Alcalá se vuelca con la Vuelta a Madrid Sub-23 en una etapa marcada por el calor y el sprint final

Sub23 Madrid

Fuente: RRSS Ayto Alcalá de Henares

El ciclismo tomó este miércoles el centro de Alcalá de Henares con una de esas jornadas que alteran el ritmo habitual de la ciudad y acercan la competición a pie de calle. La calle Colegios, convertida en punto de salida y llegada, reunió a aficionados, vecinos y curiosos en torno a la segunda etapa de la XXXVIII Vuelta Ciclista a la Comunidad de Madrid Sub-23, una cita que permitió ver de cerca a algunas de las principales promesas del pelotón.

La etapa arrancó y concluyó en pleno casco urbano, con un recorrido de más de 130 kilómetros por el Corredor del Henares y distintos municipios del este de la Comunidad de Madrid. El trazado llevó a los corredores por carreteras de la zona antes de regresar a Alcalá para un final rápido, exigente y marcado por las altas temperaturas.

Más allá del resultado deportivo, la jornada dejó una imagen poco habitual en la calle Colegios: bicicletas de competición, equipos técnicos, vehículos de carrera y público siguiendo el desarrollo de una prueba que habitualmente se vive desde la carretera, pero que en esta ocasión tuvo uno de sus puntos centrales en la ciudad. La llegada a meta concentró buena parte de la atención, especialmente en los últimos metros, cuando la etapa se resolvió al sprint.

En lo deportivo, el neerlandés Mika Vijfvinkel, del GD Supermercados Froiz, se impuso en la línea de meta por delante de Aimar Galdós, del BBK Euskadi, y Luca Martínez, de la Selección Española júnior. El triunfo le permitió reforzar su liderato en la clasificación general tras una jornada en la que volvió a mostrarse como uno de los corredores más fuertes de la ronda.

El desarrollo de la etapa estuvo condicionado por el calor y por un recorrido con varios puntos de desgaste, entre ellos subidas y pasos puntuables en municipios del entorno. Estas características obligaron a los equipos a combinar control, resistencia y colocación antes de afrontar el regreso a Alcalá, donde el desenlace favoreció a los corredores con mayor velocidad final.

La prueba también supuso un despliegue organizativo relevante en la ciudad, con cortes, coordinación de tráfico y presencia de servicios municipales, seguridad y emergencias para garantizar el paso de la carrera. La celebración de una etapa de estas características exige adaptar durante unas horas el funcionamiento del entorno urbano, especialmente en una zona céntrica como la calle Colegios.

La Vuelta a Madrid Sub-23 mantiene un papel destacado dentro del calendario ciclista de formación, ya que permite a corredores jóvenes competir en formato de varias etapas y medirse en recorridos variados. Para Alcalá, la jornada dejó una oportunidad de ver ciclismo de nivel en el centro de la ciudad y de conectar el espacio urbano con una competición que funciona como escaparate para futuras generaciones del pelotón.

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