- Cerca de medio centenar de especialistas han participado en la 28.ª Reunión de Cirugía Hepatobiliopancreática organizada por el hospital.
- Las sesiones han abordado la cirugía robótica, los tratamientos antes y después de la intervención, la inteligencia artificial y los modelos tridimensionales.
El tratamiento del cáncer de páncreas ha experimentado cambios relevantes durante las últimas décadas, aunque continúa planteando uno de los mayores desafíos de la oncología. La mejora de las técnicas quirúrgicas, la incorporación de nuevos tratamientos farmacológicos y una planificación cada vez más multidisciplinar han centrado una jornada especializada celebrada en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias.
Cerca de medio centenar de profesionales sanitarios procedentes de distintos puntos de España se han reunido en el centro para participar en la 28.ª edición de la Reunión de Cirugía Hepatobiliopancreática. El encuentro, organizado anualmente por el Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo, ha analizado la evolución del abordaje quirúrgico del cáncer de páncreas y las principales líneas de desarrollo previstas para los próximos años.
La jornada ha contado con especialistas en cirugía general, oncología médica, oncología radioterápica y radiología intervencionista. Esta composición refleja el carácter multidisciplinar que requiere el tratamiento de la enfermedad, en el que las decisiones sobre una posible operación deben coordinarse con las pruebas de imagen, los tratamientos farmacológicos y la situación clínica de cada paciente.
El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores con peor pronóstico, en parte porque suele detectarse cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada. La Sociedad Española de Oncología Médica señala que aproximadamente un 20% de los pacientes puede someterse a una resección quirúrgica en el momento del diagnóstico, mientras que en el resto la extensión del tumor impide inicialmente una intervención con intención curativa.
Las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica y la Red Española de Registros de Cáncer situaron en 10.338 los nuevos diagnósticos previstos en España durante 2025. Los últimos datos disponibles recogen además una supervivencia a cinco años del 12,1% entre las mujeres y del 10,3% entre los hombres diagnosticados entre 2013 y 2017.
La reunión del Príncipe de Asturias se ha estructurado en tres mesas dedicadas al pasado, el presente y el futuro del tratamiento quirúrgico. La primera ha revisado la transformación de unas intervenciones tradicionalmente asociadas a una elevada complejidad y mortalidad hacia procedimientos más estandarizados, con protocolos técnicos y asistenciales destinados a reducir complicaciones.
La correcta ejecución de la cirugía puede influir directamente en el pronóstico, especialmente en operaciones que afectan a estructuras vasculares y órganos próximos al páncreas. Por este motivo, estos procedimientos suelen concentrarse en equipos con experiencia específica y requieren una valoración detallada de la localización, extensión y relación del tumor con los vasos sanguíneos.
Esta primera mesa también ha abordado la evolución de las guías clínicas y el papel de la adyuvancia, término que designa los tratamientos administrados después de la operación. Su objetivo es actuar sobre posibles células tumorales que no hayan podido detectarse o eliminarse durante la intervención y disminuir el riesgo de que la enfermedad reaparezca.
El bloque dedicado al presente se ha centrado en la cirugía mínimamente invasiva y en la incorporación de sistemas robóticos. Estas herramientas permiten realizar movimientos de gran precisión mediante incisiones más pequeñas, aunque su utilización depende de las características del tumor, del estado del paciente y de la experiencia del equipo quirúrgico.
Los especialistas también han analizado la rehabilitación multimodal, un conjunto de medidas aplicadas antes y después de la operación para favorecer la recuperación. Entre ellas se encuentran la valoración nutricional, la preparación física, el control del dolor y la movilización temprana, con el propósito de que el paciente llegue en mejores condiciones tanto a la cirugía como a un eventual tratamiento de quimioterapia.
Otro de los asuntos tratados ha sido la neoadyuvancia, es decir, la administración de quimioterapia u otros tratamientos antes de la intervención. Este planteamiento puede utilizarse para reducir o controlar el tumor, valorar su respuesta y aumentar las posibilidades de operar determinados casos que inicialmente presentan una relación compleja con los vasos sanguíneos próximos.
La llegada de terapias dirigidas a alteraciones genéticas y moleculares concretas también está modificando el tratamiento de algunos pacientes. La oncología de precisión trata de identificar las características biológicas de cada tumor para seleccionar las opciones potencialmente más eficaces, aunque estas estrategias no son aplicables de manera general y dependen de la presencia de biomarcadores específicos.
La última mesa ha explorado tecnologías que todavía se encuentran en diferentes fases de desarrollo o implantación. Entre ellas figuran los algoritmos de inteligencia artificial destinados a estimar la agresividad tumoral, facilitar el análisis de las imágenes médicas o ayudar a planificar la intervención.
También se ha debatido sobre el empleo de reconstrucciones y modelos tridimensionales. Estas representaciones permiten visualizar con mayor detalle la relación del tumor con arterias, venas y otros órganos antes de entrar en el quirófano, una información especialmente relevante en los casos localmente avanzados.
El encuentro ha incluido asimismo técnicas de reconstrucción venosa y arterial para pacientes en los que el tumor afecta a grandes vasos. Estas operaciones amplían las posibilidades quirúrgicas en situaciones seleccionadas, pero requieren equipos altamente especializados y una valoración conjunta para determinar si el beneficio esperado compensa la complejidad de la intervención.
Entre las líneas de futuro planteadas se encuentra la cirugía semiautónoma asistida por tecnología y el uso de fluorescencia para identificar tejidos y márgenes durante la operación. La finalidad es que el cirujano disponga de información adicional en tiempo real y pueda diferenciar con mayor precisión las estructuras que deben conservarse de aquellas que necesitan ser retiradas.
La reunión alcanza su vigesimoctava edición después de casi tres décadas de continuidad. Esta trayectoria ha convertido la convocatoria en un espacio estable para el intercambio de conocimiento entre profesionales dedicados a la cirugía del hígado, las vías biliares y el páncreas.
Los avances expuestos no eliminan las dificultades asociadas a un tumor que habitualmente se diagnostica tarde, pero muestran una evolución hacia tratamientos más coordinados y personalizados. La combinación de cirugía, oncología, radiología, preparación física y nuevas tecnologías será determinante para ampliar el número de pacientes que puedan beneficiarse de una intervención y mejorar sus resultados a largo plazo.
