- El desfile recorrió varias calles del casco histórico en una de las citas más reconocibles de la Navidad local.
- La llegada al Hospital de Antezana volvió a marcar uno de los momentos centrales del recorrido por su valor histórico y social.
El paso de la Comparsa Navideña de Gigantes volvió a evidenciar este fin de semana el peso de las tradiciones populares en la vida urbana. Lejos del formato de gran evento, el recorrido transformó durante unas horas las calles del casco histórico en un espacio de encuentro intergeneracional, donde la celebración se mezcla con el patrimonio y la memoria colectiva.
La comitiva avanzó por distintos puntos del centro acompañada por música y seguida de cerca por vecinos y familias. El ritmo pausado del recorrido permitió que el público se acercara a las figuras, las rodeara y las siguiera sin la lógica del desfile rápido, reforzando una relación directa entre la comparsa y el espacio urbano que recorre cada año.
Como es tradición, el itinerario incluyó una parada en el Hospital de Antezana, uno de los momentos más reconocibles de la jornada. El edificio, fundado en el siglo XV y considerado uno de los hospitales más antiguos de Europa en funcionamiento, mantiene un vínculo histórico con este tipo de celebraciones, que lo integran en la vida cultural de la ciudad más allá de su función asistencial.
La entrada de los gigantes en el patio interior del hospital concentró de nuevo la atención del público. No se trata solo de una imagen repetida en el calendario navideño, sino de un gesto que conecta la fiesta popular con uno de los espacios más singulares del patrimonio complutense, reforzando su papel como lugar vivo y abierto a la ciudadanía.
La salida de la comparsa se enmarca dentro de las actividades tradicionales de la Navidad, un calendario que mantiene y da continuidad a elementos del folclore local en el espacio público. En este caso, la presencia de los gigantes funciona como hilo conductor entre generaciones, con una capacidad de convocatoria que no depende del reclamo institucional, sino del arraigo de la costumbre.
