El servicio regional contra tecnoadicciones atendió a 1.570 jóvenes en Alcalá y alerta del repunte de ‘sexting’

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El Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas (SAAT) de la Comunidad de Madrid, especializado en el abordaje del uso problemático de videojuegos, redes sociales y juegos en aplicaciones entre adolescentes, ha detectado un aumento de los casos vinculados al sexting en los últimos años. El coordinador del recurso, Pedro Coba, lo ha señalado en declaraciones difundidas por Europa Press, en un contexto de creciente preocupación por los riesgos asociados a la exposición temprana a dispositivos móviles.

En clave local, el servicio contabiliza 1.570 personas atendidas en su punto de intervención de Alcalá. La cifra sitúa a la ciudad como uno de los municipios con mayor volumen de casos fuera de la sede principal de Madrid capital, donde se registran 39.976 atenciones. Por detrás aparecen Torrelodones (1.011), Móstoles (435) y Pozuelo de Alarcón (14), según el balance difundido por la administración autonómica.

El SAAT se creó en 2018 con un enfoque preventivo y terapéutico para adolescentes de 12 a 17 años y sus familias. La idea de partida, según explican desde el propio servicio, fue anticiparse a un fenómeno que se estaba normalizando en el entorno escolar y familiar: un acceso cada vez más temprano a internet y a dinámicas de recompensa digital que pueden derivar en pérdida de control, conflictos en casa o deterioro del rendimiento académico.

Pedro Coba ha explicado que el criterio para iniciar una intervención no es el tiempo de pantalla en sí, sino el impacto funcional en la vida del menor. Entre las señales de alerta que manejan los profesionales figuran las bajadas de notas, el empeoramiento del sueño, el abandono de actividades, el aislamiento social, la irritabilidad o la ansiedad cuando no hay acceso al móvil u otros dispositivos. En la práctica, el servicio trabaja con familias que llegan “asustadas y desconcertadas”, según el coordinador, y plantea pautas y acuerdos sobre normas y límites en casa para construir lo que define como un “bienestar digital” en el entorno doméstico.

Las terapias del SAAT, de carácter gratuito, combinan técnicas grupales con sesiones individuales de evaluación y seguimiento. La duración habitual se sitúa entre tres y seis meses, con una tasa de éxito superior al 80%, de acuerdo con los datos comunicados por la Comunidad de Madrid. El servicio contempla también acompañamiento a madres y padres, una pieza clave para sostener los cambios de hábitos más allá de la consulta.

La prevención es el otro pilar del programa y, según el equipo, se ha vuelto imprescindible a medida que cambian las plataformas y los usos adolescentes. Los talleres y charlas —presenciales y online— se actualizan en función de tendencias detectadas: el bloque sobre redes sociales se ha dividido en dos para incorporar aspectos como TikTok, algoritmos, viralidad e influencers, y este semestre se ha añadido por primera vez una sesión sobre el papel de la Inteligencia Artificial en la vida social. Los profesionales señalan que, además del uso académico, algunos adolescentes recurren a estas herramientas para hablar de problemas personales.

El repunte del sexting aparece en este marco de hábitos digitales intensivos, pero también de exposición a contenidos sexualizados y a dinámicas de presión social online. Aunque el servicio no detalla en estas cifras cuántos casos concretos responden a sexting, el aviso apunta a una evolución del problema: junto al enganche a videojuegos o redes, emergen conductas de riesgo vinculadas a la intimidad, la imagen y la circulación de contenidos.

La ampliación del SAAT a municipios como Alcalá responde, según la Comunidad de Madrid, al aumento de la demanda y a la necesidad de acercar la atención especializada fuera de la capital. En la práctica, contar con un punto de intervención en la ciudad reduce barreras para familias que, de otro modo, tendrían que desplazarse para acceder a terapia y orientación.

Para la comunidad educativa y las familias complutenses, el mensaje del servicio es doble: identificar señales tempranas y pedir ayuda cuando el uso de la tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en un foco de malestar o conflicto. El reto, subrayan desde el SAAT, no pasa por demonizar el mundo digital, sino por equilibrarlo con rutinas saludables, vínculos presenciales y normas claras que se mantengan en el tiempo.

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