- Las carreras se celebrarán el 22 de marzo y el 10 de mayo, con salida prevista en torno a las 12.45 y un límite de 100 inscritos por jornada.
- La convocatoria está dirigida a participantes nacidos entre 2012 y 2020 y se integra en el programa de deporte en edad escolar.
El calendario de deporte base sumará esta primavera dos nuevas citas de bicicleta de montaña para menores. El circuito escolar de MTB se disputará en dos jornadas, previstas para el 22 de marzo en el Arboreto del Mediterráneo y el 10 de mayo en la Ciudad Deportiva Municipal El Val, con pruebas dirigidas a niños y niñas nacidos entre 2012 y 2020.
La convocatoria se enmarca en el programa de deporte en edad escolar y plantea un formato pensado para participantes en etapas de iniciación y formación. No se trata de una prueba abierta al ciclismo competitivo en sentido estricto, sino de un esquema adaptado a edades tempranas, con recorridos cortos, categorías agrupadas y requisitos básicos de seguridad, como el uso obligatorio del casco y la aportación de bicicleta propia.
Cada jornada contará con un máximo de 100 participantes, un tope que, en la práctica, convierte la inscripción previa en un elemento decisivo para quienes quieran tomar la salida. El plazo se cerrará a las 20.00 del jueves anterior a cada competición y los dorsales se recogerán el mismo día de la prueba en la carpa de organización instalada en el circuito. La salida está prevista entre las 12.45 y las 13.00.
La estructura deportiva se divide en dos grandes bloques. El primero, Sub-10, agrupa a las categorías baby, prebenjamín y benjamín, es decir, a los menores nacidos entre 2016 y 2020. El segundo, Sub-14, reúne a los participantes de categoría alevín e infantil, correspondientes a los nacidos entre 2012 y 2015. Esa distribución reduce diferencias de edad dentro de la misma manga y encaja con el planteamiento habitual del deporte escolar, donde el objetivo no es solo clasificar, sino facilitar una práctica competitiva asumible.
También las distancias se ajustan a esa lógica. Las categorías más pequeñas recorrerán un máximo de un kilómetro, con carreras de en torno a cinco minutos, mientras que alevines e infantiles afrontarán recorridos de hasta cinco kilómetros, con tiempos estimados de unos quince minutos. Más que un simple detalle técnico, esa diferencia marca el tipo de prueba: un ciclismo de iniciación, en circuitos controlados y con exigencia progresiva según la edad.
La elección de los espacios tampoco es menor. El Arboreto del Mediterráneo, en el Distrito II, y la Ciudad Deportiva El Val permiten trasladar la competición a dos escenarios muy distintos dentro del mapa deportivo local: uno más vinculado al entorno abierto y otro a una instalación deportiva consolidada. Repartir el calendario entre ambos puntos da además continuidad al circuito y evita que la actividad quede reducida a una única jornada aislada.
El programa prevé premios para los tres primeros clasificados de cada categoría y sexo, salvo en la categoría baby, donde todos los participantes recibirán medalla o diploma. La entrega está prevista hacia las 13.30, una vez concluya la última carrera. Esa combinación entre reconocimiento competitivo y participación general responde a una fórmula habitual en pruebas de base, donde conviven la clasificación y la función de enganche para nuevos deportistas.
Junto al apartado deportivo, la organización ha detallado el sistema de cobertura sanitaria para los menores inscritos. La primera asistencia en caso de accidente se realizará a través de la red sanitaria que corresponda al participante, ya sea pública o privada, y el programa contempla además una póliza complementaria de la Comunidad de Madrid para determinados supuestos derivados de competición, como rehabilitación, material ortopédico o traslados. En pruebas con menores, este tipo de cobertura no es un anexo burocrático, sino una de las piezas que sostienen la viabilidad de la convocatoria.
La incorporación del MTB al calendario escolar refuerza además una tendencia visible desde hace años en el deporte base: la búsqueda de modalidades más allá de los deportes de pabellón o de las disciplinas tradicionalmente mayoritarias. La bicicleta de montaña introduce un componente técnico y de habilidad que amplía la oferta deportiva para familias y escuelas, y lo hace en un formato breve, concentrado en horario matinal y fácilmente reconocible para quienes ya participan en otras competiciones escolares.
Con dos citas separadas por varias semanas, el circuito no solo propone una jornada puntual, sino una pequeña secuencia competitiva dentro de la primavera. Esa continuidad, aunque modesta, da más sentido al calendario y permite que la participación no se agote en una única prueba. En un programa pensado para edades tempranas, ahí está seguramente una de las claves: convertir la competición en rutina y no solo en evento.










