La Guardia Civil alerta sobre el aumento de estafas del amor en internet: el «catfishing», una amenaza creciente

catfishing

En tiempos de hiperconectividad, donde las relaciones personales se tejen a golpe de clic, también se multiplican los riesgos. La Guardia Civil ha lanzado un aviso público alertando sobre la proliferación del catfishing, una estafa digital basada en la creación de perfiles falsos con los que se busca manipular emocionalmente, extorsionar o defraudar a otras personas.

El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), en coordinación con las fuerzas de seguridad, ha publicado una guía detallada sobre esta práctica, también conocida como «la estafa del amor». Se trata de un fenómeno que va más allá del engaño romántico y que puede tener consecuencias psicológicas y económicas devastadoras para las víctimas.

El término se popularizó tras la emisión del documental Catfish en 2010, en el que el protagonista descubre que la persona con la que mantenía una relación en línea no era quien decía ser. Desde entonces, con el auge de las redes sociales y las aplicaciones de citas, este tipo de fraude ha evolucionado en forma y alcance.

Los estafadores suelen actuar con un método estudiado. Primero crean un perfil creíble, utilizando imágenes y datos robados. Luego establecen contacto y comienzan a construir un vínculo con la víctima a base de atención constante, confidencias personales y un relato emocional diseñado para generar empatía.

La relación se desarrolla exclusivamente en el entorno digital. Las excusas para evitar videollamadas o encuentros presenciales son constantes: viajes imprevistos, problemas técnicos o incluso supuestas tragedias personales. Una vez consolidada la confianza, llega la petición. A veces es una transferencia económica para una urgencia médica. Otras, una imagen íntima que más tarde servirá de herramienta para el chantaje.

Detectar este tipo de engaño no siempre es fácil. Los ciberdelincuentes perfeccionan sus técnicas, pero hay señales que pueden levantar sospechas. Perfiles con escasa actividad o sin apenas amigos, relatos contradictorios o que cambian con el tiempo, y un interés romántico excesivo y acelerado son algunos de los indicios más comunes.

A menudo, estas personas parecen saber decir justo lo que la víctima necesita oír, y presentan vidas aparentemente ideales o marcadas por situaciones muy dramáticas. Todo ello forma parte de una narrativa manipuladora que busca explotar emocionalmente a la otra parte.

Los expertos en ciberseguridad recomiendan adoptar medidas básicas pero efectivas: no compartir datos personales o bancarios con desconocidos, limitar la exposición pública en redes sociales, realizar búsquedas inversas de imágenes para comprobar su autenticidad y desconfiar de cualquier solicitud económica, por convincente que parezca.

En caso de sospecha, se aconseja denunciar el perfil ante la plataforma y, si ya se ha producido una estafa, reunir todas las pruebas posibles —capturas de pantalla, mensajes— para trasladarlas a las autoridades. También puede ser útil hacer egosurfing para comprobar qué información personal hay disponible sobre uno mismo y, si es necesario, ejercer el derecho al olvido.

Tanto la Guardia Civil como el INCIBE recuerdan que existe una Línea de Ayuda en Ciberseguridad gratuita y confidencial (017), así como atención por mensajería instantánea a través de WhatsApp (900 116 117) y Telegram (@INCIBE017).

En una era en la que el amor puede comenzar con un mensaje directo, conviene no bajar la guardia. La precaución, la verificación y la protección de la información personal siguen siendo las mejores defensas frente a un fraude que, como el catfishing, se disfraza de cercanía para hacer daño a distancia.

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