- El Ayuntamiento organizó este 8 de mayo un acto en el Salón de Plenos en el que se entregaron diplomas y obsequios.
- Personas voluntarias dinamizan la vida de los centros municipales con talleres de todo tipo.
En una ciudad que envejece activamente, setenta y cinco mayores han demostrado que la jubilación no es sinónimo de pausa, sino de transmisión. Estos vecinos y vecinas han dedicado su tiempo y energía a organizar e impartir talleres en los Centros Municipales de Mayores de Alcalá, construyendo espacios de aprendizaje, encuentro y vitalidad.
Manualidades, dibujo, senderismo, ajedrez, lectura, escritura creativa o relajación. A través de estas y muchas otras actividades, los monitores voluntarios no solo comparten conocimientos, sino también experiencias, afectos y rutinas que fortalecen los lazos entre generaciones y barrios. “Nos motiva saber que, con lo que sabemos hacer, también ayudamos a otros a sentirse mejor consigo mismos”, expresaba una de las profesoras durante el acto.
Este curso ha supuesto además un salto en la variedad de propuestas. Se han sumado once nuevos talleres, incluyendo danzas circulares en El Val; club de lectura en el María Zambrano; poesía y ganchillo en Campo del Ángel y Los Pinos; clases de francés en el Manuel Azaña; mimbre, patchwork y Chi Kung en centros como Cervantes y Reyes Católicos. Una diversidad que nace de la propia demanda social y del empuje de quienes deciden dar un paso al frente.
Como reconocimiento a esta labor altruista, el Ayuntamiento organizó este 8 de mayo un acto en el Salón de Plenos en el que se entregaron diplomas y obsequios. La ceremonia contó con la presencia de la alcaldesa Judith Piquet, el concejal de Mayores Santiago Alonso y otros miembros de la Corporación.
“Contagiáis entusiasmo, pasión y una voluntad por disfrutar la vida que ayuda a muchos de nuestros mayores a seguir alimentando ilusiones”, destacó la regidora. Alonso, por su parte, subrayó que la tarea voluntaria “requiere empatía, tiempo y muchas veces sacrificio, pero vosotros lo hacéis con una sonrisa, con paciencia y con una generosidad que nos inspira”.
Katiuska Freites y Josefina Cortés, profesoras voluntarias, tomaron la palabra en representación del grupo. En sus intervenciones recordaron que la enseñanza va más allá del contenido del taller: es una forma de estar presente, de construir comunidad, de ofrecer y de recibir.
Este tejido invisible, hecho de manos que enseñan y oídos que aprenden, de palabras que animan y silencios compartidos, es el que da sentido a muchos días en los centros de mayores. Una red que Alcalá sigue alimentando desde abajo, con la voluntad colectiva de envejecer acompañados, activos y con ganas de seguir aprendiendo.
