- La Plataforma Aves de Alcalá de Henares reclama que no se desbrocen arbustos ni hierbas altas en primavera en las riberas del arroyo Camarmilla y del río Henares.
- El colectivo alerta de que los ánades reales se encuentran en pleno periodo reproductor y recuerda que la hembra suele poner entre 8 y 13 huevos y los incuba durante 27 o 28 días.
La llegada de la primavera multiplica la actividad en las riberas y zonas húmedas del entorno natural de Alcalá y en ese contexto, la Plataforma de Aves de Alcalá de Henares ha reclamado públicamente que no se acometan labores de desbroce en estas semanas en los márgenes del arroyo Camarmilla y del río Henares, dos espacios donde la vegetación cumple una función clave como refugio y zona de nidificación.
La petición se dirige al Ayuntamiento y se centra en evitar la retirada de arbustos y hierbas altas durante la primavera, justo cuando los ánades reales se encuentran en fase de reproducción. Según explica el colectivo, esa vegetación densa no es un elemento secundario del paisaje, sino una cobertura esencial para que las hembras puedan ocultar sus nidos y reducir la exposición de huevos y polluelos frente a depredadores y molestias externas.
El aviso pone el foco en una especie muy habitual para quienes frecuentan paseos y senderos próximos al agua. El ánade real, uno de los patos más comunes en humedales, arroyos y tramos fluviales urbanos y periurbanos, suele instalar sus nidos en puntos con suficiente ocultación vegetal. La hembra deposita normalmente entre 8 y 13 huevos y asume por sí sola la incubación, un proceso que se prolonga cerca de cuatro semanas. Tras la eclosión, además, los pollos abandonan el nido con rapidez y son guiados hacia el agua en muy poco tiempo, de modo que cualquier alteración brusca del entorno en ese periodo puede afectar al éxito reproductor.
La plataforma sitúa el problema en un momento concreto del calendario en el que las tareas ordinarias de mantenimiento de riberas, caminos o zonas verdes pueden entrar en conflicto con los ciclos biológicos de la fauna. El debate no gira solo en torno a la limpieza o el cuidado de estos espacios, sino al momento en que se ejecutan esos trabajos y a la necesidad de compatibilizarlos con la presencia de nidos ocultos entre la vegetación. En enclaves fluviales como el Camarmilla o el Henares, donde conviven paseo ciudadano, mantenimiento urbano y fauna silvestre, esa compatibilidad se convierte cada primavera en una cuestión especialmente sensible.
La reivindicación también vuelve a poner sobre la mesa el valor ambiental de los márgenes del Henares y de los cursos de agua que atraviesan o bordean la ciudad. Más allá de su uso recreativo, estos espacios funcionan como corredores ecológicos dentro del entorno complutense y sirven de refugio para aves acuáticas y otras especies ligadas a la vegetación de ribera. En ese equilibrio, la conservación de manchas de matorral y herbazales no responde solo a una cuestión estética, sino a una necesidad ecológica ligada a la reproducción, la alimentación y la protección de la fauna.
En su mensaje, la Plataforma de Aves de Alcalá de Henares reclama que el Consistorio tenga en cuenta estas circunstancias antes de programar o ejecutar trabajos de desbroce en las zonas próximas al arroyo y al río. La petición no plantea una paralización general de las labores de mantenimiento, sino que se adapte su realización a una época del año en la que los efectos sobre la biodiversidad pueden ser mayores. El núcleo de la demanda pasa, por tanto, por introducir criterios de precaución en áreas donde la presencia de aves reproductoras resulta habitual.
El colectivo acompaña su llamamiento con una imagen tomada en el arroyo Camarmilla, a la altura de Espartales, en la que aparece una pareja de ánades. La fotografía, realizada por miembros de la propia plataforma, muestra a la hembra de plumaje marrón y pico marrón anaranjado junto al macho, reconocible por la cabeza verde y el pico amarillo. La escena resume precisamente aquello que el grupo quiere preservar: la presencia cotidiana de fauna silvestre en espacios cercanos a la ciudad que forman parte del paisaje habitual de muchos vecinos.
La cuestión de fondo trasciende este caso concreto. La protección de la fauna en entornos urbanos y periurbanos depende a menudo de decisiones aparentemente menores, como aplazar unas semanas una siega o conservar un tramo de vegetación en una ribera. Con la primavera ya en marcha, la petición abre de nuevo el debate sobre cómo gestionar los espacios naturales de uso público sin vaciar de vida los mismos lugares que se pretende cuidar.










