- La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli recorrió este martes la residencia en un acto con presencia de cofradías, vecinos y familiares.
- La saeta de un residente y el recitado del Stabat Mater marcaron el momento más emotivo de una tarde seguida por cientos de asistentes.
Por segundo año consecutivo desde la recuperación de esta cita tras la pandemia, la procesión de Nuestros Mayores volvió este Martes Santo a la Residencia Francisco de Vitoria. La convocatoria mantuvo así una de las estampas más singulares de la Semana Santa complutense: la salida del cortejo hasta un centro residencial para acercar la celebración a personas que, por edad o estado de salud, no pueden seguirla en la calle.
La organización recayó en esta ocasión en la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, con la participación de representantes de las cofradías penitenciales y de la Junta de Cofradías. La ausencia del Santísimo Cristo de la Agonía, cuya salida continúa temporalmente suspendida, redujo el recorrido a un solo paso, lo que dio a la procesión un formato más contenido que en etapas anteriores, pero no alteró su carácter simbólico ni la respuesta del público.
El cortejo estuvo encabezado por la cruz de guía y por los estandartes de las hermandades participantes. Detrás avanzó la talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, portada por sus anderos, en una comitiva que rodeó la residencia ante la mirada de los usuarios del centro, sus familiares, personal sanitario y numerosos asistentes concentrados en el entorno del edificio principal. La escena volvió a subrayar una dimensión poco habitual en este tipo de actos: la de una Semana Santa que sale al encuentro de quienes no pueden desplazarse para verla.
La procesión arrancó a la hora prevista con la interpretación de la Marcha Real a cargo de la Agrupación Musical Jesús de Medinaceli. Después, el recorrido se desarrolló en un formato breve, en menos de una hora, adaptado al espacio de la residencia y al sentido del acto. Más que reproducir una gran estación de penitencia, la cita buscó conservar un gesto de cercanía con los residentes y mantener viva una tradición que durante años ha ocupado un lugar propio dentro del calendario de la Semana Santa local.
Al término del recorrido, el obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares, Antonio Prieto Lucena, presidió una oración centrada en la esperanza y el acompañamiento a las personas mayores. La presencia del prelado reforzó el carácter religioso del acto, al que también asistieron varios representantes públicos, entre ellos la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado; el concejal de Tradiciones y Fiestas Populares, Antonio Saldaña; la concejala de Mayores, Esther de Andrés; la edil de Familia, Pilar Cruz; y los concejales socialistas Alberto Blázquez, Diana Díaz del Pozo y Nicolás Rodríguez, además del exalcalde Bartolomé González.
Uno de los momentos más destacados de la tarde volvió a llegar después de la procesión, cuando uno de los residentes, Francisco Soriano, interpretó una saeta ante los asistentes. Su intervención, ya convertida en uno de los pasajes más esperados de esta visita de Martes Santo, concentró buena parte de la emoción de la jornada y volvió a recibir una respuesta muy visible del público reunido a las puertas del centro.
A esa intervención se sumó este año el recitado del Stabat Mater dolorosa, poema medieval del siglo XIII, a cargo de Francisco Jiménez Manso. La combinación entre la oración final, la saeta y el texto litúrgico añadió una dimensión cultural y devocional a un acto que no se limita al desfile procesional. Ese cierre, arropado por los aplausos de los asistentes, convirtió la visita en algo más amplio que un recorrido breve: una celebración pensada para compartir la Semana Santa con los mayores desde dentro de la propia residencia.
La continuidad de esta procesión responde también a una lógica de fondo dentro de la Semana Santa de Alcalá. Frente a los grandes recorridos del centro histórico, esta cita desplaza el foco hacia un entorno asistencial y pone en primer plano el vínculo entre tradición religiosa, comunidad y cuidados. En ese sentido, su recuperación después de la pandemia no solo ha permitido rescatar una costumbre apreciada, sino también reforzar una de las pocas convocatorias del calendario que sitúan expresamente a las personas mayores en el centro.
El acto salió adelante con la colaboración del Ayuntamiento, el Obispado, la propia Residencia Francisco de Vitoria y la Junta de Cofradías Penitenciales, además de la organización de Medinaceli. En una Semana Santa reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional y con buena parte de su programación concentrada en las calles y templos del casco histórico, la visita a la residencia mantiene un perfil distinto: menos multitudinario, pero especialmente significativo para quienes viven estas fechas desde la distancia obligada de una habitación o una silla junto a la puerta del centro.










