- Alcalá mantiene un modelo distinto al de otras ciudades, sin cierres fijos por tipo de vehículo
- El sistema solo se activará si la contaminación sube de forma continuada durante varias horas
El debate sobre cómo reducir el tráfico más contaminante en los centros urbanos lleva años instalado en muchas ciudades españolas. En ese contexto, la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) del Casco Histórico de Alcalá de Henares afronta 2026 sin un giro de guion: el esquema se mantiene y vuelve a apoyarse en un criterio que pretende ajustar las limitaciones al nivel real de contaminación.
La base legal es la Ley 7/2021 de cambio climático y transición energética, que impulsa a los municipios de más de 50.000 habitantes a contar con una ZBE. En Alcalá, el sistema comenzó a aplicarse a principios de 2025 y, a diferencia de modelos con restricciones permanentes, liga las medidas a los picos de dióxido de nitrógeno (NO2). Eso significa, en la práctica, que el escenario habitual será el de circulación sin cambios, y que las limitaciones solo entrarían en juego durante episodios de contaminación.
Un umbral: 180 μg/m³ para activar el protocolo
El punto de partida es sencillo: si el NO2 se mantiene por debajo de 180 microgramos por metro cúbico, no se aplican restricciones de acceso por etiqueta. En ese tramo pueden circular por la ZBE tanto los vehículos con distintivo ambiental (B, C, ECO y CERO) como los que carecen de etiqueta.
El protocolo empieza a operar cuando se rebasa ese umbral. La activación no depende de una medición puntual, sino de que la situación se sostenga en el tiempo y se confirme en más de una estación de medida: cuando el nivel de NO2 se sitúa por encima de 180 μg/m³ y se mantiene durante dos horas consecutivas en dos estaciones.
Fase 2: primera limitación para vehículos sin etiqueta y cambios en la zona azul
La primera etapa de restricciones se describe como moderada. En este caso, el rango de NO2 se sitúa entre 180 y 200 μg/m³ durante dos horas consecutivas en dos estaciones de medida.
Con esa activación, los vehículos sin distintivo ambiental no podrían acceder a la ZBE. Los vehículos con etiqueta B sí podrían entrar, pero con un matiz relevante: podrían circular, pero no estacionar en la zona azul dentro del ámbito afectado. Los vehículos con etiqueta C, ECO y CERO mantendrían la posibilidad de circular y aparcar.
Fase 3: se endurece el acceso y se amplía la restricción a la etiqueta B
La fase severa elevaría el nivel de restricciones sobre el tráfico. En este escenario, además de los vehículos sin etiqueta, tampoco podrían acceder los vehículos con distintivo B.
Para los vehículos con etiqueta C, el protocolo contempla acceso con limitaciones de aparcamiento en la zona azul. En la práctica, los vehículos ECO y CERO serían los que conservarían la movilidad con más margen.
Fase 4: el escenario más extremo, con acceso prácticamente reservado a CERO
El último escalón está pensado para un episodio de contaminación muy intenso. Si el NO2 superase los 400 μg/m³ y esa situación se mantuviera durante tres horas consecutivas, el protocolo pasaría a su fase más restrictiva.
En ese caso, los vehículos sin etiqueta, B y C quedarían fuera del acceso. Los ECO podrían circular pero con la prohibición de aparcar, y los CERO serían los únicos con acceso sin restricciones.
Cómo saber si hay restricciones ese día
En un sistema que depende de la contaminación en tiempo real, la información es clave. El despliegue de la ZBE ha incluido paneles informativos en puntos de acceso al Casco Histórico y un sistema de control por cámaras de lectura de matrículas para verificar entradas durante periodos de restricción.
En paralelo, los datos de calidad del aire del entorno de Alcalá se publican de forma continua en los canales de la red regional de medición. La combinación de esos indicadores con la señalización en los accesos es la referencia práctica para conductores que necesiten entrar en la ZBE y quieran anticipar si el protocolo está activo.
Continuidad en 2026: menos cambios y más vigilancia a los picos
La previsión para 2026 es de continuidad: no se plantea un cambio general de reglas, sino mantener un sistema diseñado para actuar solo cuando la situación lo justifique. Para los vecinos y quienes se mueven a diario por el Casco Histórico, la diferencia con otras ciudades es clara: la ZBE no se traduce, por defecto, en un cierre permanente por etiquetas, sino en un protocolo escalonado que se activa únicamente si la contaminación lo exige.
Esa filosofía, sin embargo, también tiene su cara práctica: si se produjera un episodio, la restricción no se limitaría al acceso, sino que afectaría a la forma de aparcar (sobre todo a los vehículos con etiqueta B y C) y obligaría a estar atentos a la señalización y a los avisos vinculados a la calidad del aire.
