- Una ensalada de garbanzos con atún, tomate, queso fresco y aceitunas permite resolver la cena sin usar sartén, horno ni microondas
- La receta se prepara con ingredientes básicos, admite variaciones y puede servirse como plato único en las noches de más calor
Cuando el calor aprieta por la noche, encender la cocina puede ser lo último que apetece. El horno sube la temperatura de la casa, la sartén obliga a estar pendiente del fuego y hasta hervir pasta puede convertirse en una tarea incómoda en plena ola de calor. Por eso, las cenas frías ganan protagonismo durante el verano, especialmente cuando permiten comer algo completo sin complicarse.
Una de las opciones más sencillas es una ensalada fría de garbanzos con atún, tomate, queso fresco y aceitunas. Se prepara en unos diez minutos, no necesita cocción y combina ingredientes habituales de cualquier despensa con productos frescos fáciles de encontrar en la nevera. El resultado es una cena saciante, ligera y suficientemente completa para no terminar recurriendo a cualquier picoteo improvisado.
Ensalada de garbanzos con atún, tomate, queso fresco y aceitunas
Ingredientes
- 400 gramos de garbanzos cocidos, ya escurridos
- 2 latas pequeñas de atún al natural o en aceite de oliva
- 2 tomates medianos
- 100 gramos de queso fresco
- Un puñado de aceitunas verdes o negras
- Medio pepino (opcional)
- Media lata pequeña de maíz (opcional)
- Aceite de oliva virgen extra
- Vinagre o zumo de limón
- Sal
- Pimienta u orégano (opcional)
Instrucciones
El primer paso es escurrir los garbanzos y lavarlos bajo el grifo para retirar el líquido de conservación. Después se dejan unos minutos en un colador para que no suelten demasiada agua en el plato. Mientras tanto, se trocean los tomates en dados medianos y, si se va a utilizar pepino, se pela parcialmente y se corta también en dados pequeños.
A continuación, se colocan los garbanzos en un bol amplio y se añade el tomate, el pepino, el maíz y las aceitunas. Después se incorpora el atún bien escurrido y el queso fresco cortado en dados. Conviene mezclar con cuidado para que el queso no se deshaga demasiado y la ensalada mantenga una textura agradable.
El aliño puede ser muy sencillo: tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra, una cucharada de vinagre o zumo de limón y una pizca de sal. Si se busca un sabor más mediterráneo, se puede añadir pimienta negra, orégano o incluso un poco de albahaca picada. Lo ideal es aliñar justo antes de servir para que el tomate y el queso fresco no suelten demasiada agua.
La ensalada puede comerse recién preparada o dejarse unos minutos en la nevera para servirla más fría. En ese caso, lo recomendable es guardar el aliño aparte y añadirlo en el último momento. También se puede acompañar con una tostada, pan integral o picos, aunque por la cantidad de legumbre y proteína puede funcionar perfectamente como plato único.
Esta receta admite muchos cambios sin complicar la preparación. Los garbanzos pueden sustituirse por lentejas cocidas o alubias blancas, el atún por huevo cocido o pollo frío, y el queso fresco por mozzarella, feta o incluso hummus si se quiere una versión diferente. Para una cena más ligera, basta con reducir un poco la cantidad de garbanzos y añadir más tomate, pepino o zanahoria rallada.
En verano, la clave está en mantener los ingredientes frescos en la nevera hasta el momento de preparar la cena. Si sobra ensalada, debe guardarse cuanto antes en un recipiente cerrado y refrigerado, especialmente si lleva queso fresco, atún o huevo. Bien conservada, puede aguantar hasta el día siguiente, aunque la textura será mejor si se consume el mismo día.
En las noches en las que cocinar se hace cuesta arriba, esta ensalada fría funciona como una solución rápida y realista. No pretende ser una receta elaborada, sino un recurso de verano para comer bien, ensuciar poco y mantener la cocina apagada cuando la temperatura ya es suficiente problema.
