- El censo preliminar de 2026 del Colectivo Ciconia estima que la colonia local baja de 96 parejas (2025) a unas 64 tras el brote detectado en diciembre.
- La gripe aviar se propaga con más facilidad cuando muchas aves comparten zonas de alimentación y descanso, como ocurre en el entorno de Valdemingómez.
En las últimas semanas, la conversación sobre la fauna urbana en Alcalá ha cambiado de tono. La aparición de cigüeñas muertas, no era un episodio aislado, sino la punta visible de un problema sanitario que llevaba meses recorriendo distintos puntos del entorno metropolitano. El censo preliminar de 2026 elaborado por el Colectivo Ciconia conecta esos hallazgos con un descenso histórico de la colonia reproductora de cigüeña blanca en la ciudad.
Para entender por qué la situación puede tener un efecto tan brusco, conviene empezar por lo básico: la gripe aviar (influenza aviar) es una enfermedad causada por virus de la familia de los influenza A. Circula de forma natural en aves, especialmente en aves acuáticas silvestres, y puede presentarse en distintas variantes. En algunos brotes, el virus se comporta con baja severidad; en otros, los episodios se asocian a una mortalidad elevada en determinadas especies y concentraciones de animales.
La transmisión entre aves suele producirse por contacto directo con secreciones y excreciones (por ejemplo, heces) o por contaminación del entorno que comparten: agua, superficies, suelos donde se alimentan, posaderos o dormideros. De ahí que el riesgo aumente cuando muchas aves coinciden en el mismo lugar durante días o semanas. Y eso ocurre con frecuencia en el invierno, cuando se juntan ejemplares de distintas procedencias para alimentarse o descansar.
En el caso de la cigüeña blanca, ese patrón de concentración se ha vuelto más evidente en las últimas décadas. Parte de la población ya no realiza migraciones tan largas o acorta desplazamientos, y algunas aves utilizan zonas con abundancia de recursos para pasar el invierno. Los vertederos y áreas próximas con disponibilidad de alimento actúan como polos de atracción. Ese “efecto imán” facilita que coincidan cigüeñas de distintos puntos y, si el virus entra en circulación, crea un escenario propicio para que se propague.
Con ese contexto, el Colectivo Ciconia sitúa el episodio que habría impactado en Alcalá en el brote detectado en la primera quincena de diciembre en Perales del Río (Getafe). Aquel foco afectó especialmente a aves que frecuentaban el entorno de Valdemingómez como área de alimentación e invernada. Según los datos difundidos en esos días, se llegaron a contabilizar cientos de cigüeñas muertas en el área del río Manzanares y zonas cercanas, una señal de la magnitud del episodio en aves silvestres.
El vínculo con Alcalá se sostiene, sobre todo, en lo que ocurre después del invierno: cuando llega la época de asentamiento y cría, deberían regresar los adultos que ocupan nidos y territorios. El censo preliminar de 2026, con datos recogidos a mediados de febrero, apunta a un desplome inédito en la serie histórica que el colectivo mantiene desde 1983. La estimación sitúa la colonia en torno a 64 parejas reproductoras, frente a las 96 contabilizadas en 2025: 32 parejas menos, equivalentes a unos 64 adultos.
El seguimiento de aves anilladas añade una pista importante porque permite observar ausencias concretas. En 2025 criaron en la ciudad 49 ejemplares marcados y, en el recuento provisional de 2026, habrían regresado 27. La diferencia —22 aves anilladas que no vuelven a aparecer en la temporada— refuerza la hipótesis de que la mortalidad invernal no se limitó a un punto concreto, sino que afectó a individuos que posteriormente deberían haber formado parte de la colonia local.
Más allá de las cifras, el impacto se entiende por la biología de la especie. La pérdida de adultos durante el invierno no solo reduce el número total: también rompe parejas y deja nidos sin ocupación. Eso significa menos reproducción en el corto plazo y, si el descenso se prolonga, una recuperación más lenta. Por eso el dato relevante no es únicamente cuántos ejemplares se han encontrado muertos, sino cómo queda la colonia cuando llega el momento de criar.
Los resultados definitivos del censo no se conocerán hasta mediados de abril, pero el número de parejas ya asentadas permite anticipar el alcance del golpe. En paralelo, el debate se desplaza hacia las medidas de apoyo y vigilancia. El Colectivo Ciconia ha reclamado mantener operativo el comedero específico para cigüeñas y reforzar el aporte de alimento mientras la población se recupera, una actuación orientada a mejorar la supervivencia y el éxito reproductor de los ejemplares que sí han superado el episodio.
Para la ciudadanía, las recomendaciones sanitarias son claras cuando aparecen aves muertas o con síntomas: no manipular los animales y avisar a los canales habilitados por las administraciones (en la Comunidad de Madrid, el 112 es la vía habitual de comunicación de incidencias). La experiencia del brote de diciembre evidenció, además, que la rapidez en la retirada y la gestión adecuada de los cadáveres es clave para reducir riesgos y evitar que otras aves entren en contacto con el foco.
