- La edición de 2026 reúne a 27 entidades en 37 casetas y refuerza una cita que vuelve a convertir la Plaza de Cervantes en escaparate literario.
- La programación suma autores de referencia, actividades familiares y un libro sobre la Sociedad de Condueños en pleno 175 aniversario de la institución.
Alcalá vuelve a colocar los libros en el centro de la ciudad justo cuando la primavera empieza a llenar de actividad las plazas y las calles del casco histórico. La XLIII Feria del Libro, abierta del 17 de abril al 3 de mayo, recupera ese ambiente reconocible de casetas, paseos entre novedades editoriales y encuentros improvisados entre lectores, autores y libreros, con la Plaza de Cervantes como corazón visible de una cita ya plenamente integrada en el calendario cultural local.
La feria llega además con una dimensión mayor que en ediciones anteriores. En total participan 27 entidades vinculadas al mundo del libro, repartidas en 37 casetas y 110 metros lineales de exposición. Detrás de esas cifras hay once librerías, ocho editoriales, seis asociaciones de escritores, la Editorial de la Universidad de Alcalá y presencia institucional, en una combinación que vuelve a reflejar el peso que mantiene esta cita no solo como espacio de venta, sino también como escaparate del tejido cultural que gira alrededor de la lectura.
Durante 17 días, el recinto y las actividades asociadas a la feria ofrecerán presentaciones, firmas, conversaciones con autores, mesas redondas, propuestas escénicas y actividades pensadas para el público infantil. Esa mezcla entre programación literaria, componente familiar y presencia de autores conocidos es una de las claves que han sostenido el crecimiento de la feria con el paso del tiempo, hasta convertirla en una referencia habitual dentro de la programación cultural de la Comunidad de Madrid en torno al libro.
Entre los nombres más esperados de esta edición figuran María Dueñas, prevista para el 25 de abril; Fernando Savater, que participará el 29; y Julio Llamazares, que estará presente el 30. Junto a ellos aparecen también Andrés Trapiello, Víctor del Árbol y Miguel Ángel Aguilar, en un cartel que reúne perfiles muy distintos, desde la novela contemporánea al ensayo, pasando por el análisis periodístico y la reflexión intelectual. La feria refuerza así una línea ya consolidada: combinar el atractivo de autores ampliamente reconocidos con una programación capaz de atraer a públicos diversos.
Ese cruce de lenguajes se amplía además con la participación de figuras procedentes de otros ámbitos culturales. El cineasta, guionista y académico Manuel Gutiérrez Aragón protagonizará una conversación el 18 de abril, mientras que la historiadora María José Rubio formará parte de un programa que busca abrir la feria a distintos registros, géneros y miradas. A ello se suman cuentacuentos, espectáculos y actividades familiares que mantienen viva una dimensión esencial de esta cita: la de acercar la lectura a los más pequeños y convertir la experiencia del libro en algo compartido.
La edición de 2026 incorpora también LIBROMAD, un nuevo festival impulsado por la Comunidad de Madrid que se celebrará del 23 al 26 de abril. Su inclusión sitúa la feria alcalaína dentro de una programación regional más amplia en torno al Día del Libro y refuerza el encaje de la ciudad en un momento especialmente intenso para librerías, bibliotecas, editoriales y lectores en distintos puntos de la región.
Pero la feria no se limita este año a reunir novedades editoriales, firmas o actividades de animación lectora. También vuelve a abrir una ventana a la memoria local con la publicación de un volumen dedicado a la Sociedad de Condueños, coincidiendo con el 175 aniversario de esta institución histórica. El libro, titulado Los Condueños: la lucha por la defensa de nuestro patrimonio, ha sido escrito por el cronista de la ciudad, Vicente Sánchez Moltó, y se entregará dentro de la iniciativa ‘Libro x libro’ a quienes realicen compras en los puestos de la feria hasta agotar existencias.
La tirada es de 2.000 ejemplares y la elección del tema conecta de forma directa con uno de los episodios más significativos de la historia patrimonial complutense. La Sociedad de Condueños nació en un momento en el que los antiguos edificios universitarios corrían el riesgo de deteriorarse y desaparecer tras el traslado de la Universidad a Madrid en 1836. Frente a esa amenaza, un grupo de vecinos impulsó la compra de la manzana universitaria para preservarla y mantenerla a la espera de un posible regreso de la institución académica.
La operación se cerró en 1850 por 90.000 reales, repartidos en 900 láminas de 100 reales. El modelo elegido tenía una lógica profundamente local: esas participaciones solo podían transferirse entre vecinos de la ciudad y ninguna persona podía reunir más de diez. Así se constituyó legalmente, el 12 de enero de 1851, la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad, una fórmula singular de protección patrimonial que reunió inicialmente a 204 condueños y que permitió conservar un conjunto monumental decisivo para la identidad histórica de Alcalá.
Aquella decisión vecinal acabaría teniendo un alcance mucho mayor que el estrictamente material. La conservación de la manzana universitaria ayudó a mantener intacto un espacio simbólico y arquitectónico clave hasta el regreso de la Universidad en 1977. Hoy, la Sociedad de Condueños sigue siendo propietaria de esos edificios y conserva un valor que va más allá del jurídico: el de representar uno de los gestos más significativos de defensa del patrimonio local protagonizados por la propia ciudadanía.
Ese reconocimiento institucional no es nuevo. La entidad recibió en 2001 la Medalla de Oro de la Ciudad con motivo del 150 aniversario de su creación y, ahora, en pleno 175 aniversario, vuelve a situarse en primer plano coincidiendo con el inicio de los trámites para su declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Patrimonio Inmaterial. Su presencia en la feria aporta así una dimensión histórica a una cita que, año tras año, no solo mira al presente editorial, sino que también encuentra espacio para enlazar literatura, ciudad y memoria.
Con ese equilibrio entre casetas, firmas, autores consagrados, actividades familiares y evocación del pasado local, la Feria del Libro afronta una nueva edición con la intención de mantener el tirón de público de años anteriores. La previsión municipal sitúa la asistencia en torno a las 80.000 personas durante los 17 días de actividad, una cifra que resume bien la escala alcanzada por una cita que hace tiempo dejó de ser solo una feria para convertirse en uno de los grandes rituales culturales de la primavera alcalaína.










