- Las altas temperaturas obligan a muchas aves a reducir su actividad, buscar sombra y depender más de puntos de agua seguros.
- Los pollos son especialmente vulnerables en nidos expuestos al sol o en huecos de edificios que acumulan calor.
El calor extremo no solo altera la vida cotidiana de las personas. También tiene un impacto directo sobre la fauna más cercana, incluida la que convive a diario en calles, parques, jardines y edificios. Las aves se enfrentan a un esfuerzo añadido para regular su temperatura, una situación especialmente delicada en plena época de cría.
SEO/BirdLife ha publicado una serie de recomendaciones ante las altas temperaturas registradas durante el mes de mayo y ha recordado la vulnerabilidad de las aves frente a estos episodios. La entidad señala que la adaptación de las ciudades al calor no puede limitarse al confort humano, sino que también debe tener en cuenta la biodiversidad urbana.
Para hacer frente a las altas temperaturas, muchas aves reducen su actividad durante las horas centrales del día, buscan refugio en zonas sombreadas y concentran su alimentación a primera hora de la mañana o al atardecer. Este comportamiento les ayuda a ahorrar energía, pero depende en gran medida de que existan árboles, zonas verdes y espacios donde puedan resguardarse.
El acceso al agua es otro factor clave. Las aves la necesitan para hidratarse y también para refrescarse mediante el baño. Por eso, SEO/BirdLife recomienda colocar bebederos en balcones, terrazas, patios o jardines, siempre con recipientes poco profundos, estables y seguros.
La limpieza es fundamental: el agua debe renovarse a diario para evitar la proliferación de patógenos y mosquitos. También conviene colocar los recipientes en lugares protegidos del viento, lejos de caídas y, si es posible, en zonas donde las aves no queden expuestas a depredadores.
Uno de los mayores riesgos se produce en los nidos. Los pollos son más vulnerables al calor porque no pueden desplazarse a zonas más frescas y dependen de sus progenitores. En entornos urbanos, especies como gorriones, vencejos o aviones comunes pueden criar en huecos de edificios que alcanzan temperaturas muy elevadas y se convierten en auténticas trampas térmicas.
En ciudades como Alcalá de Henares, donde conviven numerosas especies adaptadas al entorno urbano, los episodios de calor extremo también pueden afectar a aves tan habituales como gorriones, urracas, palomas o vencejos. La ciudad cuenta además con una presencia muy reconocible de cigüeñas blancas, cuyos nidos forman parte del paisaje habitual en torres, edificios históricos y otras construcciones elevadas.
Aunque especies como la cigüeña blanca están acostumbradas a soportar temperaturas altas, los episodios de calor extremo pueden complicar la búsqueda de alimento y agua, especialmente durante la cría. En el caso de aves más pequeñas, como gorriones o vencejos, la disponibilidad de sombra, vegetación y puntos de agua puede marcar la diferencia en los días más duros.
Cuando el calor dentro del nido resulta insoportable, algunos pollos pueden caer al suelo antes de estar preparados para volar. Ante estos casos, SEO/BirdLife recomienda actuar con prudencia: no siempre es necesario recogerlos, ya que muchos siguen siendo alimentados por sus padres. Si presentan heridas o debilidad evidente, lo adecuado es contactar con un centro de recuperación de fauna o con los servicios competentes.
La alerta enlaza con un debate cada vez más presente en la gestión urbana: la necesidad de renaturalizar las ciudades. Más árboles, más sombra y más vegetación adaptada ayudan a proteger a las aves, pero también contribuyen a crear calles y plazas más habitables para las personas durante los episodios de calor extremo.
Proteger a la fauna urbana puede empezar con un gesto tan sencillo como ofrecer agua limpia y accesible. Sin embargo, el reto de fondo pasa por diseñar ciudades menos duras, con más refugios naturales y una planificación que entienda la biodiversidad como parte del bienestar cotidiano.
