- El hongo Cordyceps existe realmente y afecta a ciertos insectos, pero… ¿podría llegar a infectar a los humanos?
- Analizamos qué hay de cierto y qué es pura ficción en la serie que ha revolucionado la televisión.
Con la segunda temporada de The Last of Us ya en marcha, el miedo (y la fascinación) por el hongo Cordyceps vuelve a estar en boca de todos. La serie, basada en el videojuego homónimo, plantea un escenario postapocalíptico en el que una cepa mutada de este hongo parasita el cerebro humano, convirtiendo a las personas en criaturas violentas y sin voluntad propia. Pero, más allá de la ficción, ¿hay base científica para imaginar algo parecido?
El Cordyceps es un género de hongos parásitos que infecta, principalmente, a insectos y otros artrópodos. Al entrar en el cuerpo del huésped, el hongo lo invade desde dentro, toma el control de su sistema nervioso y modifica su comportamiento. En muchos casos, obliga al insecto a trepar a zonas elevadas antes de matarlo, para luego crecer y esparcir sus esporas desde allí.
Además, a diferencia de muchos virus o bacterias, el Cordyceps no se transmite de un insecto a otro mediante contacto directo, sino que libera esporas al ambiente que infectan al huésped por vía externa. Este método de contagio lo hace aún menos compatible con una posible transmisión entre humanos.
Este fenómeno se ha observado especialmente en hormigas, y ha sido documentado por múltiples investigaciones. El proceso es tan impactante que ha sido apodado como «el hongo zombi».
Actualmente, no hay evidencia científica de que el Cordyceps pueda infectar a seres humanos. El salto entre especies implica barreras biológicas muy complejas, que el hongo no ha demostrado ser capaz de superar. Además, el sistema inmunológico humano y su estructura celular son muy distintos a los de los insectos.
Eso sí, la serie introduce una explicación creativa: un aumento de la temperatura global habría obligado al hongo a adaptarse para sobrevivir en ambientes más cálidos… incluyendo el cuerpo humano. Esta teoría, aunque interesante, sigue sin respaldo científico directo, aunque algunos expertos reconocen que el cambio climático podría, en el futuro, alterar la distribución y el comportamiento de muchos hongos.
Para que un hongo como el Cordyceps pudiera infectar a humanos, tendría que superar múltiples barreras evolutivas: adaptarse a una temperatura corporal constante de 36-37 ºC, esquivar el sistema inmunológico humano, y desarrollar mecanismos para afectar el sistema nervioso central. Además, debería poder propagarse entre personas, algo extremadamente complejo para un hongo con ese perfil.
Hasta ahora, ningún estudio ha demostrado que una cepa de Cordyceps esté evolucionando en esa dirección. Sin embargo, científicos como Arturo Casadevall (Universidad Johns Hopkins) sí han advertido de que los hongos, como grupo, podrían volverse más peligrosos para los humanos si las temperaturas globales siguen aumentando, obligándolos a adaptarse a condiciones similares a las del cuerpo humano.
Otro riesgo creciente en el ámbito de la micología es la resistencia antifúngica. Aunque no se ha observado en Cordyceps, sí se ha documentado ampliamente en hongos como Candida auris o Aspergillus fumigatus. Estos organismos, cada vez más difíciles de tratar, representan un desafío para la salud pública, especialmente en contextos hospitalarios. La OMS ya ha incluido a varios hongos en su lista de amenazas emergentes.
Aunque el Cordyceps no sea un riesgo, hay otros hongos que sí pueden afectar gravemente a la salud humana. El Candida auris, por ejemplo, es un hongo emergente que ha causado brotes hospitalarios en varios países. Es resistente a antifúngicos y puede ser letal en pacientes con el sistema inmunodeprimido. Algunos científicos apuntan a que su aparición está vinculada al calentamiento global.
A diferencia de los zombis clásicos de la ficción, los ‘infectados’ en The Last of Us no están muertos. Son personas vivas controladas por el hongo, lo que añade una dimensión mucho más perturbadora y cercana al mundo real.
The Last of Us juega precisamente con ese límite entre lo real y lo imposible. El hongo existe, el cambio climático también, y la ciencia no deja de sorprender. Pero a día de hoy, el escenario apocalíptico que plantea la serie sigue siendo pura ficción. Fascinante, eso sí.
Y en todo caso, si alguna vez llegara… que nos pille con la linterna cargada.










