- El club Complutum Triatlón asegura que la carrera perdió cerca de 1.000 inscritos tras pasar a gestión municipal y cambiar su modelo y denominación
- Atletas quedaron sin podio ni clasificación correcta en la última edición, mientras el club reclama recuperar la prueba y su gestión histórica
En Alcalá, la última carrera del año siempre ha sido algo más que un dorsal y un tiempo. Durante años, la San Silvestre local fue creciendo como cita deportiva y también como encuentro social, con clubes implicados y un componente solidario que ayudó a sostener proyectos de base. Ahora, quienes la impulsaron durante casi una década vuelven a alzar la voz: quieren recuperar la organización de la prueba y devolverle el modelo con el que —según sostienen— alcanzó su mejor momento.
Complutum Triatlón, uno de los clubes que participó en la organización de la antigua San Silvestre Alcalaína, defiende que el proyecto se consolidó desde 2015, cuando la carrera arrancó con unos 750 inscritos. “Empezamos con mucha ilusión, precios muy reducidos y destinando los beneficios a asociaciones de personas con diversidad funcional y a nuestra propia escuela de triatlón, para que los niños de Alcalá pudieran iniciarse en este deporte sin coste”, explican desde el club.
Ese crecimiento, aseguran, culminó en 2023 con una edición que rozó los 2.300 participantes. “Llegamos a casi 2.300 corredores, con decenas de atletas voluntarios implicados; incluso miembros del club asumíamos tareas como llevar globos de tiempo porque creíamos en la carrera y en lo que representaba”, señalan. Los datos de participación publicados en ediciones anteriores y en plataformas de resultados sitúan la cifra en 2.265 inscritos cuando la prueba fue organizada por clubes deportivos locales, entre ellos SR2 Triatlón y Complutum Triatlón. Fue el punto más alto de un formato que combinaba voluntariado deportivo, trabajo de clubes y un recorrido que se había asentado en el calendario de fin de año.
El giro llegó en 2024. Desde entonces, el Ayuntamiento pasó a asumir la gestión directa y la carrera se celebró bajo otra denominación: San Silvestre Complutense. Ese cambio de nombre, según distintas publicaciones locales, se produjo ante el temor a posibles denuncias por el uso de la marca “San Silvestre Alcalaína”. En paralelo, la organización cambió el modelo y, en opinión de los antiguos responsables, también cambió la relación de la carrera con el tejido deportivo.
La consecuencia más visible, según el club, fue un descenso notable de participación. Según los recuentos difundidos tras la edición de 2025, la participación se quedó en torno a los 1.100 inscritos, aproximadamente la mitad que en 2023. Otros relatos municipales y crónicas locales hablan de “más de 1.300” corredores en 2025, una cifra que también se utilizó como referencia en comunicados y balances públicos. Más allá del número exacto, el debate se ha instalado: ¿se ha reducido la participación por el cambio de organización, el recorrido o el precio?
En ese punto, Complutum Triatlón apunta directamente a la estructura del nuevo modelo. “Desde 2024 nos arrebataron la carrera cambiando incluso la nomenclatura, de San Silvestre Alcalaína a San Silvestre Complutense, y pasándola a una gestión sin conocimiento deportivo”, afirman. “El resultado ha sido la pérdida de cerca de mil inscritos, un recorrido distinto y un coste de inscripción mucho más alto”. Desde el club sostienen que estas modificaciones han restado atractivo a la prueba y han diluido el componente social y de retorno a la comunidad que, a su juicio, definió la carrera durante años.
La polémica de la última edición no se quedó solo en la participación. “Nos duele especialmente ver cómo atletas del club que hicieron podio en sus categorías se quedaron sin reconocimiento por errores en las inscripciones”, subrayan desde Complutum Triatlón. Corredores que compitieron en 2025 han trasladado a este medio que hubo incidencias con la clasificación y con la entrega de trofeos por categorías. Entre las quejas, destacan dos ideas repetidas: atletas que no aparecían inicialmente en los listados y categorías que, pese a figurar en el reglamento, no recibieron premio.
Un corredor veterano relata que, tras cruzar meta, la organización registraba manualmente dorsal y datos personales; al revisar la lista, asegura que figuraba como primer clasificado de su categoría (veteranos, mayores de 50), pero finalmente no se entregó trofeo, alegando que la incidencia en la entrega previa de dorsales podía generar confusión. En el mismo sentido, otro atleta sub-23 afirma que tampoco hubo podio de su categoría y que, aunque entró entre los primeros puestos de la general, su nombre no apareció al principio en la clasificación.
En medio de ese cruce de versiones, la empresa encargada del cronometraje, Timinglap, publicó un comunicado el 31 de diciembre de 2025 para desvincularse del problema. En ese texto, la compañía sostiene que el fallo no estuvo en el cronometraje y que la razón de que “unos 200 corredores” no aparecieran con sus tiempos asociados a su nombre se debió a la falta de datos completos en el archivo de inscripciones que recibe el organizador y que es imprescindible para elaborar las clasificaciones.
Con ese contexto, la propuesta de los antiguos organizadores es clara: recuperar la gestión de la San Silvestre con un esquema apoyado en el tejido deportivo local. “Somos un club con más de 100 triatletas y con conexiones con otros clubes y centros deportivos de Alcalá dispuestos a apoyar la gestión de la prueba para devolverla al nivel que tuvo y del que nunca debió salir”, sostienen.
El nudo, admiten, no es deportivo sino institucional. “El problema de siempre es la falta de apoyo político a una organización sin ánimo de lucro; eso es lo que nos ha hecho perder esta carrera”, concluyen. Desde el club señalan que ese es el principal obstáculo para que una entidad deportiva sin ánimo de lucro pueda liderar un evento de estas dimensiones, mientras el Ayuntamiento mantiene el control tras dos ediciones en gestión directa.
La San Silvestre de Alcalá —con el apellido que lleve— es una carrera popular, pero también un símbolo de cómo se organiza el deporte local: si como un servicio municipal, como un proyecto compartido con clubes, o como una mezcla de ambos. La discusión que ahora se abre va más allá de un nombre: pone sobre la mesa quién decide el modelo, cómo se mide el éxito y qué papel se reserva a los clubes en las grandes citas del calendario.










