- La RSD Alcalá venció 1-0 al CDA Navalcarnero este domingo, 22 de marzo, en El Val, en la jornada 28 del grupo V de Segunda Federación.
- Un tanto de Albur en el minuto 83 decidió un duelo directo por la zona media-baja de la tabla, marcado también por la expulsión de Miguel García antes del descanso.
El tramo final de temporada ya no deja margen para partidos inocentes. Cada jornada comprime más la clasificación en el grupo V de Segunda Federación y convierte los enfrentamientos entre rivales cercanos en citas de máximo valor competitivo. En ese escenario, la RSD Alcalá firmó este domingo en El Val una victoria de las que cambian el pulso de un curso.
El conjunto rojillo se impuso por 1-0 al CDA Navalcarnero gracias a un gol de Albur en el minuto 83 y sumó tres puntos de especial relevancia en la pelea por asegurar la permanencia. El encuentro correspondía a la jornada 28 y enfrentaba a dos equipos separados por muy poco en la tabla, con la necesidad compartida de alejarse de la zona comprometida en este tramo decisivo del campeonato.
El triunfo llega, además, en un momento especialmente sensible para el club complutense. La plantilla dirigida por Ángel Vivar Dorado afronta la recta final de su primera temporada en Segunda Federación tras el ascenso logrado en abril de 2025, un regreso que puso fin a una etapa larga en Tercera. Mantener la categoría era el objetivo prioritario desde el inicio del curso, y resultados como el de este domingo refuerzan de forma tangible esa aspiración.
El partido respondió al guion de un duelo incómodo, de ritmo contenido por momentos y con mucho valor en cada acción. El Navalcarnero se presentó como un rival ordenado, sólido en defensa y con argumentos para competir también con balón, un perfil que ya había mostrado durante la temporada. El Alcalá trató de asumir la iniciativa desde el principio, con más presencia en campo contrario y una intención clara de llevar el peso del juego, aunque sin encontrar demasiada claridad en los metros finales durante buena parte del choque.
Pese a ese control territorial, el encuentro no se abrió con facilidad. El Navalcarnero resistió bien en bloque y obligó al Alcalá a trabajar cada llegada, en un contexto en el que los locales necesitaban paciencia para no desordenarse. En ese equilibrio tenso, también se mantuvo la sensación de que cualquier error podía inclinar el partido, algo habitual en una categoría especialmente igualada y con marcadores muy cortos en muchas jornadas.
La acción que cambió el panorama llegó al borde del descanso. Koné ganó la espalda de la defensa tras una acción de ataque del Alcalá y Miguel García le derribó cuando encaraba la portería siendo el último hombre, una jugada que terminó con tarjeta roja para el futbolista visitante. La expulsión dejó al Navalcarnero con diez para toda la segunda parte y obligó al equipo madrileño a reorganizarse alrededor de una resistencia todavía más cerrada.
Con superioridad numérica, el Alcalá monopolizó el ataque tras el intermedio. El conjunto rojillo volcó el juego sobre campo rival y acumuló intentos ante un adversario replegado, decidido a proteger al menos el empate y a buscar alguna salida larga para sorprender. El paso de los minutos aumentó la sensación de asedio local, pero también la tensión propia de esos partidos en los que el gol no llega y cada decisión pesa más.
El desenlace apareció en el minuto 83, cuando Albur encontró premio a la insistencia. El extremo culminó una jugada dentro del área después de una primera tentativa rechazada y acabó enviando el balón a la red para desatar la celebración en El Val. No fue un tanto brillante en lo estético, pero sí representativo de lo que exigía el encuentro: persistencia, lectura de la segunda jugada y determinación en un momento de máxima presión.
Más allá del gol, el partido dejó también nombres propios en el desempeño colectivo del Alcalá. Los laterales Edu Viaña y Marco López sostuvieron buena parte del esfuerzo en las dos fases del juego, mientras que el equipo volvió a encontrar solidez en el eje defensivo. Esa consistencia fue clave para impedir que el Navalcarnero capitalizara alguna transición aislada, incluso cuando mantuvo futbolistas adelantados para no renunciar del todo a una posible contra.
La nota más preocupante de la mañana llegó ya en el descuento, con la lesión de Chete González. El defensa tuvo que retirarse con visibles gestos de dolor y el brazo inmovilizado, una imagen que empañó parcialmente el cierre del encuentro y abre una incógnita para las próximas jornadas. A la espera de conocer el alcance exacto de la dolencia, el episodio añade preocupación a un tramo del calendario en el que cualquier baja puede tener impacto competitivo.
En términos clasificatorios, la victoria permite al Alcalá reforzar su posición y tomar aire en una zona especialmente apretada. Con seis jornadas todavía por disputarse tras este partido, el margen sigue siendo estrecho y nadie puede dar nada por resuelto, pero ganar un duelo directo en casa cambia la perspectiva inmediata. El Val volvió a ser un escenario exigente para el rival y el equipo complutense sale del domingo con algo más que tres puntos: la sensación de haber dado un paso serio para seguir un año más en Segunda Federación.
