- El Servicio de Otorrinolaringología celebró el 30 de marzo su primera jornada de actualización con profesionales de centros de salud, especialistas hospitalarios y residentes.
- En 2025 se registraron casi 10.000 intercambios clínicos entre Atención Primaria y el hospital, incluidas cerca de 1.200 derivaciones preferentes y 76 consultas por sospecha de malignidad.
La coordinación entre el centro de salud y el hospital se juega muchas veces en decisiones que deben tomarse con rapidez: cuándo observar, cuándo pedir nuevas pruebas y cuándo derivar a un paciente para una valoración especializada. En patologías como la hipoacusia, el vértigo o la disfagia, ese margen de decisión puede condicionar tanto el tiempo de respuesta como la continuidad del tratamiento. Con esa idea de fondo, el Hospital Universitario Príncipe de Asturias ha reunido este lunes a profesionales de distintos niveles asistenciales en una jornada centrada en la actualización clínica y en la mejora de los circuitos de derivación.
El encuentro, organizado por el Servicio de Otorrinolaringología del hospital, ha sido la I Jornada de Actualización en Patología Otorrinolaringológica para profesionales de Atención Primaria. La sesión se ha celebrado con la participación de alrededor de 80 sanitarios, entre especialistas del propio servicio hospitalario, profesionales de Atención Primaria y personal residente. El objetivo principal ha sido revisar problemas frecuentes de la especialidad y ordenar mejor la respuesta asistencial compartida entre consulta de salud y ámbito hospitalario.
La jornada se ha estructurado en cuatro grandes bloques temáticos: oído, otoneurología, faringe y laringe, y nariz. Dentro de cada uno de ellos se han abordado algunas de las patologías que generan más consultas entre ambos niveles, como la hipoacusia, los acúfenos, el vértigo, la disfonía o la disfagia. Se trata de cuadros muy distintos entre sí, pero con un punto en común: suelen requerir una valoración inicial clara en Atención Primaria y, en determinados casos, una derivación ágil al especialista.
Durante las sesiones se presentaron además protocolos específicos de derivación para varias de estas patologías. La finalidad de esos documentos es ofrecer criterios más homogéneos sobre el manejo inicial, el diagnóstico y los supuestos en los que conviene consultar o remitir un caso al hospital. En la práctica, este tipo de herramientas busca reducir dudas en la toma de decisiones, evitar demoras innecesarias y ordenar mejor la atención al paciente cuando intervienen varios profesionales.
La importancia de esa coordinación queda reflejada en la actividad registrada el último año. A lo largo de 2025, los profesionales de Atención Primaria y los especialistas hospitalarios intercambiaron información clínica de pacientes en casi 10.000 ocasiones. Ese volumen incluye consultas por vía ordinaria, e-consultas, cerca de 1.200 derivaciones preferentes al hospital y 76 consultas realizadas por sospecha de malignidad.
Más allá de la cifra global, esos datos apuntan a una relación cotidiana y sostenida entre ambos niveles asistenciales. No se trata solo de derivar pacientes, sino de compartir información clínica, resolver dudas diagnósticas y decidir con mayor precisión qué casos pueden manejarse desde el centro de salud y cuáles necesitan una evaluación especializada o un seguimiento más estrecho en el hospital.
En especialidades como Otorrinolaringología, donde confluyen síntomas muy frecuentes y otros que pueden alertar de procesos más complejos, esa comunicación resulta especialmente relevante. La pérdida de audición, los zumbidos, los trastornos del equilibrio, las alteraciones de la voz o las dificultades para tragar son motivos de consulta habituales y, en función de su evolución o de los signos asociados, pueden requerir respuestas asistenciales muy diferentes. Disponer de criterios compartidos ayuda a que el circuito sea más claro tanto para los profesionales como para los pacientes.
La jornada también pone de manifiesto una tendencia cada vez más asentada en el sistema sanitario público: reforzar la comunicación entre Atención Primaria y hospitalaria no solo como una cuestión organizativa, sino como una parte del propio proceso clínico. La continuidad asistencial depende en buena medida de que la información circule con rapidez y de que los distintos niveles actúen con criterios coordinados, especialmente en patologías donde el tiempo, la evolución de los síntomas o la sospecha diagnóstica pueden modificar el abordaje.
Con esta primera edición, el hospital abre una línea de trabajo que previsiblemente tendrá continuidad en próximos años. La actualización compartida de conocimientos y la revisión de protocolos no resuelven por sí solas la presión asistencial, pero sí pueden mejorar la respuesta en el día a día y hacer más fluido el paso del paciente entre niveles. En un contexto sanitario en el que la coordinación pesa cada vez más, encuentros de este tipo apuntan a una misma idea: atender mejor no depende solo de sumar recursos, sino también de ordenar mejor cómo se conectan.
