La RSD Alcalá se diluye en Navalcarnero tras un primer tiempo impecable y cae con dos zarpazos finales

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Foto: Víctor García / RSD Alcalá

El fútbol tiene días en los que un equipo hace casi todo bien… menos lo que decide los partidos. Eso le ocurrió al RSD Alcalá en el Marino González. Los rojillos firmaron una primera parte de manual, sometiendo a un Navalcarnero sin respuestas y generando llegadas suficientes para encarrilar el duelo. Pero la película cambió justo antes del descanso con un penalti que reactivó a los locales y, ya en los instantes finales, dos golpes secos dejaron a los complutenses con la sensación de que se habían quedado sin premio por detalles.

El arranque del Alcalá fue de los que entusiasman a cualquier aficionado. Ritmo, presión alta, intensidad en los duelos y un plan clarísimo: atacar por fuera para castigar la espalda de la defensa local. Arribas fue un quebradero de cabeza constante, ganando línea de fondo y poniendo centros que pedían rematador. El primero lo tuvo Edu Viaña, que conectó un cabezazo perfecto que se marchó rozando el poste. Era el aviso de que el partido tenía color rojillo.

La ofensiva complutense no aflojó. Salinas y Nico Sánchez tuvieron una doble ocasión que parecía que debía acabar en gol por insistencia y por claridad, pero el balón siguió sin entrar. El Alcalá rondaba el 0-1 con una sensación de superioridad que hacía pensar que el gol caería por inercia. Y así fue: nueva internada de Arribas por la derecha, centro tenso al área pequeña y Nico Sánchez, esta vez sí, la empujó a la red. Gol merecido, gol trabajado y gol que hacía justicia al guion del encuentro.

El problema es que el fútbol no entiende de justicia, sino de momentos. Y uno de los pocos en los que el Navalcarnero pisó con amenaza el área rojilla terminó en penalti. Los locales no fallaron desde los once metros y se llevaron al descanso un 1-1 que no reflejaba lo visto en el césped. El Alcalá se marchó al vestuario con la sensación de que el partido podía ir mucho más encaminado.

La segunda mitad comenzó con la misma historia: el Alcalá buscando la portería rival y generando peligro. Otra vez un balón suelto tras un centro de Arribas estuvo a punto de convertirse en el 1-2, pero ni Javi Hernández ni Nico pudieron dirigir su disparo. Y a partir de ahí, el encuentro se ensució. Más duelos, menos continuidad, más interrupciones. Un escenario en el que el Navalcarnero se sintió más cómodo.

Con el cronómetro acercándose al minuto 90, lo que no había podido el juego lo lograron los detalles. Un desajuste defensivo permitió a los locales poner el 2-1 en una jugada que cayó como un jarro de agua fría para el Alcalá. Y cuando los rojillos se lanzaron arriba a la desesperada en busca del empate, llegó la sentencia: un contragolpe convertido en el 3-1 definitivo.

El resultado deja lecturas duras pero también señales positivas. El Alcalá mostró por momentos una versión reconocible, vertical y dominante, capaz de someter al rival fuera de casa. Pero también quedó claro que la falta de acierto penaliza al máximo nivel y que los partidos se deciden en las áreas. El equipo tendrá que transformar las buenas sensaciones en puntos para que noches como esta no vuelvan a escaparse.

El calendario no espera, y el Alcalá deberá recomponerse rápido. Porque juego hay. Falta que el marcador lo acompañe.

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