¿Cómo podría acabarse el mundo? Ocho escenarios reales según la inteligencia artificial

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Aunque pueda parecer un ejercicio de ficción apocalíptica, identificar los escenarios que podrían desencadenar el fin del mundo es una línea de investigación que preocupa desde hace décadas a científicos, gobiernos y organismos internacionales. En los últimos años, la inteligencia artificial ha comenzado a jugar un papel clave en la predicción y el análisis de riesgos existenciales.

Para conocer cuáles son los escenarios más probables del fin del mundo según la IA, hemos consultado con una herramienta de inteligencia artificial, concretamente con ChatGPT, entrenada por OpenAI. Basándose en datos históricos, simulaciones y proyecciones, esta IA ha jerarquizado los principales factores de riesgo que podrían desencadenar un colapso global, considerando tanto la probabilidad como el impacto de cada amenaza, de acuerdo con estimaciones recogidas en estudios como el Global Catastrophic Risks Report del Future of Humanity Institute (Universidad de Oxford).

Cambio climático extremo

El calentamiento global se perfila como uno de los principales factores de riesgo. La IA advierte que, si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, podrían producirse aumentos incontrolables de la temperatura media del planeta. Esto provocaría sequías masivas, escasez de agua y alimentos, migraciones forzadas y conflictos por los recursos.

La posibilidad de alcanzar puntos de no retorno, como la desaparición del permafrost o el colapso del Amazonas, acelera esta amenaza. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), un aumento de 2 ºC respecto a niveles preindustriales podría generar efectos irreversibles.

Ya se han registrado fenómenos extremos como incendios forestales masivos en Australia o Canadá, y olas de calor que han superado los 45 ºC en regiones antes templadas.

Guerra nuclear

Pese al descenso de tensiones tras la Guerra Fría, la IA señala que el arsenal nuclear sigue suponiendo un riesgo de destrucción global. Un conflicto entre potencias, o incluso un error tecnológico o humano, podría desatar una escalada con consecuencias catastróficas.

Además de la destrucción inmediata, una guerra nuclear podría provocar un «invierno nuclear», bloqueando la luz solar y colapsando la producción agrícola durante años. Diversos estudios, como los del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), indican que aún existen más de 12.000 ojivas nucleares activas en el mundo.

Escenarios como la actual guerra en Ucrania o el conflicto entre Irán e Israel con la intervención directa de Estados Unidos han reavivado la preocupación internacional sobre el posible uso de armamento estratégico.

Pandemias globales

La experiencia reciente del COVID-19 ha reactivado el estudio de pandemias como amenaza existencial. La IA predice que la aparición de un virus altamente letal y de fácil transmisión podría tener un efecto devastador en la población mundial, sobre todo si coincide con sistemas sanitarios saturados y falta de coordinación internacional.

Los virus modificados en laboratorio también se consideran una posible fuente de riesgo. La historia ofrece precedentes preocupantes: la gripe de 1918 causó entre 50 y 100 millones de muertes. A ello se suma el riesgo creciente de zoonosis, es decir, enfermedades que saltan de animales a humanos debido a la destrucción de hábitats naturales.

Colapso de los ecosistemas

La destrucción progresiva de la biodiversidad, la deforestación masiva, la contaminación de los océanos y la pérdida de polinizadores están debilitando los sistemas que sostienen la vida en el planeta. La IA alerta de que una caída en cadena de varios ecosistemas podría desestabilizar la producción de alimentos, alterar el ciclo del agua y desencadenar hambrunas globales.

Por ejemplo, se estima que más del 70 % de los cultivos alimentarios dependen en parte de la polinización por insectos, cuya población ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. Organismos como la ONU alertan de que un millón de especies están en riesgo de extinción.

Superinteligencia artificial descontrolada

Paradójicamente, la propia IA reconoce que un escenario de riesgo extremo podría derivarse de su desarrollo descontrolado. Si una superinteligencia actuara fuera del marco ético o sin supervisión humana efectiva, podría tomar decisiones que pusieran en peligro la existencia de la humanidad, ya fuera por acción directa o por consecuencias no previstas.

Expertos como el fallecido Stephen Hawking o Elon Musk han advertido sobre el peligro de delegar decisiones críticas en sistemas autónomos. El principal temor no es tanto una rebelión estilo ciencia ficción, sino que los objetivos de la IA entrenada no coincidan con los intereses humanos.

Colapso tecnológico o energético

Un fallo global de infraestructuras digitales, energéticas o de comunicaciones también está entre las preocupaciones destacadas. La dependencia de sistemas hiperconectados hace que un ciberataque o una tormenta solar severa puedan paralizar economías enteras, alterar servicios básicos y generar caos social. Un informe de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad de EE. UU. señala que los ciberataques a infraestructuras críticas se han multiplicado por cinco en la última década. Asimismo, una tormenta solar como la del evento Carrington (1859) podría dejar fuera de servicio satélites, redes eléctricas y telecomunicaciones a nivel global.

Ejemplos recientes, como el apagón registrado en abril de 2025 en España y Portugal por una interrupción en la interconexión eléctrica con Francia, han puesto de manifiesto la fragilidad de las infraestructuras actuales. Aunque no se trató de un ciberataque ni de un fenómeno solar, el episodio afectó a millones de personas de forma temporal y mostró cómo una alteración técnica puntual puede tener consecuencias a gran escala.

Erupción de un supervolcán

Otro de los escenarios que la inteligencia artificial identifica como potencialmente catastrófico es la erupción de un supervolcán, como el de Yellowstone en Estados Unidos. Este tipo de eventos podrían expulsar enormes cantidades de cenizas y gases a la atmósfera, bloqueando la radiación solar durante meses y provocando un descenso global de temperaturas.

Las consecuencias incluirían el colapso de la agricultura, alteraciones climáticas prolongadas y crisis humanitarias a gran escala. La última gran erupción de este tipo fue la del supervolcán Toba, hace unos 74.000 años, que habría reducido drásticamente la población humana. Aunque poco probable, el impacto sería comparable al de un conflicto nuclear global.

Impacto de asteroides o eventos cósmicos

Aunque menos probables, los impactos de asteroides siguen siendo escenarios con consecuencias potencialmente devastadoras. La IA, basándose en modelos astronómicos, estima que aunque la probabilidad es baja, las consecuencias podrían ser letales si se produjeran. La extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años fue causada por el impacto de un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro, un hecho ampliamente respaldado por la comunidad científica.

En fechas recientes, el asteroide 2024 YR4 llegó a alcanzar una probabilidad de impacto del 3,1 % para el año 2032, lo que lo situó en el nivel 3 de la escala de Torino. Sin embargo, observaciones posteriores han descartado prácticamente cualquier riesgo. Otros objetos, como el asteroide (29075) 1950 DA, presentan una probabilidad remota de impacto en el año 2880.

Actualmente, instituciones como la NASA y la ESA monitorean de forma continua los objetos cercanos a la Tierra (NEOs), y se están desarrollando misiones como DART y Hera para poner a prueba tecnologías de desviación, aunque todavía no existe un sistema de defensa global plenamente operativo.

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