Los bolsos de ganchillo se han convertido en una moda para el verano. Pasando incluso por grandes pasarelas, copan las cuentas de moda y han terminado colgando del hombro de medio mundo en terrazas y paseos marítimos. Frente a los complementos rígidos y estructurados de otras temporadas, el tejido hecho a mano trae una estética más suelta, con fibras naturales, colores tostados y esas tramas caladas que dejan pasar la luz.
Detrás de la moda hay algo más que una cuestión estética. En un momento en el que casi todo se fabrica en serie, un bolso tejido representa justo lo contrario, una pieza hecha con tiempo y con cierta idea de consumo más pausado y responsable. Cada uno sale distinto, con sus pequeñas irregularidades, y ahí está buena parte de su atractivo. Es lo que repiten las revistas de moda cuando hablan de la vuelta a lo artesanal y de prendas con historia, frente a la copia idéntica que se encuentra en cualquier escaparate.
Lo que mucha gente no sabe es que ese mismo bolso que se paga caro en tiendas y mercadillos se puede hacer en casa por bastante menos, y sin haber tejido nunca. El ganchillo tiene fama de complicado, pero un bolso de líneas sencillas se resuelve con dos o tres puntos básicos y unas cuantas tardes repartidas. Quien sabe hacer el punto bajo, que es el primero que se aprende, ya tiene medio camino hecho.
La elección del hilo cambia por completo el resultado, y aquí aparece un material que sorprende a quien no está en este mundo. El patrón de la imagen no es lana, que daría demasiado calor, ni tampoco algodón. Es papel, aunque no el papel que uno tiene en la cabeza. Se trata de papel textil, una fibra tratada y retorcida en forma de cinta que aguanta mucho más de lo que su nombre sugiere, hasta el punto de que ni se deshace al tejerla ni se estropea con el uso. Al trabajarla recuerda a la rafia de siempre, pesa poco y da cuerpo al tejido, que es justo lo que un bolso necesita para no quedar lacio. Se trata del hilo Mondial Cairo, disponible en catorce colores que van de los tonos naturales a otros bien vivos.
Con una cinta así no solo salen bolsos de playa. Da para capazos, sombreros de ala ancha, cestas para tener la casa en orden o bolsos de mano para el día a día, y como en el fondo es una fibra pensada para aguantar, admite un lavado a mano sin problemas. Cada ovillo trae ciento ochenta metros en cien gramos, de modo que para un bolso grande de verano hacen falta unos cuatro ovillos y sigue saliendo por bastante menos que uno comprado.
Si lo que lees te llama la atención, encontrarás el patrón de bolso de la imagen en el enlace anterior de Mondial Cairo. Se teje con ganchillo del tres y medio, se arranca de una base rectangular y se va subiendo en vueltas hasta darle forma, con dos asas largas para colgarlo del hombro. Ronda el medio metro de ancho por unos cuarenta y cinco centímetros de alto, sitio de sobra para la toalla, la crema y un libro.
La gracia de sumarse a la tendencia por esta vía no está solo en el ahorro. Está en llevar un accesorio que no tiene nadie más, hecho a medida y con los colores que una elige, en un verano en el que el ganchillo se lleva en medio mundo. Comprar el de la temporada lo hace cualquiera. Tejerse el propio, en cambio, sigue teniendo algo de pequeño lujo al alcance de algunas tardes de relax y un ovillo.










