- Las pérgolas de madera permiten crear zonas de sombra estables y convertir terrazas o jardines en espacios habitables durante el verano.
- Hortum trabaja modelos adosados, autoportantes y a medida, con madera tratada para resistir humedad, hongos e insectos.
Llega el calor, y la terraza que durante meses sirvió de almacén improvisado vuelve a reclamar su protagonismo. El problema es que en julio y agosto, entre las once de la mañana y las seis de la tarde, salir ahí fuera puede parecerse más a un castigo que a un placer. Toldos que chirrían con el viento, sombrillas que se vuelcan en cuanto sopla algo, pérgolas de aluminio que acumulan calor. Muchas personas terminan resignadas a mirar su terraza desde dentro, con el aire acondicionado puesto, pensando en todo lo que podrían aprovechar ese espacio.
Para quienes llevan años buscando una solución que no parezca provisional, la respuesta suele pasar por una estructura más seria. Hablamos con Héctor, CEO de Hortum, una empresa especializada en pérgolas de madera que trabaja tanto con particulares que quieren solucionar su terraza como con proyectos más ambiciosos donde el exterior se convierte en parte habitada de la casa.
«La primera pregunta que nos hacen casi siempre es cuánto dura la madera a la intemperie», cuenta Héctor. «Y la respuesta es, mucho más de lo que la gente cree, siempre que esté bien tratada. Nosotros trabajamos con madera de pino nórdico y abeto tratados en autoclave, que es el mismo tratamiento que se usa en obras de construcción. No es pintura superficial que se descascara; el tratamiento penetra en la fibra de la madera y la protege de la humedad, los hongos y los insectos».
Esa durabilidad es uno de los argumentos más frecuentes que esgrimen quienes se deciden finalmente por una pérgola de madera frente a otras opciones. Pero Héctor insiste en que la razón de fondo suele ser otra. «La madera crea un ambiente que el aluminio o el PVC no pueden imitar. Hay algo en la textura, en el color, en cómo filtra la luz entre las vigas, que hace que el espacio se sienta diferente. La gente lo nota enseguida cuando viene a ver los modelos, no es solo sombra, es una estancia con personalidad y confort.»
Desde Hortum trabajan tres líneas principales. Las pérgolas adosadas, que se fijan a la fachada de la vivienda y son la solución más habitual para terrazas de piso o casas con pared disponible. Las autoportantes, pensadas para jardines donde no hay un muro al que anclar la estructura, o donde se quiere crear una zona de sombra en un punto concreto del jardín sin tocar la fachada. Y las pérgolas a medida, para quien tiene unas dimensiones o una estética muy específica en mente.
«El error más habitual que vemos es el de las medidas», explica Héctor. «La gente subestima cuánta superficie necesita cubrir. Una terraza de cuatro por tres metros parece grande sobre el plano, pero cuando te sientas a comer y el sol te da en la nuca porque la pérgola cubre solo los dos tercios, la experiencia cambia mucho. Siempre recomendamos no escatimar en anchura».
Los precios en Hortum arrancan alrededor de los 239 euros para modelos básicos de 4×3 metros, con postes de nueve centímetros y transporte incluido a toda la Península. «No es una compra impulsiva, claro», reconoce Héctor. «Pero tampoco es una obra. La mayoría de nuestras pérgolas vienen en kit con toda la tornillería incluida y se pueden montar en un fin de semana con algo de maña. Y una vez instaladas, duran décadas.»
Una pregunta habitual entre quienes se interesan por estas estructuras es si necesitan algún permiso de obra. La respuesta, como en casi todo lo que tiene que ver con urbanismo, depende del ayuntamiento. Héctor recomienda siempre consultar antes de instalar, especialmente si se trata de una terraza en comunidad de propietarios o una estructura que ocupe una superficie considerable. «En la mayoría de los casos no hay problema, pero es mejor saberlo de antemano que encontrarse con una sorpresa después».
Más allá de la sombra estricta, una pérgola de madera bien instalada sirve como soporte para otras soluciones, una vela tensada encima para mayor impermeabilidad en días de lluvia, macetas colgantes, iluminación de exterior, o incluso plantas trepadoras que en unos años crearán una cubierta vegetal natural. «Ahí es donde la madera gana claramente a otros materiales», apunta Héctor. «Una trepadora se agarra a la madera de forma natural y crea algo precioso. Con el aluminio, eso no funciona igual.»
La temporada de más demanda, lógicamente, va de abril a junio, cuando la gente empieza a pensar en el verano y todavía hay margen para instalar antes del calor. «El que nos llama en agosto ya suele saber que tiene que esperar», admite Héctor con cierto humor. «Pero también atendemos consultas todo el año, porque hay proyectos que conviene planificar con calma, sobre todo si son a medida o implican una reforma mayor del jardín.»
La terraza es parte de la casa, no un espacio de segunda. «Cuando alguien mete la misma inversión en proteger su exterior que en un sofá nuevo para el salón, el cambio que nota en su calidad de vida es enorme. La gente empieza a desayunar fuera, a cenar fuera, a leer fuera. Eso no tiene precio.»










