio Machado para ofrecer una versión recopilatoria que condensa lo mejor de los últimos años y promete nuevas carcajadas.
El 21 de diciembre, el emblemático centro educativo acogerá una función única de un montaje que combina monólogo, teatro y guiños constantes a la vida alcalaína. En el escenario, “Nene” y Mazos volverán a formar un tándem afinado que ha conquistado al público con su humor ácido, local y, sobre todo, muy humano. El guion y la dirección corren a cargo del propio Librado, con producción de Luis Fernando Verduas y asistencia técnica de Área Martínez.
‘Alcalá Me Mata’ nació en 2012 con la intención de reírse de uno mismo, de poner un espejo frente a la ciudad y reflejar con ternura sus manías, sus expresiones y sus pequeñas batallas cotidianas. Desde entonces, más de 10.000 espectadores han pasado por sus butacas, consolidando un fenómeno que no solo divierte, sino que también une. Porque, en el fondo, reírse de Alcalá es otra forma de quererla.
Esta nueva versión, ‘Mix’, recupera los momentos más celebrados de los volúmenes 4, 5 y 6, con guiños a la actualidad reciente y vídeos que rescatan lo mejor —y lo más surrealista— de la ciudad en los últimos tres años. “Nene” y Mazos han sabido construir un universo propio en el que cada chiste, cada personaje y cada anécdota suena a casa.
Con su mezcla de humor y memoria colectiva, ‘Alcalá Me Mata Mix’ vuelve a recordarnos que hay cosas que solo un alcalaíno entiende. Y, quizás por eso, cada año, cuando se apagan las luces y arranca el primer monólogo, se siente algo más que risa: se siente pertenencia.










