El Cristo de los Doctrinos reúne a miles de personas en el Jueves Santo y centra uno de los actos más solemnes

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Foto: Ayuntamiento de Alcalá

La Semana Santa de Alcalá de Henares ha entrado ya en sus jornadas centrales con un Jueves Santo marcado por dos de sus citas más seguidas: la procesión del Cristo de los Doctrinos, que arrancó a las 19.00 horas, y la de Medinaceli, prevista una hora después. Ambas partieron desde el entorno de la calle Colegios, uno de los enclaves más reconocibles del recorrido procesional complutense y también uno de los puntos que más público concentra durante estos días.

La salida del Cristo de los Doctrinos se produjo con puntualidad desde el Aula de Música de la Universidad de Alcalá, situada frente a la Ermita de los Doctrinos. El inicio estuvo acompañado por una tarde estable y soleada, unas condiciones que favorecieron la presencia de numerosos vecinos y visitantes desde mucho antes de la apertura de puertas. La luz intensa del atardecer, especialmente en dirección a la plaza de Cervantes, marcó además la escena en los primeros compases del desfile.

Antes de la salida tuvo lugar uno de los ritos más significativos de esta procesión: el juramento de silencio de los cofrades. Se trata de uno de los momentos de mayor carga simbólica del Jueves Santo, previo al inicio del recorrido, y forma parte de una liturgia que subraya el carácter penitencial y recogido de la estación. Ese gesto de silencio compartido volvió a situarse este año entre las escenas más solemnes de la tarde.

La combinación de meteorología favorable, horarios consecutivos y el atractivo de dos de las procesiones más destacadas del programa contribuyó a una afluencia especialmente alta. Según lo observado durante la tarde, la asistencia se situó entre las más numerosas de los últimos años en este tramo de la Semana Santa complutense, sobre todo en el eje de la calle Colegios y en las inmediaciones de la plaza de San Diego, donde se produjo el encuentro.

Entre los asistentes se encontraban representantes de la corporación municipal y de la oposición, además de miembros de las cofradías penitenciales de la ciudad. Acudieron, entre otros, el concejal de Cultura, Santiago Alonso; la edil de Mayores, Esther de Andrés; el portavoz socialista, Javier Rodríguez Palacios, junto a los concejales María Aranguren, Enrique Nogués, Miguel Castillejo, Rosa Gorgues y Nicolás Rodríguez. También estuvo presente el presidente de las Cofradías Penitenciales de Alcalá, Gregorio Manzanares.

El recorrido del Cristo de los Doctrinos avanzó por la calle Colegios en dirección a la plaza de Rodríguez Marín y continuó después por Santa Úrsula y Escritorios hasta la plaza de los Santos Niños. Desde allí giró hacia la calle Mayor, atravesó la plaza de Cervantes, siguió por la calle Bedel y alcanzó la plaza de San Diego, donde se celebró el acto del encuentro poco antes de las 21.00 horas. Ese punto concentró uno de los momentos de mayor expectación de toda la tarde.

El acompañamiento musical volvió a correr a cargo de la Banda Sinfónica Complutense, habitual en esta cita. Su presencia acompañó el desarrollo del cortejo en los principales tramos del itinerario y reforzó el carácter ceremonial de una procesión que combina tradición universitaria, devoción popular y uno de los repertorios iconográficos más singulares de la Semana Santa local.

Tras el encuentro, una parte importante del público abandonó la zona, algo habitual una vez concluido el momento central del recorrido. La procesión continuó entonces en un ambiente más contenido e íntimo durante su último tramo, por el callejón de San Pedro y San Pablo y de nuevo por la calle Colegios, hasta regresar al Aula de Música de la Universidad. Ese cambio de escala, del acto multitudinario al cierre más recogido, forma parte también de la fisonomía de esta procesión.

La intervención del obispo de Alcalá de Henares, Antonio Prieto Lucena, centró buena parte del contenido simbólico del encuentro en la plaza de San Diego. En su alocución, el prelado explicó el significado religioso de la escena entre Cristo y la Virgen y la vinculó con uno de los momentos de consuelo del Vía Crucis: el encuentro de Jesús con su madre. Su mensaje puso el foco en la dimensión espiritual de ese instante y en la figura de María como acompañamiento en el sufrimiento.

El obispo también se refirió al valor histórico y devocional del Cristo de los Doctrinos. Recordó que la imagen fue concebida en el siglo XVI con una finalidad catequética y señaló su arraigo en la tradición universitaria alcalaína, donde durante generaciones numerosos estudiantes han acudido a encomendarse ante ella, especialmente en periodos de exámenes. Esa doble vertiente, religiosa y académica, explica en buena medida la singularidad de esta advocación dentro del conjunto procesional de la ciudad.

Uno de los ejes de su intervención fue la reflexión sobre el sentido de la cruz y el perdón. A partir de las palabras atribuidas a Jesucristo durante la crucifixión, defendió que el mensaje cristiano se fundamenta en responder al mal con el bien y en situar el amor por encima del odio, la violencia o el egoísmo. Esa idea enlazó con una lectura moral de la Semana Santa, planteada no solo como conmemoración litúrgica, sino también como invitación personal y colectiva a la caridad y al cuidado del otro.

En ese contexto, Prieto Lucena aludió a la llamada “ciencia de la cruz”, expresión con la que resumió una forma de vida basada en la solidaridad y la superación del individualismo. También interpretó la frase “tengo sed” como una apelación al amor humano y animó a vivir estos días como una respuesta a esa llamada. En la parte final de su intervención, presentó a la Virgen de la Esperanza como símbolo de consuelo ante el miedo, la incertidumbre o la pérdida de sentido.

El acto concluyó con el rezo conjunto de un Padre Nuestro al Cristo de los Doctrinos y un Ave María a la Virgen de la Esperanza. Con ello se cerró el momento más reflexivo del encuentro antes de que la procesión reanudara su marcha. La jornada deja así una imagen de notable seguimiento popular en uno de los días clave de la Semana Santa de Alcalá, con un equilibrio entre tradición, solemnidad y una participación ciudadana especialmente visible en las calles del centro histórico.

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