- El hallazgo tuvo lugar en la provincia de Napo, en un yacimiento fluvial y lacustre de la Amazonía ecuatoriana.
- El estudio identificó moscas, escarabajos, avispas y restos vegetales, aportando claves sobre un bosque tropical húmedo.
El hallazgo de un depósito de ámbar en el corazón de la Amazonía ecuatoriana ha abierto una nueva ventana al pasado remoto del continente. Un equipo internacional de científicos, en el que participa la Universidad de Alcalá, ha confirmado la existencia del primer yacimiento sudamericano de ámbar mesozoico con insectos preservados, fechado en unos 112 millones de años. El descubrimiento, realizado en la provincia de Napo, ofrece una visión inédita de la biodiversidad que habitó Sudamérica durante el Cretácico inferior.
El yacimiento, situado en la zona de Tena, se caracteriza por su origen fluvial y lacustre. En este entorno, los investigadores localizaron un total de 60 muestras de ámbar que han permitido identificar insectos como dípteros (moscas), coleópteros (escarabajos) e himenópteros (hormigas y avispas), así como un fragmento de telaraña. La conservación de estos organismos es especialmente relevante porque aporta información directa sobre las condiciones ambientales en las que vivieron, apuntando a la existencia de un bosque tropical húmedo con cuerpos de agua dulce.
Los análisis realizados revelan además dos tipos de ámbar diferenciados: uno formado bajo tierra alrededor de las raíces de las plantas productoras de resina, y otro generado al quedar la resina expuesta al aire. Este detalle permite a los investigadores comprender mejor cómo se preservaron los restos biológicos y en qué circunstancias se produjo la fosilización.
El estudio también ofrece pistas sobre la vegetación del entorno. La composición química del ámbar señala la presencia de coníferas tropicales semejantes a las que poblaron hace millones de años lo que hoy es la Península Ibérica. La similitud de especies vegetales refuerza la idea de que Gondwana, el supercontinente al que pertenecía Sudamérica, compartía ecosistemas con otras regiones como la Antártida o Australia.
La investigación no se limita a un hallazgo puntual. Los expertos consideran que este descubrimiento abre la puerta a nuevas excavaciones que permitan trazar conexiones entre la biodiversidad sudamericana y la de otros continentes del hemisferio sur durante el Mesozoico. Estos datos podrían ayudar a reconstruir la historia evolutiva de insectos y plantas en un momento crucial para la expansión de los ecosistemas terrestres.
El proyecto ha sido desarrollado por un equipo internacional integrado por la Universidad de Alcalá, el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales de Panamá, la Universidad de Rosario (Colombia), la Escuela Politécnica Nacional de Quito (Ecuador) y el Museo Senckenberg de Historia Natural (Alemania). La colaboración multidisciplinar ha sido clave para aportar un enfoque amplio que combina paleontología, geología y biología evolutiva.
Más allá de su valor científico, el hallazgo refuerza la importancia de la Amazonía como espacio clave no solo en el presente de la biodiversidad mundial, sino también en su pasado remoto. Los investigadores prevén que futuras campañas en la zona puedan ampliar de manera significativa el conocimiento de cómo se formaron y evolucionaron los ecosistemas tropicales.
