Qué hacer si encuentras un pollito en el suelo durante los días de calor

Vencejo

Fuente: Imagen propia

Con la llegada del calor, los paseos por parques, jardines y calles arboladas dejan una escena cada vez más habitual: un pájaro joven en el suelo, aparentemente indefenso, quieto o dando pequeños saltos sin llegar a volar. La primera reacción suele ser cogerlo, llevárselo a casa o intentar darle agua y comida. Sin embargo, en muchos casos, esa ayuda bienintencionada puede terminar perjudicando al animal.

Durante la primavera y el verano, muchas aves urbanas y silvestres salen del nido antes de dominar el vuelo. Ocurre con gorriones, mirlos, estorninos y otras especies frecuentes en entornos urbanos como Alcalá de Henares. Son aves jóvenes, ya con plumas, que pasan unos días en el suelo o en ramas bajas mientras sus padres siguen cerca, vigilándolas y alimentándolas. Que estén fuera del nido no significa necesariamente que estén abandonadas.

El problema se agrava en los episodios de calor intenso. Las altas temperaturas pueden hacer que algunos polluelos salten antes de tiempo, que los nidos se recalienten o que aves jóvenes acaben en zonas peligrosas, como aceras expuestas al sol, calzadas, patios interiores o lugares con gatos. Por eso conviene saber distinguir cuándo hay que intervenir y cuándo lo mejor es observar desde cierta distancia.

La primera pregunta: ¿es un volantón o un polluelo?

La clave está en observar el aspecto y el comportamiento del ave. Un volantón suele tener el cuerpo cubierto de plumas, aunque todavía conserve un aspecto algo desaliñado. Puede saltar, moverse con cierta agilidad, posarse en bordillos o ramas bajas y hacer pequeños vuelos torpes. Aunque parezca vulnerable, es muy probable que esté en una fase normal de aprendizaje.

En estos casos, cogerlo y llevárselo a casa suele ser un error. Los padres pueden estar cerca, pero no se acercarán mientras haya personas alrededor. Si el ave no está herida ni en peligro inmediato, lo más prudente es alejarse unos metros, observar con discreción y permitir que los adultos continúen alimentándola.

Un polluelo realmente caído antes de tiempo suele presentar otro aspecto. Puede no tener plumas o tener solo plumón, no se sostiene bien, no salta, permanece inmóvil o reclama alimento de forma insistente. También puede estar frío, deshidratado, con heridas visibles o expuesto al sol directo. En ese caso, la situación ya no es un proceso natural de aprendizaje, sino una emergencia de fauna silvestre que requiere orientación especializada.

Qué hacer paso a paso si encuentras un pollito

Antes de actuar, conviene mirar el entorno. A veces el nido está justo encima, en una rama, un alero, una cornisa o un hueco de fachada. Otras veces el ave ha caído a una zona peligrosa, pero puede trasladarse unos metros sin alejarla del lugar donde sus padres podrán localizarla.

La intervención debe ser mínima, rápida y pensada para reducir riesgos. No se trata de “adoptar” al animal, sino de ponerlo a salvo o avisar a quien pueda atenderlo correctamente.

  1. Obsérvalo unos minutos desde cierta distancia. Si tiene plumas, salta y no está herido, probablemente sea un volantón.
  2. Si está en una carretera, acera muy transitada o zona con gatos, muévelo a un lugar cercano y seguro, como una rama baja, un seto o una zona elevada.
  3. Si el nido es visible y accesible, puede devolverse con cuidado, siempre que no haya riesgo para la persona ni para el animal.
  4. Si está sin plumas, herido, muy débil, con sangre, con un ala caída, bajo el sol directo o ha sido atacado por un gato, contacta con un centro de recuperación o con emergencias.
  5. Si se trata de una especie que no puede desenvolverse en el suelo, como ocurre de forma característica con los vencejos, pide indicaciones cuanto antes.
  6. No lo alimentes ni le des agua por tu cuenta, salvo indicación expresa de un profesional.

La idea de que los padres rechazarán a una cría porque una persona la ha tocado es uno de los mitos más extendidos. Si hay que mover al ave unos metros para apartarla de un peligro inmediato, puede hacerse con cuidado, usando una tela o papel si es posible, y dejándola cerca del punto en el que apareció. Lo importante es no manipularla más de lo imprescindible.

El calor cambia la urgencia, pero no siempre la respuesta

En días de temperaturas muy altas, un pollito en una acera a pleno sol puede deteriorarse rápido. El suelo acumula calor, el ave puede deshidratarse y el estrés de la manipulación también empeora su estado. Por eso, si el animal está inmóvil, jadea, mantiene las alas abiertas, no reacciona o se encuentra en una zona sin sombra, hay que actuar con más rapidez.

Eso no significa llevarlo directamente a casa ni improvisar una dieta. Las crías de ave tienen necesidades muy concretas según la especie, la edad y el estado físico. El pan, la leche, las galletas, el arroz, los embutidos o las semillas no son soluciones adecuadas para la mayoría de polluelos. Incluso el agua, si se administra mal, puede entrar por las vías respiratorias y causar daños graves.

Si hay que protegerlo mientras se recibe indicación profesional, lo más seguro suele ser colocarlo en una caja de cartón ventilada, con una tela suave o papel absorbente en el fondo, en un lugar tranquilo y templado. No conviene enseñarlo, tocarlo continuamente ni dejar que niños o mascotas se acerquen. El objetivo es reducir el estrés hasta que se indique el siguiente paso.

Vencejos, golondrinas y aviones: parecidos, pero no iguales

En verano es habitual confundir vencejos, golondrinas y aviones comunes, tres aves muy ligadas a pueblos y ciudades. Todas pueden aparecer cerca de edificios, tejados, patios y calles, pero no se comportan igual cuando acaban en el suelo. Por eso no conviene aplicar una única norma para todos los casos.

El vencejo es el caso más delicado. Es un ave de vida casi aérea, con alas largas y forma de guadaña, que pasa gran parte del tiempo volando. Si un vencejo está en el suelo, normalmente no está en una situación normal. Puede tratarse de una cría caída del nido, de un adulto agotado o de un ejemplar herido. No hay que lanzarlo al aire: si está sano y preparado para volar, puede despegar desde una mano abierta en un lugar seguro, pero si no lo hace debe recibir atención especializada.

Las golondrinas y los aviones comunes son diferentes. Pueden posarse y moverse de otra manera, aunque sus crías también pueden caer de nidos situados en aleros, cornisas o fachadas. Si el ejemplar es un volantón con plumas, activo y sin lesiones, puede que sus padres sigan atendiéndolo. Si es una cría sin plumas, está herida, ha caído con el nido, permanece inmóvil o queda expuesta al sol, sí necesita ayuda profesional.

La regla, por tanto, no es “solo ayudar a los vencejos”. La regla correcta es valorar el estado del animal y el riesgo inmediato. Un gorrión volantón sano puede necesitar solo que nos alejemos. Un mirlo joven en mitad de una calzada puede necesitar que lo movamos a un seto cercano. Una cría de golondrina sin plumas, un avión caído con el nido o cualquier ave atacada por un gato debe ser atendida como un caso de riesgo.

A quién llamar en Alcalá y la Comunidad de Madrid

En la Comunidad de Madrid, los animales silvestres heridos o enfermos pueden ser derivados al Centro de Recuperación de Animales Silvestres, conocido como CRAS Félix Rodríguez de la Fuente, ubicado en Tres Cantos. Este centro atiende fauna silvestre herida, enferma o que necesita recuperación antes de volver al medio natural.

Ante una situación urgente, especialmente si el ave está herida, atrapada, en una vía pública o en una zona de riesgo, se puede llamar al 112 para que indiquen cómo proceder y deriven el aviso a los servicios correspondientes. También se puede contactar con el SEPRONA de la Guardia Civil a través del 062 cuando se trate de fauna silvestre protegida, posibles infracciones ambientales o animales en peligro.

En Madrid también trabaja GREFA, una entidad especializada en recuperación de fauna salvaje con hospital en Majadahonda y equipo de rescate. Para los vecinos de Alcalá, puede ser útil tener localizados varios recursos: el 112 para emergencias, el 062 para SEPRONA, el CRAS de la Comunidad de Madrid y entidades especializadas como GREFA cuando el caso encaje con su ámbito de actuación.

Al llamar, conviene aportar información concreta: ubicación exacta, especie si se reconoce, tamaño aproximado, si tiene plumas o no, si se mueve, si hay sangre o lesiones visibles, si hay nido cerca y si existen peligros inmediatos como tráfico, gatos o exposición directa al sol. Una foto tomada sin manipular al animal puede ayudar, pero no debe retrasar la llamada si el ave está en mal estado.

Errores frecuentes que conviene evitar

La buena voluntad no siempre se traduce en una buena intervención. En fauna silvestre, a veces la mejor ayuda es no interferir o hacerlo solo lo imprescindible. Un pollito sano que está aprendiendo a volar tiene más opciones de sobrevivir con sus padres que en una caja dentro de una vivienda.

Entre los errores más habituales están llevarse el ave a casa “por si acaso”, darle pan o leche, intentar criarla sin experiencia, manipularla constantemente, alejarla demasiado del punto donde apareció o soltarla en otro parque pensando que estará más tranquila. También es un error publicar avisos pidiendo adopción: no se trata de animales domésticos, sino de fauna silvestre que debe volver a su entorno cuando sea posible.

Otro fallo frecuente es esperar demasiadas horas cuando el animal está claramente herido. Si hay sangre, fractura aparente, ataque de gato, golpe contra una ventana, debilidad extrema o ausencia casi total de plumas, la prioridad debe ser contactar con profesionales. En esos casos, cada hora puede ser relevante.

Convivir mejor con las aves urbanas

Los pollitos caídos no son una rareza, sino parte de la vida de las aves en ciudades y pueblos. Alcalá de Henares, con sus parques, riberas, patios, cascos históricos, tejados y zonas ajardinadas, ofrece refugio a muchas especies que conviven cerca de las personas. Esa cercanía hace que los encuentros sean frecuentes, pero también obliga a actuar con cierta responsabilidad.

Pequeñas medidas pueden ayudar sin interferir directamente en la crianza. Mantener a los gatos controlados, evitar podas agresivas en plena temporada de cría, respetar los nidos, no cerrar huecos con actividad visible y colocar puntos de agua seguros en episodios de calor puede marcar la diferencia. En terrazas o patios, el agua debe estar en recipientes poco profundos para evitar ahogamientos y cambiarse con frecuencia para que no se convierta en foco de suciedad.

También conviene asumir que no todos los casos tendrán final feliz. La naturaleza incluye caídas, depredación, enfermedades y aprendizajes fallidos. La intervención humana debe centrarse en los supuestos en los que realmente puede mejorar la supervivencia del animal: heridas, peligro inmediato, caída prematura, especies que requieren manejo especial o situaciones provocadas por la actividad humana.

Qué recordar antes de actuar

Encontrarse un pollito en el suelo despierta una reacción lógica de protección, pero la respuesta adecuada depende del caso. Si tiene plumas, se mueve y no está en peligro, probablemente sea un volantón y sus padres sigan cerca. Si está desnudo, herido, débil, expuesto al calor extremo, ha sido atacado por un gato o pertenece a una especie que no puede desenvolverse en el suelo, necesita ayuda especializada.

La regla general es sencilla: observar primero, intervenir lo mínimo, no alimentar, no dar agua sin indicación y pedir orientación cuando haya dudas. En la Comunidad de Madrid, el 112, el SEPRONA a través del 062, el CRAS y entidades especializadas como GREFA son referencias útiles para canalizar estos avisos.

En años de veranos cada vez más calurosos, estos encuentros pueden hacerse más visibles en calles y parques. Saber actuar con calma evita rescates innecesarios, reduce daños y mejora las opciones de supervivencia de unas aves que, en muchos casos, no están abandonadas: simplemente están aprendiendo a vivir fuera del nido.

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