- El investigador participó en los trabajos históricos y documentales que permitieron reconocer el valor del antiguo Teatro Cervantes y promover su recuperación.
- El Ayuntamiento comunicó su fallecimiento este lunes y trasladó sus condolencias a familiares, amigos y miembros de la comunidad cultural y teatral.
La historia reciente del Corral de Comedias no puede entenderse únicamente a través de las obras que devolvieron la actividad al edificio. Antes de su rehabilitación fue necesario estudiar las transformaciones acumuladas durante casi cuatro siglos y demostrar la importancia de un espacio que había terminado funcionando como cine y almacén. Una parte esencial de ese trabajo estuvo vinculada a Juan Sanz Ballesteros, cuyo fallecimiento ha sido comunicado por el Ayuntamiento.
El Consistorio informó este lunes, 20 de julio, de la muerte del investigador y destacó su participación en el descubrimiento y la recuperación del Corral de Comedias. En su mensaje, trasladó sus condolencias a la familia, los amigos y la comunidad cultural y teatral, y subrayó que su legado permanecerá unido a la conservación de uno de los principales espacios patrimoniales de la ciudad.
Sanz Ballesteros formó parte, junto a Miguel Ángel Coso Marín y Mercedes Higuera Sánchez-Pardo, del equipo que investigó la historia del inmueble cuando todavía era conocido principalmente como Teatro Cervantes. Los trabajos combinaron el análisis directo del edificio con la consulta de documentación histórica para reconstruir sus diferentes etapas y comprender los elementos que permanecían ocultos bajo las sucesivas reformas.
El edificio había sido levantado a comienzos del siglo XVII como corral de comedias, pero su configuración fue cambiando con el paso del tiempo. Se transformó posteriormente en un coliseo cubierto, adoptó la estructura de un teatro romántico durante el siglo XIX y, ya en el siglo XX, funcionó como sala cinematográfica. Esa superposición de usos había ocultado buena parte de su estructura original y dificultaba reconocer la dimensión histórica del recinto.
La investigación desarrollada desde comienzos de la década de 1980 permitió documentar esa evolución y respaldó la necesidad de conservar el inmueble. La Comunidad de Madrid sitúa en 1981 el inicio del proceso de restauración y rehabilitación que culminaría más de dos décadas después, cuando el Corral volvió a abrir sus puertas en 2003 convertido en un teatro-museo.
Una de las principales aportaciones académicas de Sanz Ballesteros fue la publicación, junto a Coso Marín e Higuera Sánchez-Pardo, de El Teatro Cervantes de Alcalá de Henares, 1602-1866: estudio y documentos. La obra, editada en 1989 por Tamesis Books en colaboración con el Ayuntamiento, reúne 390 páginas dedicadas a reconstruir la historia del espacio escénico mediante fuentes documentales.
Aquel estudio aportó una base histórica para interpretar correctamente las distintas capas arquitectónicas del edificio. La posterior rehabilitación no buscó devolverlo exclusivamente a su apariencia original del siglo XVII, sino conservar las huellas de sus sucesivas etapas como corral, coliseo, teatro romántico y cine. De este modo, el inmueble muestra actualmente diferentes formas de entender y disfrutar el teatro a lo largo de los siglos.
El Corral conserva elementos como el empedrado del antiguo patio, el pozo, el balcón de las apariencias, el foso, partes del escenario, la cazuela reservada históricamente a las mujeres y varios aposentos desde los que se contemplaban las representaciones. Estas piezas permiten leer el edificio como un documento arquitectónico y explican el valor de las investigaciones previas a su restauración.
Tras su reapertura, el espacio recuperó una programación escénica estable y se consolidó como uno de los principales referentes culturales del casco histórico. Su conservación permite que el público acceda no solo a un teatro en funcionamiento, sino también a un recorrido por las transformaciones de las artes escénicas desde el Siglo de Oro hasta la actualidad.
La muerte de Juan Sanz Ballesteros supone la pérdida de una de las personas que ayudaron a identificar, documentar y proteger ese patrimonio cuando el futuro del antiguo Teatro Cervantes todavía no estaba asegurado. Su trabajo permanece materializado en el propio edificio, en las investigaciones publicadas y en la posibilidad de que nuevas generaciones conozcan hoy la evolución histórica del Corral de Comedias.










