- Una imagen del vaso anegado reabre las críticas al estado del Skate-Ride Park y al mantenimiento del recinto en el barrio de La Garena.
- Vecinos denuncian “abandono” y advierten de riesgos por “vallado roto” y “menores manipulando el cuadro eléctrico” durante la noche.
A veces, una ciudad se retrata mejor en una esquina concreta que en cualquier discurso. En La Garena, esa esquina tiene forma de bowl: una pista de skate que, tras las últimas lluvias, aparece convertida en una balsa oscura donde asoman bancos y piezas desplazadas. La imagen, compartida esta semana en redes sociales, ha bastado para reactivar un malestar vecinal que llevaba tiempo latente.
La fotografía muestra el vaso central completamente anegado, con el agua estancada y el perímetro cubierto de grafitis. Lo que para algunos podría parecer una escena puntual ha sido interpretado por muchos vecinos como el síntoma visible de un problema más profundo. El comentario que acompaña a la publicación lo resume con ironía directa: “Es la charca de Shrek”.
A partir de ahí, el hilo de respuestas crece y cambia de tono. Junto a la broma, aparecen mensajes que amplían la crítica más allá de esta instalación concreta. “Uff el deporte está de capa caída en esta ciudad, cualquier espacio deportivo da pena”, escribe un usuario, que recuerda otras canchas deterioradas y remata con sarcasmo: “ahora hay que imaginar que entra la pelota en un aro invisible”.
Otros optan por llevar la ironía aún más lejos para subrayar el estado del parque: “Yuju! Por fin están listas las pistas de Skate surfing versión cazadores del pantano que pedimos!”, comenta otro vecino, en una mezcla de humor y resignación que se repite en buena parte de las respuestas.
Sin embargo, el debate deja pronto el terreno de la burla y entra en una preocupación más seria. Un comentario especialmente extenso habla directamente de “abandono” y de “falta de respeto a los vecinos, sobre todo a los menores que lo usan a diario”. En ese mensaje se señala que el problema “no es solo estético, es peligroso”, y se enumeran situaciones que, según el autor, se repiten en el recinto.
Entre ellas, se menciona un “vallado roto” que permitiría el acceso libre al parque “a cualquier hora, de día y de noche”, así como un uso nocturno alejado de la práctica deportiva, con botellones y destrozos. La advertencia más grave apunta al sistema eléctrico: “menores manipulando el cuadro eléctrico de las luces, con el riesgo evidente que eso conlleva”, una situación que el vecino califica como inasumible.
Ese mismo mensaje introduce una reflexión que va más allá del estado puntual de la pista y apunta al papel de los barrios en la ciudad. “Da la sensación de que se ha optado por dejar que el parque se deteriore poco a poco”, escribe, antes de sugerir que la falta de visibilidad del barrio podría influir en la ausencia de actuaciones. “Los barrios también son Alcalá, y sus jóvenes también importan”, concluye.
Las críticas coinciden en una idea central: cuando un equipamiento deportivo se degrada y pierde mantenimiento, también pierde usuarios habituales y se convierte en un espacio más vulnerable al uso inadecuado. En el caso del Skate-Ride Park de La Garena, la imagen del vaso lleno de agua ha actuado como detonante, pero el debate vecinal apunta a una reclamación más amplia y persistente: mantenimiento regular, seguridad y condiciones adecuadas para un uso diario que muchos consideran hoy comprometido.
