- La presencia de plagas de cereales demuestra que la cueva de Cruz de la Esquina funcionó anteriormente como granero.
- Otros insectos indican que los cuerpos fueron depositados poco después de morir, cuestionando una interpretación anterior sobre su tratamiento.
Más de 8.000 restos de insectos conservados durante más de un milenio han permitido reconstruir dos usos diferentes de una misma cueva de Gran Canaria. Una investigación liderada por Pedro Henríquez-Valido, de la Universidad de Alcalá, concluye que Cruz de la Esquina funcionó inicialmente como espacio para almacenar alimentos antes de convertirse en una cueva funeraria entre los siglos VII y IX.
El estudio ha sido publicado en la revista científica Antiquity y utiliza la arqueoentomología, una disciplina que analiza insectos procedentes de contextos arqueológicos para reconstruir actividades humanas y procesos ocurridos en el pasado. El equipo examinó más de 8.000 restos de artrópodos recuperados en la cueva, situada en Acusa Seca, y encontró especies vinculadas tanto al almacenamiento de alimentos como a la descomposición de cadáveres.
Una de las claves está en los insectos asociados a los cereales. El 21% de los identificados pertenece a especies consideradas plagas de productos almacenados y estos restos aparecieron en el 76% de las muestras de sedimento analizadas. Su abundancia y distribución llevaron a los investigadores a descartar que procedieran únicamente de pequeñas ofrendas funerarias y a identificar un uso anterior de la cavidad como granero.
Entre las especies encontradas destaca el gorgojo del trigo, un insecto que no puede volar y cuya dispersión depende del transporte humano del cereal infestado. Los investigadores consideran que su presencia constituye un indicador especialmente útil de almacenamiento y plantean que algunos graneros sencillos de Gran Canaria podrían haber pasado inadvertidos al ser clasificados posteriormente únicamente como espacios funerarios.
Los insectos han aportado también información sobre lo que ocurrió cuando cambió la función de la cueva. La presencia de especies relacionadas con las primeras fases de descomposición indica que los cuerpos fueron introducidos en Cruz de la Esquina relativamente poco tiempo después de la muerte y que el proceso continuó dentro de la propia cavidad.
Este resultado cuestiona para este yacimiento interpretaciones anteriores que contemplaban que algunos cadáveres pudieran permanecer expuestos al sol o en el exterior durante un periodo prolongado antes de su traslado a las cuevas funerarias. El trabajo no extiende automáticamente esta conclusión al conjunto de las prácticas indígenas de Gran Canaria, sino que aporta nuevas evidencias sobre el proceso seguido específicamente en Cruz de la Esquina.
La investigación está encabezada por Henríquez-Valido, investigador del área de Prehistoria de la Universidad de Alcalá, junto a Jean-Bernard Huchet, Jacob Morales y Amelia Rodríguez-Rodríguez. El equipo prevé aplicar esta metodología a otras cavidades de Gran Canaria para comprobar si la transformación de antiguos espacios de almacenamiento en lugares funerarios fue un fenómeno más extendido o si Cruz de la Esquina constituye un caso particular.
