- La ciudad se sitúa como segundo polo audiovisual de la región, solo por detrás de Madrid ciudad, con producciones nacionales e internacionales.
- Rodajes de series como The Walking Dead: Daryl Dixon y nuevas rutas turísticas ligadas a “Cuéntame” refuerzan el tirón audiovisual y cultural.
La actividad audiovisual lleva años dejando huella en la ciudad: cierres puntuales de calles, plazas convertidas en decorados y un ir y venir de equipos técnicos que, para muchos vecinos, ya forma parte del paisaje. Ese movimiento se intensificó durante 2025, un año en el que Alcalá volvió a ganar peso como escenario de ficción y publicidad, y en el que el volumen de rodajes se mantuvo en máximos.
Alcalá Film Office, el servicio municipal que centraliza la tramitación y el apoyo a las producciones, gestionó en 2025 más de 30 rodajes entre series, spots publicitarios, largometrajes, cortometrajes, programas de televisión y un documental. En total, el reparto de producciones se concentró especialmente en la televisión: 15 series, 8 anuncios, 3 largometrajes, 3 cortometrajes, 3 programas y 1 documental.
El dato que mejor refleja el cambio de ritmo está en las series. En 2023 y 2024 se registraron 7 rodajes de este formato en cada ejercicio, mientras que en 2025 la cifra ascendió a 15, más del doble en apenas dos años. Ese salto consolida una tendencia al alza que el sector viene apuntando desde hace tiempo: más producción seriada, más campañas publicitarias y una demanda creciente de localizaciones reconocibles y con valor patrimonial.
El balance anual sitúa a Alcalá como la segunda ciudad de la Comunidad de Madrid con mayor número de producciones gestionadas, solo por detrás de la capital. El interés, además, no se limita al audiovisual nacional: en los últimos meses se han visto equipos trabajando en entornos universitarios y zonas históricas, con rodajes que han dado proyección a espacios muy identificables para el público.
Entre los títulos que han pasado por la ciudad figuran producciones nacionales y también proyectos internacionales, como el rodaje de escenas de The Walking Dead: Daryl Dixon en localizaciones vinculadas a la Universidad de Alcalá. Junto a ese caso, el listado de trabajos incluye series y formatos de distinta escala que han utilizado calles, plazas y edificios como escenarios de ficción y publicidad.
Más allá del impacto visual, el efecto más inmediato se nota en la economía de proximidad. Los rodajes suelen activar servicios de alojamiento, restauración, transporte, alquiler de vehículos, cátering, comercio local y contratación de personal técnico y de figuración. Son jornadas intensas, de gasto distribuido y con picos de actividad que, según el tipo de producción, pueden prolongarse durante varios días.
Detrás de esa capacidad de atracción está la labor de la Film Office: interlocución con productoras y localizadores, coordinación de permisos, apoyo logístico y acompañamiento durante el rodaje. Esa estructura, habitual en ciudades que compiten por captar producciones, busca que el proceso sea ágil y compatible con el uso cotidiano del espacio público, minimizando molestias y mejorando la previsibilidad para vecinos y negocios.
El impulso audiovisual también se conecta con iniciativas de promoción y cantera. En colaboración con el festival ALCINE, la Film Office participa en proyectos como la Film Jam —un reto de 72 horas para crear cortos en la ciudad— y programas formativos como Cantera, orientados a jóvenes cineastas y a la producción emergente.
En paralelo, la ciudad ha empezado a convertir ese vínculo con la pantalla en un producto turístico. En FITUR 2026 se presentó “Cuéntame Alcalá”, una experiencia de turismo cinematográfico basada en la serie de RTVE, que durante años rodó exteriores en la ciudad. La propuesta plantea una ruta guiada por diez localizaciones significativas, con un enfoque interactivo, y se complementa con visitas teatralizadas, una exposición inmersiva y actividades culturales y gastronómicas inspiradas en la época.
Con la temporada de rodajes de 2025 como referencia, la fotografía que deja el último balance es la de una ciudad que sigue ganando presencia en el mapa audiovisual y que, a la vez, explora cómo convertir esa visibilidad en actividad cultural y turística sin perder de vista el impacto en la vida diaria de sus barrios.
