- La Cofradía del Santo Entierro recorrió el centro histórico con tres pasos y el tradicional juramento de silencio.
- El recorrido se desarrolló con las calles a oscuras y el sonido del barandales y los tambores en una de las salidas más concurridas.
La procesión del Santo Entierro volvió a reunir a cientos de personas en el entorno de la Catedral Magistral durante la noche del Viernes Santo, en una de las salidas más concurridas de los últimos años. La cita, una de las más esperadas de la Semana Santa complutense, arrancó con puntualidad a las 23.00 horas en una jornada ya intensa en el centro histórico, después de otros desfiles procesionales celebrados a lo largo del día.
A esa hora, decenas de personas ocupaban ya la Lonja y los accesos próximos al templo, mientras seguían llegando vecinos y visitantes para presenciar la salida de la Cofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores. La elevada asistencia confirmó el tirón de una procesión que, por horario, solemnidad y puesta en escena, se ha consolidado como uno de los momentos más singulares del Viernes Santo.
La comitiva comenzó con la salida del Santísimo Cristo Yacente, precedida por la interpretación del Himno Nacional. A continuación se celebró el tradicional juramento de silencio en la Lonja de la Magistral, uno de los ritos más reconocibles de esta procesión y uno de los elementos que marcan el tono del recorrido desde sus primeros compases. Ese compromiso simbólico con el recogimiento da paso a un desfile en el que la austeridad visual y sonora adquiere un protagonismo poco habitual incluso dentro de la propia Semana Santa.
Tras ese inicio fueron incorporándose al cortejo los tres elementos centrales de la procesión: la cruz de guía, el paso del Cristo Yacente y, cerrando la comitiva, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. El recorrido avanzó lentamente por la plaza de los Santos Niños hasta enfilar la calle Mayor, uno de los tramos con mayor presencia de público antes de que el ambiente se volviera más contenido a medida que el desfile se internaba en calles menos concurridas.
Uno de los rasgos que distinguen esta procesión es precisamente esa transformación del espacio urbano a su paso. Las farolas de las calles por las que discurre el cortejo se apagan, de manera que la oscuridad se convierte en parte central de la escenografía. No se trata solo de un recurso visual: esa falta de iluminación refuerza el carácter de procesión del silencio y altera por completo la percepción del recorrido, que se vive de forma más introspectiva tanto para quienes participan como para quienes observan desde la acera.
En ese contexto, el sonido adquiere un peso especial. La procesión iba precedida por el barandales, encargado de anunciar con sus campanas la llegada de la comitiva y de reclamar silencio al público. A ese sonido se sumaban los redobles de tambor y el acompañamiento musical de la Agrupación Musical Sones de Tajuña, en una combinación que rompe el silencio solo de forma medida y que contribuye a sostener la solemnidad del desfile sin restarle recogimiento.
La singularidad del Santo Entierro dentro del calendario procesional local tiene que ver precisamente con esa mezcla de silencio, oscuridad y ritmo contenido. Frente a otros cortejos de la Semana Santa marcados por una mayor vistosidad o por el acompañamiento constante de bandas, esta salida se apoya en una puesta en escena sobria que busca subrayar la representación de la muerte de Cristo. Ese carácter más austero explica en parte que se haya convertido en una de las convocatorias con más personalidad de la noche del Viernes Santo.
La asistencia registrada este año también refleja la capacidad de convocatoria que mantiene la Semana Santa en la ciudad, especialmente en las procesiones nocturnas. Después de los desfiles de la Soledad y de la Trinitaria de Medinaceli, la presencia de público seguía siendo muy elevada a última hora de la noche, algo especialmente significativo en una jornada con varias citas consecutivas. Lejos de acusar el desgaste del día, el entorno de la Magistral volvió a llenarse para asistir a una salida que conserva un fuerte componente ceremonial.
En la salida estuvieron presentes el obispo de Alcalá de Henares, monseñor Antonio Prieto Lucena, así como varios representantes públicos. Entre las autoridades civiles asistieron la concejala de Mayores, Esther de Andrés; el concejal de Innovación Tecnológica, Transparencia, Gobierno Abierto y Consumo, Víctor Cobo; la concejala de Familia y Juventud, Pilar Cruz; y el portavoz socialista, Javier Rodríguez Palacios, junto a los concejales Alberto Blázquez, María Aranguren y Rosa Gorgues. También acudieron representantes de las cofradías penitenciales de la ciudad encabezados por su presidente, Gregorio Manzanares.
Más allá de la presencia institucional, el peso de la procesión recayó una vez más en la respuesta del público y en la continuidad de una tradición que combina elementos litúrgicos, patrimoniales y populares. La salida del Santo Entierro no es solo una cita religiosa, sino también una de las expresiones más reconocibles de la Semana Santa local, tanto por su capacidad para transformar el centro histórico durante unas horas como por la expectativa que sigue generando año tras año.
El resultado fue una noche de gran afluencia y desarrollo ordenado en la que la procesión volvió a confirmar su lugar destacado dentro del programa del Viernes Santo. La combinación de puntualidad, buena meteorología, alta asistencia y una escenografía marcada por la penumbra y el silencio dejó una de las imágenes más reconocibles de la jornada: la Catedral Magistral como punto de partida de un cortejo que, una vez más, consiguió detener el ritmo habitual de la ciudad para imponer el suyo propio.










