- El descenso sostenido de las temperaturas pone a prueba la resistencia del organismo durante varios días consecutivos
- Sanidad insiste en vigilar a las personas vulnerables y actuar con rapidez ante síntomas de pérdida de calor
El invierno suele traer madrugadas duras en el interior peninsular, pero no todas las bajadas de temperatura tienen el mismo impacto. Cuando el frío se mantiene y se combina con viento y humedad, el cuerpo pierde calor con más facilidad y los riesgos se disparan, sobre todo en quienes ya parten con menos margen.
En ese contexto, la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid ha activado la alerta de alto riesgo por ola de frío, el nivel 2 del sistema de vigilancia sanitaria. La medida responde a la previsión de temperaturas mínimas por debajo de los 0 ºC durante estos días, un umbral que, según el plan regional, puede traducirse en problemas de salud evitables si no se toman precauciones.
El dispositivo autonómico se articula a través del Plan de Vigilancia y Control de los Efectos del Frío en la Salud, que funciona cada temporada invernal para anticipar situaciones de riesgo y coordinar recomendaciones y actuaciones. El plan establece tres niveles: normalidad (0), precaución (1) y riesgo alto (2), que se activa cuando las condiciones previstas elevan el peligro para la población, especialmente para los colectivos más vulnerables.
En Alcalá de Henares y el Corredor del Henares, el aviso coincide con un escenario de madrugadas bajo cero en el entorno metropolitano, con mínimas que pueden bajar hasta valores negativos y favorecer la aparición de placas de hielo en aceras y calzadas a primera hora. Este tipo de episodios suele obligar a extremar la prudencia en los desplazamientos, especialmente entre personas mayores.
Los principales riesgos directos del frío extremo son la hipotermia y la congelación, pero los efectos no se quedan ahí. Las bajas temperaturas también pueden reducir las defensas y facilitar enfermedades respiratorias como resfriados, gripe, bronquitis o neumonía, además de agravar patologías crónicas, sobre todo cardiovasculares y respiratorias, porque el organismo debe realizar un esfuerzo añadido para mantener el calor.
Salud Pública sitúa entre los grupos más expuestos a las personas mayores, los bebés y niños pequeños, y quienes conviven con dolencias crónicas (cardíacas, respiratorias u otras). También se incluye a personas en situación de vulnerabilidad social —por ejemplo, quienes viven en viviendas con mal aislamiento o sin calefacción suficiente—, donde un episodio de frío puede convertirse en un problema sanitario y de seguridad.
En el hogar, las recomendaciones pasan por reducir corrientes de aire y pérdidas de calor, y mantener una temperatura interior razonable —en torno a 20–22 ºC— sin recurrir a soluciones improvisadas que aumenten otros riesgos. Si se usan estufas de leña o gas, se insiste en la precaución por el peligro de incendios o intoxicaciones por monóxido de carbono, un problema que se repite cada invierno cuando la calefacción no es adecuada.
También se aconseja evitar el sedentarismo prolongado si la vivienda está fría: moverse y realizar actividad ligera ayuda a generar calor corporal. Para vestirse dentro y fuera de casa, la pauta más eficaz es la de varias capas de ropa fina, que crea cámaras de aire aislante, frente a una única prenda gruesa.
En exteriores, la clave es informarse antes de salir y ajustar el plan a las condiciones meteorológicas, sobre todo si hay viento. Se recomienda utilizar una prenda de abrigo resistente al viento y la humedad, proteger bien cabeza, cuello, manos y pies, y mantenerse seco: la ropa mojada enfría el cuerpo rápidamente. Ante señales como la tiritona, conviene refugiarse en un lugar cálido y no prolongar la exposición.
Para quienes tengan hipertensión o problemas cardiorrespiratorios, se pide evitar el agotamiento físico: el frío ya supone una carga extra para el corazón, y los esfuerzos intensos pueden incrementar el riesgo. En carretera, además, se recomienda consultar el estado de las vías antes de conducir, por la posibilidad de heladas.
La Comunidad de Madrid recuerda la importancia de estar pendiente de las personas del entorno que puedan encontrarse en una situación de especial vulnerabilidad. Si se detecta a alguien en la calle con dificultades durante una ola de frío, la recomendación es llamar al 112 para activar la respuesta de emergencia.
Por último, Salud Pública insiste en medidas preventivas de temporada, como mantener al día la vacunación recomendada en población diana —por ejemplo, gripe en mayores y personas con enfermedades crónicas— y consultar en el centro de salud cuando existan dudas, especialmente si aparecen síntomas respiratorios o señales compatibles con pérdida de calor corporal.
