- Reclaman un paso de cebra y accesibilidad en la entrada de la estación de servicio de Garena Sur.
- El testimonio de la vecina, con discapacidad visual, alerta de riesgo para peatones y menores; asegura que la app municipal no respondió.
La Garena concentra cada día un tránsito mixto de peatones y vehículos, especialmente en los accesos a comercios y a la estación de servicio del barrio. En ese entorno, una vecina ha trasladado a este medio su preocupación por un punto que considera “peligrosísimo” para cruzar a pie. Su testimonio, que detalla caídas evitadas por poco y el miedo a caminar con niños, reabre el debate sobre la seguridad peatonal y la accesibilidad en zonas de elevada circulación.
Marta, vecina de La Garena, sitúa el problema “justo en la entrada de la Repsol”, en Garena Sur. Asegura que el itinerario peatonal obliga a cruzar por una zona sin paso de cebra señalizado y con maniobras frecuentes de coches que entran o salen de la estación. “Algún día se me ha estado a punto de volcar el carro del niño”, relata. En su caso —explica— convive con discapacidad visual y también la tiene su hija de siete años, lo que multiplica la sensación de inseguridad al cruzar.
La vecina afirma haber reportado la incidencia a través de la aplicación municipal “Cuida Alcalá” sin haber obtenido respuesta, motivo por el que solicita que se atienda “al menos” la instalación de un paso de peatones en el punto señalado. Según su testimonio, la ausencia de señalización horizontal y de un cruce protegido dificulta la lectura del entorno, especialmente para personas con movilidad o visión reducida, y desincentiva los trayectos a pie con menores.
Este tipo de conflictos entre tránsitos peatonales y accesos a estaciones de servicio o grandes aparcamientos es habitual en barrios con alta densidad de servicios. Especialistas en movilidad recomiendan, en estos casos, medidas combinadas: pasos de cebra bien iluminados, rebajes y bordillos accesibles, refuerzo de señalización vertical y, si procede, elementos de calmado de tráfico en la aproximación de los vehículos. Aunque cada intervención depende del estudio técnico del punto negro, el objetivo es reducir la incertidumbre de quien cruza y obligar a los coches a moderar la velocidad.
En el plano vecinal, la petición de Marta se centra en una solución básica y inmediata: pintar un paso de peatones que ordene el cruce y haga visible la prioridad del viandante. Su caso pone el foco en un principio ampliamente compartido por los planes de movilidad urbana: que los recorridos cotidianos —ir a la compra, desplazarse al colegio o a la parada de autobús— sean seguros también en aquellos tramos intermedios que no son estrictamente intersecciones entre calles.
La denuncia reabre una discusión recurrente en La Garena sobre cómo compatibilizar el acceso rodado a servicios con itinerarios peatonales seguros y accesibles. Mientras se valora una intervención concreta en el punto señalado, el episodio subraya una demanda de fondo: consolidar cruces legibles y protegidos allí donde la convivencia entre coches y peatones es diaria.
