- El Rey cerró el acto del Cervantes con un discurso centrado en Gonzalo Celorio, la lengua compartida y la tradición literaria hispánica.
- Felipe VI presentó al autor mexicano como una figura que encarna el diálogo entre memoria, creación y herencia cultural a ambos lados del Atlántico.
La entrega del Premio Cervantes 2025 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá dejó este 23 de abril otro de los discursos centrales de la jornada, el de Felipe VI, que cerró la ceremonia con una intervención marcada por la relación cultural entre España y México. En un acto presidido por los Reyes y celebrado en el marco del Día del Libro, el monarca situó la figura de Gonzalo Celorio dentro de una tradición literaria compartida que, a su juicio, sigue uniendo con fuerza a ambos países.
Felipe VI definió al escritor mexicano como “la expresión viva de ese fecundo encuentro” entre las tradiciones literarias española y mexicana. No se limitó a elogiar la trayectoria del autor premiado, sino que utilizó su figura para proyectar una idea más amplia del espacio cultural en español, entendiendo a Celorio como un escritor atravesado por una doble herencia: la mexicana y la española, tanto desde el punto de vista biográfico como desde el intelectual.
“México y España son más que países hermanos: son culturas entrelazadas por la lengua y la cultura”, afirmó el Rey durante su intervención. Esa fue una de las ideas fuerza del discurso de clausura y sirvió para enmarcar el Premio Cervantes no solo como un reconocimiento individual, sino también como una celebración del patrimonio literario compartido por el conjunto del ámbito hispanohablante. En ese contexto, el monarca agradeció a Celorio que represente “ese diálogo fecundo entre tradición y creación, entre memoria y porvenir, entre México y España”.
El Rey insistió además en que la conexión entre ambos países se sostiene sobre dos grandes pilares: la lengua común y la tradición literaria. En su repaso histórico, citó la lírica novohispana y recordó autores como Carlos de Sigüenza y Góngora, Juan Ruiz de Alarcón o sor Juana Inés de la Cruz para subrayar que ese diálogo no es reciente ni coyuntural, sino una relación literaria de largo recorrido. La intención de ese bloque fue situar la obra de Celorio dentro de una continuidad más amplia, vinculada al mestizaje cultural y a la evolución compartida del español.
A lo largo de su intervención, Felipe VI subrayó también el valor literario del premiado dentro de la narrativa contemporánea. Aseguró que la voz de Gonzalo Celorio es “testimonio del México moderno y espejo de la condición humana”, una formulación con la que quiso destacar tanto su dimensión nacional como su capacidad de alcanzar una lectura universal. El reconocimiento, dijo, no honra únicamente “la excelencia de una trayectoria personal”, sino también “su lugar destacado en la vasta y diversa literatura hispánica”.
El monarca dedicó asimismo una parte relevante de su discurso a la lengua como realidad viva. En esa línea, destacó la labor “incansable” de Celorio en favor del español y de la literatura, insistiendo en que su trayectoria recuerda a los lectores que el idioma está en transformación constante y que su cuidado constituye una responsabilidad compartida. La referencia encajó con el perfil del premiado, que ha desarrollado durante décadas una carrera que combina novela, ensayo, docencia universitaria y trabajo académico en defensa de la lengua.
Felipe VI también enlazó esa reflexión con la figura de Cervantes y con la propia naturaleza del acto celebrado en Alcalá de Henares. En uno de los pasajes más elaborados de su intervención, sostuvo que en Don Quijote de la Mancha la verdad no aparece como algo fijo, sino como una construcción compartida entre quien narra y quien lee. A partir de esa idea, trazó un paralelismo con la obra de Celorio, al señalar que su escritura no reproduce el pasado como un simple registro fiel, sino que lo recrea “con imaginación y hondura”.










