- El proyecto convierte el recorrido ambiental en un itinerario cultural, incorporando referencias históricas y sociales a lo largo del trazado
- Los primeros tramos señalizados mezclan patrimonio, memoria social y acción climática dentro de un corredor verde de 42 kilómetros
El Anillo Verde está dejando de ser solo un itinerario periurbano para caminar o correr: también empieza a leerse como un mapa de referencias. En distintos puntos del recorrido se están identificando kilómetros con nombres propios, una forma de dar contexto al paseo y de conectar el paisaje con figuras y proyectos que forman parte del imaginario de la ciudad.
La idea, en la práctica, es sencilla: aprovechar un corredor ambiental en crecimiento para introducir pequeñas “paradas” con significado. Es un gesto de señalización, pero también de relato. Quien recorre el anillo no solo acumula distancia; se encuentra con hitos que invitan a situar el lugar que pisa, a recordar por qué ese entorno se protege y qué historias —locales o globales— dialogan con la apuesta por un cinturón verde.
El primer punto identificado mira directamente al origen más reconocible de la ciudad: el kilómetro 1 lleva el nombre de Miguel de Cervantes. La elección apunta a un símbolo universal asociado a Alcalá y funciona como puerta de entrada a un recorrido que, por definición, se construye por etapas. En un paseo circular, empezar no es solo una cuestión de metros: también es una forma de marcar tono y de vincular el itinerario con una referencia cultural inmediata.
Más adelante, el kilómetro 28 se dedica a Francisca de Pedraza, un nombre con una carga histórica distinta y, a la vez, muy ligada a Alcalá. Su caso es recordado por el largo proceso judicial con el que denunció los malos tratos y por una sentencia dictada en 1624, considerada pionera por reconocer medidas hoy identificables con la protección de la víctima. Que una parte del corredor la nombre introduce en el recorrido una lectura social: la memoria también puede estar en un camino entre arbolado y senderos.
En la parte final del trazado señalizado hasta ahora, el kilómetro 36 se asocia a Plant-for-the-Planet, iniciativa vinculada a la reforestación y a la educación ambiental con participación juvenil. El reconocimiento encaja con el componente más evidente del proyecto: el refuerzo de la infraestructura verde y la idea de que la acción climática no se queda en el discurso, sino que se materializa en plantaciones, restauración de espacios y actividades de sensibilización.
El Anillo Verde, que suma 42 kilómetros, se plantea como un corredor que enlaza zonas periurbanas y espacios naturales del entorno con el núcleo de la ciudad, mejorando la continuidad ecológica y ofreciendo un itinerario para el uso ciudadano. La incorporación de estos nombres no cambia la utilidad del recorrido, pero sí puede cambiar la experiencia: ayuda a orientar, a contar el anillo por tramos y a introducir una lectura cultural y ambiental que acompañe a quien lo recorre.
Con los tres hitos ya señalados —Cervantes, Francisca de Pedraza y Plant-for-the-Planet—, el proyecto abre la puerta a que el anillo siga incorporando referencias. Si el paseo se convierte también en un relato, cada nuevo nombre será, además de un punto del mapa, una pista sobre cómo quiere explicarse la ciudad a sí misma cuando mira a su entorno verde.










