- Las pistas presentan un vallado deformado y accesos improvisados tras meses sin mantenimiento.
- Los vecinos reclaman una intervención urgente y denuncian cierres fuera del horario municipal.
En el corazón del barrio Campo del Ángel, las pistas de fútbol del parque nacieron para dar respuesta a una demanda histórica: un espacio seguro y ordenado para el juego y el deporte de proximidad. Años después de su reforma, con porterías nuevas y un cerramiento perimetral que debía proteger el uso, el recinto muestra ahora un deterioro que contrasta con aquella expectativa.
El vallado ha cedido en distintos puntos y, según los residentes, la falta de mantenimiento ha convertido lo que debía ser un equipamiento de convivencia en un foco de molestias y riesgos. A ello se suma un cierre con candado que, en la práctica, deja el espacio inutilizable en horas en las que debería estar abierto.
La valla perimetral, instalada tras la reforma de las pistas, presenta paneles vencidos y tramos ausentes. Detrás de una de las porterías, directamente no existe cerramiento, lo que facilita tanto la entrada de usuarios como la salida constante del balón hacia el parque. Incluso, los propios vecinos utilizan parte de las barreras móviles puestas por el Ayuntamiento como parapeto para evitar que la pelota se les escape. El resultado es un perímetro que ha perdido su función principal: separar, ordenar y dar seguridad al juego.
La jornada en la que se realizó la visita, el acceso principal de las pistas estaba cerrado con candado. El cartel informativo municipal que figura en la puerta indica un horario de apertura que, sin embargo, no se correspondía con la situación observada. Este desajuste ha generado un uso “a la fuerza”: grupos de jóvenes y aficionados aprovechan los huecos del cerramiento para organizar sus ‘pachangas’, normalizando una entrada por puntos inseguros.
“Si se pudiera entrar por la puerta y hubiera alguien pendiente, no habría que colarse por una valla rota”, señalan. Para los residentes, el cierre sin aviso efectivo y la ausencia de una custodia clara del espacio están alimentando prácticas que, a medio plazo, deterioran la instalación y su entorno.
El estado de las pistas se superpone a un contexto de malestar vecinal más amplio. Los residentes consultados hablan de un parque “dejado” y de un barrio “decaído”, con mención expresa al estado del edificio de la asociación vecinal. “La imagen del barrio es deplorable. Incluso el edificio de la Asociación de Vecinos parece Guantánamo”, lamentan.
Junto a la cuestión deportiva, persiste la preocupación por la salubridad: la presencia de ratas denunciada meses atrás —y documentada por este medio— se atribuye a la combinación de maleza, ramas sin podar y contenedores ubicados junto a los troncos. Aunque el problema de plagas no es el foco de este reportaje, el diagnóstico vecinal conecta ambas realidades: falta de mantenimiento y sensación de abandono.
La fotografía que dejan las pistas del Campo del Ángel apunta a una intervención con varios frentes: sustitución de los tramos de valla deteriorados y restitución del cerramiento tras la portería; revisión del sistema de apertura para que el horario anunciado se cumpla; y un plan de mantenimiento preventivo que incluya la vigilancia del uso, pequeñas reparaciones y limpieza de entorno. La comunidad vecinal insiste en que no se trata solo de arreglar una malla: “Con que lo mantuvieran y estuviera abierto cuando toca, esto volvería a ser un sitio para estar”, resume otro residente.
Las pistas fueron concebidas para garantizar juego seguro y convivencia; hoy evidencian cómo el desgaste sin respuesta y la falta de control abren la puerta a usos irregulares y a más deterioro. Recuperarlas exige actuaciones concretas y sostenidas —desde el vallado hasta el cumplimiento de horarios— que devuelvan al barrio un equipamiento cotidiano y digno. Mientras no llegue esa intervención integral, el Campo del Ángel seguirá viendo cómo su cancha más cercana se aleja de su propósito original.










