- La prueba volvió a llenar la ciudad de deporte, disfraces y ambiente festivo en la mañana del 31 de diciembre.
- La edición dejó récords deportivos y algunas incidencias en la publicación de clasificaciones.
El último día del año volvió a tener un ritual propio en Alcalá: despedir 2025 corriendo. La San Silvestre Complutense regresó el 31 de diciembre con ese punto de mezcla entre deporte y fiesta popular —disfraces, familias, música y ambiente de calle— que hace de la prueba algo más que un 10K. Esta edición, además, dejó titulares en lo deportivo… y también preguntas sobre la organización.
La jornada arrancó desde primera hora en la Ciudad Deportiva Municipal del Val, con una novedad relevante: la salida se trasladó a la Pista de Atletismo Antonio Fernández Ortiz. Antes de la carrera absoluta se celebraron las pruebas de menores, con recorridos adaptados para categorías inferiores, en una mañana pensada para que la participación fuese intergeneracional y no solo competitiva.
A las 11:15 horas se dio el pistoletazo de salida de la prueba reina. El recorrido, ya reconocible para quienes repiten cada año, combinó tramos amplios y zonas más urbanas: paso por Reyes Católicos, entrada en el casco histórico y regreso al entorno del Val. Es un itinerario que, por perfil y giros, suele penalizar a quien no llega bien colocado y obliga a medir esfuerzos, especialmente en los kilómetros finales.
Como manda la tradición, el color lo puso la gente. Papás Noel, tutús, pelucas, diademas navideñas, grupos disfrazados y personajes de cultura pop compartieron asfalto con corredores populares y atletas federados. La San Silvestre se ha convertido en una de esas citas en las que el cronómetro importa, sí, pero convive con la foto de grupo, el “vamos que ya está” y el último brindis adelantado.
En lo competitivo, la edición 2025 subió el listón. Sergio Heranze ganó con 31:16, una marca que rebaja el mejor registro histórico de la prueba y confirma un nivel alto en la cabeza de carrera. Dani Sáez, vencedor en 2024, fue segundo con 31:45, y David Núñez completó el podio con 32:08, en una llegada que evidenció que no bastaba con “venir a disfrutar”: el ritmo fue serio.
La carrera femenina también dejó un salto de calidad. Raquel Herrero firmó 38:56, mejorando con claridad el mejor tiempo del año anterior. Mónica Velasco (39:50) y Estefanía Duarte (40:28) completaron el podio, con un rendimiento sólido en una prueba que, por fechas y contexto navideño, no siempre facilita la preparación ideal.
Hasta aquí, la foto luminosa. La otra lectura llegó con los números de participación y con las clasificaciones. El concejal socialista Alberto Blázquez difundió una comparativa: en 2023, con organización de los clubes SR2 y Complutum Triatlón, se alcanzaron 2.265 inscritos, mientras que en 2025 la carrera registró 1.144 inscripciones bajo organización municipal, prácticamente la mitad. La cifra alimenta un debate recurrente en pruebas populares: qué pesa más en la asistencia —precio, modelo de gestión, comunicación, logística, atractivo del recorrido— y cómo se sostiene una cita que ya es tradición local.
A ese debate se sumó un problema que afectó directamente a la experiencia de muchos participantes: alrededor de 200 corredores comprobaron que sus tiempos no aparecían inicialmente asociados a su nombre en las clasificaciones. La empresa de cronometraje, Timing Lap CED SL, señaló en un comunicado que el sistema sí registró los tiempos y que el origen del fallo estuvo en la falta de asociación de datos personales en los archivos de inscripción recibidos, lo que impedía vincular marca y participante.
La misma empresa indicó que las reclamaciones debían dirigirse al área responsable del proceso de inscripciones y que actualizarían los resultados cuando se dispusiera de la información completa. En una carrera popular, donde para muchos el objetivo es verse reflejados en el listado final —aunque sea “solo” para compararse con el año anterior—, este tipo de incidencias suele generar enfado y desconfianza, incluso cuando el problema se corrige después.
La San Silvestre Complutense 2025, por tanto, deja un balance de claroscuros. Mantiene el tirón como evento social y deportivo, ofreció una mañana con ambiente y marcas de nivel, y volvió a poner a la ciudad en zapatillas. Pero también deja deberes: reforzar el control del proceso de inscripción y la publicación de resultados, y aclarar qué estrategia seguirá la organización para recuperar cifras de participación que en años recientes fueron sensiblemente más altas.
Porque si algo demuestra esta carrera es que ya forma parte del calendario emocional de Alcalá. Precisamente por eso, cuanto más consolidada está una tradición, más se nota cuando algo no funciona… y más fácil es que el debate llegue hasta la meta.










