- El escritor mexicano recibió el galardón este 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, en un acto presidido por los Reyes.
- Celorio centró su intervención en Cervantes, la memoria familiar y la relación cultural entre México y España ante las principales autoridades institucionales.
El Día del Libro ha vuelto a situar a Alcalá de Henares en el centro de las letras en español con la entrega del Premio Cervantes, el reconocimiento más prestigioso de la literatura en castellano. La ciudad ha acogido este 23 de abril la ceremonia de entrega a Gonzalo Celorio, autor mexicano de 78 años, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, escenario habitual de un acto que cada año reúne a representantes del mundo institucional, académico y cultural.
Celorio ha recibido la medalla y la escultura del premio de manos de Felipe VI en una ceremonia presidida por los Reyes y a la que también han asistido, entre otros, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García, y la directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura, María José Gálvez. La concesión del Cervantes se celebra cada 23 de abril, coincidiendo con la fecha vinculada a la muerte de Miguel de Cervantes, y solo dejó de desarrollarse ese día en 2020 y 2021 por la pandemia.
El discurso del premiado ha girado en torno a varios ejes, aunque uno de los más reconocibles ha sido su reivindicación del humor cervantino. Celorio ha cuestionado la imagen severa con la que a menudo se presenta al autor de Don Quijote de la Mancha y ha señalado que en sus retratos echa en falta “la alegría de los ojos” que debería reflejar “el ingenio del escritor”. En ese marco, defendió que el humor en Cervantes no es un elemento menor, sino una vía para aproximarse a la condición humana y a la tensión permanente entre el ideal y la realidad.
Junto a esa lectura literaria, el escritor mexicano dejó una de las frases más destacadas de la jornada al afirmar que “la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes”. La idea atravesó buena parte del acto y conectó también con las intervenciones institucionales, en una edición marcada por el peso simbólico de la relación entre México y España dentro del ámbito cultural y editorial en lengua española.
Celorio también reservó una parte muy importante de su intervención a la memoria familiar, un territorio muy presente en su obra narrativa. El escritor abrió de hecho su discurso con una evocación muy personal a su padre: “Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después. Gracias”. Más adelante recordó a su madre como una lectora apasionada y agradeció a su hermano Miguel el apoyo recibido desde la infancia. Ese hilo personal le sirvió para enlazar historias de migración, exilio, revolución y diáspora que, según explicó, han alimentado durante años su literatura y su manera de mirar el pasado.
La palabra, precisamente, fue el gran remate de su intervención. Después de repasar su trayectoria como docente, novelista y académico, Celorio aseguró que había dedicado toda su vida a ella y remató el discurso afirmando: “la palabra que más me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra ‘palabra’”. Fue un cierre coherente con el tono de una ceremonia que volvió a reivindicar el valor de la literatura como espacio común para autores y lectores de todo el ámbito hispanohablante.
La jornada mantuvo además buena parte de la liturgia habitual del Cervantes. El acto comenzó con la interpretación del himno nacional por la Orquesta Ciudad de Alcalá y concluyó con el tradicional Gaudeamus igitur. Después de la ceremonia, la Tuna de la Universidad de Alcalá dedicó varias canciones al autor galardonado. Celorio, que había llegado al Paraninfo con amplia antelación acompañado por su esposa, Silvia Garza, y por María José Gálvez, cerró así una mañana en la que Alcalá volvió a ejercer de capital simbólica de las letras en español.
El Premio Cervantes está dotado con 125.000 euros y distingue el conjunto de la trayectoria de un autor o autora cuya obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico. En el caso de Gonzalo Celorio, el jurado reconoció en noviembre una carrera literaria e intelectual sostenida durante décadas entre la creación, el ensayo, la docencia universitaria y la defensa del idioma. Su presencia este 23 de abril en Alcalá de Henares ha dado continuidad a una tradición que, desde hace medio siglo, convierte a la ciudad en referencia internacional de la cultura en español.










