- La campaña “Dulces de las Ciudades Patrimonio” propone recorrer obradores tradicionales de las tres ciudades Patrimonio de la Humanidad de la Comunidad de Madrid.
- ASEMPAS impulsa una iniciativa que combina turismo cultural y repostería artesanal para destacar sabores locales.
En las ciudades Patrimonio de la Humanidad de la Comunidad de Madrid, la historia no solo se recorre en plazas, palacios y monasterios. También se saborea. En cada obrador tradicional hay una parte de la memoria colectiva que ha sobrevivido gracias a recetas transmitidas generación tras generación. Con esa idea nace una nueva campaña que invita a mirar estos municipios desde otra perspectiva: la de quienes elaboran, en silencio y a mano, los dulces que han acompañado su identidad durante siglos.
La Asociación de Empresarios Artesanos del Sector de la Pastelería y Panadería de Madrid (ASEMPAS) ha puesto en marcha una propuesta que une patrimonio cultural y gastronomía. La iniciativa plantea visitar pastelerías artesanas de Alcalá de Henares, Aranjuez y San Lorenzo de El Escorial, tres ciudades reconocidas por la UNESCO, para descubrir cómo su tradición repostera forma parte del relato histórico de cada localidad. La campaña llega con el apoyo de los ayuntamientos y busca ofrecer una experiencia que complemente los recorridos monumentales habituales.
En Alcalá de Henares, el icono repostero más conocido es la costrada, un milhojas de hojaldre relleno de crema y merengue que forma parte del imaginario colectivo alcalaíno. A esta se suman las rosquillas de yema, las almendras garrapiñadas elaboradas por las Clarisas de San Diego y las tradicionales tejas de almendra. Más allá de la receta, estas elaboraciones muestran un vínculo entre la ciudad y su pasado, desde la influencia conventual hasta la pervivencia de obradores familiares que continúan trabajando de manera artesanal.
Aranjuez aporta a la ruta uno de sus símbolos culinarios más reconocibles: el fresón, cultivado históricamente en sus huertas junto al Tajo. La campaña destaca no solo su valor agrícola, sino también la variedad de postres en los que se emplea, desde tartas y mousses hasta preparaciones tradicionales elaboradas en obradores centenarios. Los hojaldres característicos de la zona y propuestas como la tarta goyesca muestran un repertorio que combina producto local y técnicas que se han mantenido vivas durante generaciones.
San Lorenzo de El Escorial completa el recorrido con la bizcotela, un dulce de origen cortesano cuyo antecedente aparece en el Arte de Repostería del siglo XVIII. Adoptada por el municipio y reinterpretada a lo largo del tiempo, la receta se consolidó especialmente durante el auge de la industria chocolatera de la localidad a principios del siglo XX. Hoy, los obradores siguen elaborándola con coberturas tradicionales que mantienen el carácter histórico del postre.
La iniciativa también pone el foco en la importancia del Sello Artesano de Calidad, creado por ASEMPAS en 2018 para distinguir a las pastelerías que emplean métodos tradicionales y garantizan la autenticidad de sus productos. El distintivo busca dar visibilidad al trabajo de estos obradores y reforzar la confianza del consumidor en un sector que mantiene vivas técnicas que forman parte del patrimonio gastronómico de la región.










