- Corte total en el km 24,5 de la M‑300 durante cinco semanas; desvío principal por M‑224 y M‑203 y pasos provisionales para peatones y ciclistas.
- Vecinos de Villalbilla, El Viso, Torres y Corpa denuncian caravanas de más de una hora y escasa regulación en cruces clave.
Las obras en el puente de Zulema han colocado la paciencia de miles de conductores al límite. El cierre total del paso —necesario para reparar y ensanchar el tablero— ha desplazado el tráfico a itinerarios alternativos que no absorben la demanda en hora punta. El tapón afecta a los accesos a Alcalá, con especial incidencia hacia La Garena, y ha convertido el arranque de la intervención en un episodio de colas persistentes y malestar generalizado.
Desde el inicio del cierre, las retenciones se han sentido más allá del Gurugú y en los ramales hacia M‑224, M‑204 y M‑203. Los regidores del entorno, que consideran la obra necesaria por razones de seguridad y capacidad, definieron el inicio como caótico por la falta de regulación manual suficiente en rotondas y cruces que han funcionado al límite de su capacidad.
“Todo colapsado. Una hora mínimo en llegar de Villalbilla a La Garena. Cero presencia policial. Nos dejan a nuestra suerte”, afirma una vecina de Villalbilla. “¡La que se ha liado con las obras del puente de Zulema! Caravanas de más de una hora”, señala otra residente del mismo municipio. “Es una vergüenza. Seremos más de 70.000 habitantes entre Villalbilla, El Viso, Torres de la Alameda y Corpa como para que nos dejen solo un carril para salir de aquí”, protesta un vecino de Peñas Albas. “Nos han aislado y dejado a nuestra suerte”, resume una vecina de Torres de la Alameda.
La Comunidad de Madrid mantiene el corte total en el km 24,5 de la M‑300 con una previsión de cinco semanas. El objetivo técnico es ganar seguridad y espacio en el tablero, además de mejorar la accesibilidad al entorno del río Henares y Los Cerros. Como itinerario principal se ha habilitado el desvío por M‑224 y M‑203, junto a pasos provisionales para peatones y ciclistas.
Las demoras no solo afectan a la movilidad privada. Responsables municipales trasladan su preocupación por las emergencias: un traslado sanitario desde el Hospital Universitario Príncipe de Asturias hasta Villalbilla llegó a tardar alrededor de 40 minutos, un registro muy por encima de lo habitual incluso con prioridad de paso. El transporte público interurbano ha ajustado recorridos y horarios, con supresión temporal de paradas en el entorno del Gurugú y retrasos concentrados en primeras horas y retornos vespertinos.
Las reclamaciones se repiten entre usuarios y ayuntamientos: señalización previa y visible de los itinerarios alternativos, presencia policial en los cuellos de botella para ordenar el paso en hora punta e información en tiempo real para repartir la demanda por franjas. También piden coordinación permanente con el 112 y corredores rápidos para ambulancias y vehículos de seguridad.
Si estas medidas se intensifican y se ajustan a la demanda por franjas horarias, el cierre podrá completarse con menor impacto. Si no se refuerza la regulación, el atasco crónico tenderá a consolidarse, con costes crecientes en tiempos de desplazamiento y puntualidad del bus. La evolución de los tiempos de respuesta de ambulancias y la regularidad de las líneas interurbanas serán los termómetros más fiables del plan de desvíos.
