- Ocho de cada diez lectores de El Complutense apoyan eliminar el cambio de hora tras el anuncio del Gobierno.
- El Ejecutivo español pedirá a la UE acabar con los cambios estacionales y aplicar la medida de forma coordinada en 2026.
El debate sobre el tiempo —el de los relojes y el de la luz— vuelve a primera línea con el inicio del horario de invierno. La propuesta del Gobierno de pedir a Bruselas el fin del cambio estacional ha reactivado opiniones y argumentos. En este contexto, El Complutense preguntó a sus lectores si debería retirarse el ajuste bianual de hora en España. El resultado dibuja una mayoría clara a favor de cerrar esta etapa.
Según los votos registrados en la encuesta publicada en nuestra web, el 80% de los participantes se muestra partidario de eliminar los cambios de hora. Un 15% defiende mantener el sistema actual y el 5% manifiesta indiferencia o ausencia de opinión. Se trata de una consulta abierta a la comunidad lectora, no de un sondeo científico, pero sirve como termómetro del estado de ánimo local ante un debate europeo.
El presidente Pedro Sánchez comunicó que el Ejecutivo trasladará a la Unión Europea la propuesta de terminar con los cambios estacionales y que su aplicación podría fijarse en 2026. La iniciativa llega tras años de discusión pública sobre los beneficios reales del sistema vigente y sobre sus efectos en la salud y la organización social. El argumento gubernamental enlaza con dos ideas ya asentadas: el ahorro energético hoy sería marginal y sí se observan impactos en el sueño y los ritmos biológicos, sobre todo tras el adelanto de primavera.
El Parlamento Europeo votó en 2019 a favor de suprimir los cambios de hora y dejó en manos de los Estados la elección de un horario permanente, coordinado entre países vecinos para evitar desajustes. Sin embargo, el expediente permanece encallado en el Consejo y, sin una decisión común, los Estados han seguido aplicando el calendario pactado. La coordinación con Portugal y Francia será clave para España por razones de transporte, comunicaciones y actividad económica.
En lo inmediato, nada cambia para los relojes. La madrugada del domingo 26 de octubre está previsto el paso al horario de invierno: a las 3:00 se volverá a las 2:00, lo que prolongará ese día una hora más. Salvo acuerdo europeo, en 2026 volvería a aplicarse el esquema habitual con cambio al horario de verano el último domingo de marzo y regreso al de invierno el último de octubre.
La literatura científica reciente apunta, con matices según latitud y metodología, a un impacto negativo en la calidad del sueño durante los días posteriores al cambio, especialmente en primavera, y a un efecto energético limitado en comparación con décadas pasadas. Sociedades médicas y grupos de investigación recomiendan priorizar la estabilidad horaria para facilitar los ritmos circadianos. Entre los expertos, el horario estándar (de invierno) suele considerarse el mejor alineado con la luz solar, aunque sectores económicos han defendido mantener permanente el de verano.
Para los vecinos y vecinas de Alcalá, la clave no será solo qué horario se escoja, sino que la decisión llegue acompañada de coordinación y previsión suficientes. La estabilidad facilitaría planificar horarios escolares, sanitarios y de transporte, y reduciría ajustes recurrentes en servicios públicos y privados. Si la negociación europea avanza, 2026 podría marcar el final de los cambios estacionales; si no, los relojes seguirán moviéndose como hasta ahora. El Complutense continuará tomando el pulso a sus lectores y explicando las implicaciones locales de cada paso en Bruselas.
