Nuevas pruebas fósiles ponen en duda el dominio del Homo habilis y apuntan al Homo erectus como el gran depredador

homo erectus

La imagen clásica sobre los orígenes de la caza humana acaba de recibir un giro relevante. Durante décadas, el Homo habilis fue presentado como la primera especie en fabricar herramientas líticas y consumir carne de forma regular. Ahora, un trabajo liderado por investigadores con base en el Instituto de Evolución en África (IDEA) y vinculados a la Universidad de Alcalá propone una lectura distinta: su papel en la cima de la cadena trófica pudo ser más limitado de lo que se creía.

El estudio parte del análisis de restos fósiles recuperados en el lecho más antiguo de la Garganta de Olduvai (Tanzania), uno de los escenarios clave para entender los primeros pasos de nuestra especie. Dos especímenes atribuidos a Homo habilis presentan marcas compatibles con mordeduras de leopardos, identificadas mediante modelos de ‘deep learning‘. Esta evidencia sugiere que, en aquel paisaje, los homininos también fueron presa, y que la transición hacia la depredación activa no habría estado liderada por habilis.

Las conclusiones apuntan a Homo erectus como candidato principal para explicar las primeras prácticas de caza y carnicería. La presencia solapada en el tiempo de habilis y erectus —apoyada por hallazgos de los últimos años— abre un debate renovado sobre qué especie impulsó el cambio decisivo de carroñeros vulnerables a cazadores capaces de transformar su entorno. La propuesta no elimina el valor de habilis como fabricante de industrias líticas tempranas, pero sí matiza su lugar en la jerarquía ecológica.

“Sin duda, este descubrimiento ha sido muy relevante para nosotros, ya que nos ha permitido conocer con mayor precisión la relación entre homininos y carnívoros en un momento clave de la evolución humana. Esto es especialmente importante en un lugar donde el registro arqueológico nos está aportando información de gran valor y muy detallada sobre la conducta subsistencia de los grupos humanos que formaron los yacimientos del lecho más antiguo de la Garganta de Olduvai”, explica la investigadora Marina Vegara.

Además del resultado concreto, el trabajo muestra el potencial de combinar técnicas clásicas de tafonomía con herramientas de inteligencia artificial para atribuir de forma más fina las huellas de mordeduras y las dinámicas de competencia por las carcasas. La publicación en Annals of the New York Academy of Sciences avala la relevancia del enfoque metodológico y coloca a los equipos de la UAH e IDEA en la conversación internacional sobre los orígenes de la subsistencia humana.

De confirmarse con nuevas series de datos, esta reinterpretación desplazaría el momento en que nuestros antepasados pasaron de ser, principalmente, presa a depredadores efectivos. Las próximas campañas en Olduvai y otros yacimientos africanos, junto a más análisis cuantitativos de marcas óseas, ayudarán a precisar la cronología de ese salto y a esclarecer qué especies estuvieron realmente detrás del cambio.

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