- El Juglar y Los Sepultureros impulsaron una nueva edición del festival junto a otras peñas festivas de la ciudad
- La jornada mantuvo el carácter solidario del festival con recaudación para CAJE y APACAMA
La música volvió a tomar este sábado el parque O’Donnell con una nueva edición de Bombartaker, un festival que mezcla escenario, ambiente de peña y causa solidaria en una fórmula que ha logrado hacerse un hueco propio dentro del calendario local. La cita reunió de nuevo a peñistas, vecinos y aficionados a la música en directo en una jornada marcada por el encuentro colectivo y por un cartel pensado para convertir el parque en un punto de reunión durante varias horas.
Detrás del evento estuvieron, una vez más, las peñas El Juglar y Los Sepultureros, con la colaboración de otras peñas festivas, un detalle que no es menor porque explica bien el tono del festival. Bombartaker no nace como una programación institucional al uso, sino como una convocatoria levantada desde el tejido festivo local, con una identidad más ligada al pulso de la calle, al directo y a esa manera de entender la música como excusa para reunirse, compartir espacio y dar visibilidad a una causa concreta.
Esa combinación entre música y compromiso social volvió a ser el eje principal de la jornada. Los beneficios de esta edición se destinarán al Colectivo de Acción para el Juego y la Educación, CAJE, y a la Asociación de Prevención y Atención de Afectadas de Cáncer de Mama, APACAMA. La elección de ambas entidades sitúa el foco del festival en dos realidades distintas pero muy presentes en la vida social de la ciudad: el acompañamiento socioeducativo a menores, jóvenes y familias, y la atención a mujeres afectadas por cáncer de mama.
Ahí es donde Bombartaker consigue diferenciarse de otras citas similares. No se trata solo de encadenar actuaciones o de reproducir el ambiente de feria fuera de temporada, sino de convertir esa energía colectiva en apoyo directo a proyectos que trabajan sobre el terreno. El festival suma así una capa adicional de sentido: el público no solo acude a una jornada de conciertos y convivencia, sino que participa también en una iniciativa con un retorno social concreto.
El parque O’Donnell encaja bien en ese formato. Su amplitud y su condición de espacio habitual para grandes convocatorias al aire libre lo han convertido en uno de los recintos más reconocibles para eventos musicales, culturales y festivos. En un encuentro como Bombartaker, el entorno juega a favor de la propuesta: permite una circulación continua de público, facilita el ambiente abierto propio de este tipo de jornadas y refuerza esa sensación de festival accesible, de entrada natural, muy vinculada al espacio público.
Con esta nueva edición, el festival reafirma una fórmula que funciona precisamente porque no se queda en lo decorativo. Hay escenario, hay ambiente y hay una convocatoria reconocible para su público, pero también hay una dimensión social que sostiene el evento más allá del cartel. Bombartaker volvió así a O’Donnell con ese pulso de festival hecho desde las peñas, con sonido de directo y con una recaudación que, una vez más, saldrá del parque para tener impacto fuera de él.










