- La rehabilitación, iniciada a comienzos de 2023, prevé terminar a finales de este año tras una parada de seis meses en 2025 por restos arqueológicos.
- La apertura se plantea para el segundo trimestre de 2027, con una gran sala de congresos y nuevos espacios museísticos, expositivos y de archivo.
La rehabilitación del antiguo Cuartel del Príncipe —hoy Edificio Cisneros de la Universidad de Alcalá— encara su tramo decisivo tras casi tres años de obras en uno de los inmuebles históricos de la manzana cisneriana. El proyecto, que combina la recuperación arquitectónica con la creación de nuevos usos culturales y académicos, avanza ya con buena parte de los trabajos estructurales completados.
Según la planificación actual, la obra concluirá previsiblemente a finales del presente año. A partir de ahí, el calendario contempla una fase de dotación de equipamiento y puesta a punto que permitiría inaugurar el edificio en el segundo trimestre de 2027. Esta previsión supone un ajuste de unos cuatro meses respecto a las estimaciones iniciales, en un proceso que también estuvo condicionado por la aparición de restos arqueológicos, que obligó a paralizar los trabajos durante seis meses en 2025.
En una visita reciente a las instalaciones, responsables de la Oficina de Gestión de Infraestructuras y Mantenimiento (OGIM) de la Universidad de Alcalá explicaron el grado de ejecución de las actuaciones. En ese recorrido participaron también el rector, José Vicente Saz, y la alcaldesa, Judith Piquet, además de representantes de los equipos de gobierno de ambas instituciones.
El estado de la intervención se aprecia especialmente en el apuntalamiento y consolidación de la envolvente y de la estructura interna, uno de los capítulos más delicados en edificios históricos. Con esa fase avanzada, las paredes empiezan a quedar revestidas y los espacios van tomando forma, con una distribución interior cada vez más definida.
Uno de los ejes del proyecto es la futura infraestructura para congresos y actividades de gran formato. En la primera planta de la crujía situada en la calle San Diego se están configurando salas polivalentes que ya cuentan con sus tabiques, a falta de las puertas de cristal que, en el diseño previsto, permitirán que funcionen como espacios independientes o como un gran conjunto conectado.
Esta solución busca aportar flexibilidad a la programación: desde reuniones o seminarios simultáneos hasta eventos en los que el edificio funcione como una sola pieza. La propuesta se complementa con una gran sala de congresos incluida en el proyecto y, sumadas, ambas áreas podrían rozar una capacidad total cercana al millar de personas.
La ampliación de superficie prevista en esta zona alcanza los 9.000 metros cuadrados, con un reparto de usos pensado para reforzar la dimensión cultural y patrimonial de la Universidad. Entre los espacios mencionados figuran la ampliación del Museo de Arte Iberoamericano (MAI), una nueva ubicación para el Archivo de la Universidad y el Museo de las Artes Gráficas Ángel Gallego Esteban–Universidad de Alcalá.
La programación museística incluye también una sala dedicada a la obra del humorista gráfico Antonio Fraguas, ‘Forges’, además de otras dependencias administrativas. La idea de conjunto es que el edificio no sea únicamente un contenedor recuperado, sino un nodo capaz de concentrar actividad expositiva, documental y de servicios.
El proyecto deja, además, 3.600 metros cuadrados rehabilitados y preparados para una segunda fase en la que se decidirán contenidos y usos. Para esa reserva estratégica se han venido barajando posibilidades diversas, desde instalaciones deportivas u oficinas hasta nuevos espacios de uso académico, en función de las necesidades que se definan más adelante.
Esa segunda fase incorpora también una intervención exterior: la apertura de una zona ajardinada conocida como Salón de la Ciudad, concebida para conectar peatonalmente el callejón de San Pedro y San Pablo con la calle Azucena. Bajo ese ámbito, el planteamiento prevé la construcción de un aparcamiento subterráneo, una actuación que, de materializarse, combinaría mejora del espacio público y capacidad de estacionamiento en el entorno.
En paralelo al avance de la obra, el debate sobre los usos y el impacto urbano sigue abierto: la recuperación del Edificio Cisneros no solo amplía la huella de la Universidad en el centro histórico, sino que introduce nuevas piezas culturales y de actividad que, si se confirman los plazos, empezarán a operar a partir de 2027.
